Hace unos días celebramos la Inmaculada Concepción. Y mientras los pintores españoles, Murillo; Zurbarán… representan en sus cuadros unas Vírgenes, cargadas de impacto visual y devocional, el pintor italiano Rafael, pinta, quizás uno de los cuadros más curiosos y cargado de simbolismos de la pintura, es el llamado la «Madonna Sixtina». Una especie de Inmaculada, cargada de dobles lecturas. Los angelotes al pie del mismo, quizás sean una de las figuras más populares y representadas de la pintura clásica.
En este cuadro, se repiten varias veces el número seis. Desde la representación de S. Sixto, pasando por las seis figuras que constituyen el cuadro. Pero, pero lo más curioso, es que si uno se fija en S. Sixto resulta, que tiene seis dedos.
El seis es un número cargado de connotaciones simbólicas, contradictorias, es el número del pecado, pero también el seis es un número particularmente sagrado, que hacía alusión a lo femenino y a lo masculino y simbolizaba el matrimonio como símbolo del amor.

Nada de extrañar que en otro cuadro de Rafael, «Los desposorios de la Virgen» le ponga a S. José seis dedos, en el pie que se adelanta hacia el espectador, porque también es un número que permite estar en contacto con lo divino, y la Creación , porque Dios creó el mundo en seis días, y esto indica que quien posea seis dedos, es un ser cargado de actividad, además una actividad, que le une a Dios. Pero también el seis es un número maldito.
En el Apocalipsis el número seis es el número del pecado,(13 -16-17) «el nombre de la bestia o el número de su nombre. Aquí está la sabiduría. El que tiene entendimiento, deduzca el número de la bestia, porque es número de hombre: su número es seiscientos sesenta y seis.»
En la mayoría de los cuadros de la Inmaculada, la serpiente está bajo los pies de la Virgen, como vencida. No es que llame la atención que Rafael incluya este simbolismo oculto, porque siendo el seis el número de la Bestia, ésta es vencida por la presencia de la Virgen Sixtina.













