Las siete plagas de Egipto se quedan cortas. Pandemia, Ucrania, Volcán, Inflación, Gaza, Amnistía y Koldo García. Hemos aprendido muy poco desde Luis Roldan o el hermano de Alfonso Guerra. Esperanza Aguirre con su asesor Angel Carromero tuvo mayor suerte mundana. Toda una fábrica de talentos captados, en su momento, por la élite política. Uno no llegó a terminar el bachillerato, a otro le bastaba un «cafelito» como estrategia de comunicación, y la mano derecha de Almeida, modificaba censos electorales y provocaba conflictos internacionales. Menos mal que Feijóo ya sabe que Pedro Punto Sánchez está a la cabeza de la trama, aunque no supiera quién era Marcial Dorado después de tantos años.
Empaticé con el pronunciamiento de Ábalos, pero me falló cuando anunció que se iba al Grupo Mixto para defenderse. Alguna gente de izquierdas aún no se ha enterado que no es necesario estar investigado para reivindicar el hermoso verbo de dimitir. Hay responsabilidades políticas que se pagan con la dimisión. O qué pensaba, que él era Isabel Ayuso o Esperanza Aguirre…
Claro que no se le puede acusar de enriquecimiento ilícito, pero a un tío tan espabilado como él no le puede durar un asalto, tan solo una ligera mirada morfológica sobre Koldo. Ábalos, con todas las justificaciones que quiera, es responsable «in vigilando» y punto pelota. No solo por ética, sino por estética. El 15-M, nació por algo.
El anuncio del Gobierno de abrir en el Congreso una investigación sobre la contratación en los tiempos del COVID, donde el conjunto de Administraciones se vieron obligadas a asumir operaciones arriesgadas, en más de un sesenta por ciento, puede que sea inevitable. Otra cosa es que no le guste al PP porque le sirva la pena de banquillo del caso Koldo, dirigido contra todo el Gobierno.
Claro que sería bueno una limpieza a fondo de lo que pasó en Madrid, Canarias, Baleares, Galicia, Castilla la Mancha o Andalucía; no para entrar en una carrera por ver qué partido consigue la pena de banquillo sobre el contrario, sino para establecer controles a desalmados «emprendedores» y ennoblecer el espacio público, también restituyendo el honor de los que mediáticamente son acusados, injustamente.
Oír a un caradura como el senador José Antonio Monago, que esa medida sería aplicar el ventilador, es el espejo donde no quieren verse retratados politiquillos como él. Koldo apañaba contratos y comisiones y a él le pagabamos sus vacaciones cada fin de semana en Canarias, y ahí sigue.
Ábalos no es Isabel Ayuso o Esperanza Aguirre. Siete mil doscientas noventa y una actas de defunciones en Madrid es una nadería porque todos nos vamos a morir. En el caso de Aguirre el argumentario es más contundente porque todos tenemos dos ranas en nuestra charca: Ignacio González, Granado, Cifuentes, Güemes, Lamela, López Viejo, Bosch, Martín Vasco y toda una lista de alcaldes como Jesús Sepulveda o Arturo González Panero, ‘El Albondiguilla’ y muchos más.
Sobre todos ellos, los delitos de prevaricación, fraude, cohecho, tráfico de influencias, malversación, blanqueo de capitales, falsedad documental y asociación ilícita. A Aguirre le bastó ante el juez, asegurar que nunca habían sido hombres de su “total confianza”. ¡Cuanta mierda en tantos sitios, estercolada por los mismos!
Pese a este escenario desolador, sigo pensando que todos no son iguales. Seguro que todo sería más sencillo si tras la erótica del poder tuvieran un lugar donde volver. Luis García Montero, en su libro de relatos, «Una forma de resistencia», escribe unas palabras referenciales que deberían servir para cualquier persona, más si cabe para los políticos: «Nunca he comprendido a los viajeros que salen por el mundo sin dejar bien preparada su butaca. Me parecen muy peligrosos los políticos y las políticas que se sientan en un sillón oficial sin dejar en su casa una butaca a la que volver con dignidad. Quien no cuenta con un lugar propio es incapaz de emocionarse de forma sincera al cantar en una plaza».













Sería bello que algunos.politicos desistieran desde su gestación a ser políticos Que bella sería nuestra existencia bajo el mandato de la tecnocracia
Qué pena!!!Malos tiempos para la lírica.Como dijo un antiguo camarada, en otros momentos políticos: Estamos rodeados.
Bravo Miguel. Estoy totalmente de acuerdo con tu opinión, que suscribo.