El PSOE placentino ha atinado de lleno con la presentación de los Premios “Julio Durán”, porque la memoria es el mejor antídoto contra el revisionismo interesado de la historia o contra su ocultación. Excepcional inicio de un premio que anuncia un largo recorrido.
Julio Durán fue un alcalde socialista desde 1931 a 1934 que fue asesinado por unos facinerosos en 1936, abandonado junto a un arroyo en el término de La Oliva. Referente obrerista en aquellos tiempos, albañil cualificado en el mosaico, de convicciones sólidas, fue un alcalde preocupado por atender las demandas sociales como la vivienda y la sanidad de los más desfavorecidos. La Plaza de Abastos se construyó en 1933 bajo su mandato. Era un hombre autodidacta, pegado siempre a su máquina de escribir. En el acto, la voz trémula pero firme de su hijo Fernando, nos trasladó a la figura de un alcalde al que no le perdonaron sus ideas y sus hechos, y al que la historia de nuestra ciudad le debía un lugar diferenciado.
Era necesario el reconocimiento en este premio a un hombre como Antonio Sánchez Marín, que en su libro “Plasencia en llamas -1931-1939-” , dignifica el nombre de Julio Durán y el de tantos otros a los que debemos honor y gloria. Los derechos nunca fueron regalados; se conquistaron y se conquistan todos los días con nuestra voz, aunque los desmemoriados instiguen con el bozal del miedo. En su libro, emerge un poema de Julia Enciso: “Ecos soterrados en el vertedero del tiempo, sin un espacio para la leyenda, sin un recuerdo, sin una fecha; anónimos pasajeros de tercera nos golpean el aliento: ¿habrá un mañana para ellos?”
Recuerdo la trayectoria de Antonio y de toda su familia porque uno de sus hermanos, Jesús Sánchez Marín, fue mi maestro y desde muy pequeñito nuestras familias fueron construyendo una amistad muy entrañable. Escuchando a Antonio, en su intervención, recordé a Don Feliciano, padre de los Sánchez Marín, maestro y director de la primera misión pedagógica de la II República, que desplegaba un aura de maestro innovador, cuya estrategia pedagógica eran los centros de interés del alumnado. Recuerdo oírle comentar a alguno de sus hijos que la mejor receta para el aprendizaje de los niños se daba a través del corazón.
Cuando yo fui maestro y me hablaban de la pedagogía de los maestros de la república, siempre me asaltaba su imagen de hombre enjuto, con sus gafas redondas, de pasta oscura, amigable sin estridencias y desplegando afectos. De casta le viene al galgo y Antonio, maestro comprometido, lector empedernido, hacedor de la historia con mayúsculas para no desmemoriarnos, al que siempre le digo que somos, porque ellos fueron y siguen siendo.
Hace un par de años, a su edad, nos movilizó a toda una tribu y a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Extremadura -ARMHEX-, para organizar un homenaje a otro alcalde asesinado; Ángel Barrios. Gracias a esa pasión por no perder la memoria, hoy en día el Ayuntamiento de Hervás recuerda a su alcalde y su amplia familia, que emigraron al País Vasco, pueden reencontrarse con el reconocimiento y dignificación de aquellos sucesos.
Trabajos de investigación que nos han regalado tanto Antonio Sánchez Marín como otro de los premiados, Fernando Flores Manzano, que nos dejó una interesante bibliografía de investigación en la que destaco “Guerra Civil y represión en el norte de Extremadura (1936-1939)” o “Historia del movimiento obrero en Plasencia (1868-1936)”. Personas que con rigor académico y estudio nos invitan a fortalecer la memoria que nos sana, no confrontando con nadie. Un camino a la concordia y a la reconciliación basado en no olvidar lo que ocurrió. Por eso, la equidistancia es una trampa que debe evitarse porque nada tiene que ver con valores de tolerancia y ecuanimidad; más bien con la negación de sucesos irrefutables. La concordia es lo opuesto a trocear placas de poemas de Miguel Hernández, o negar el nombre de una calle a ciudadanos y ciudadanas que sufrieron la barbarie.
Enhorabuena al PSOE de Plasencia y un deseo de persistencia en sus futuros premios a hombres y mujeres que no se merecen ser olvidados.












