Tiro de titular tópico para llamar su atención y conseguir al tiempo difundir mi indignación máxima por los acontecimientos de esta semana en lo que al deporte se refiere.
Rubiales entra en acción destapando el frasco de las esencias, pues no contento con tocarse lo …, que no te cuento en el palco de autoridades, en retransmisión en directo para el mundo entero, se permite besar en los labios a una jugadora además de otras licencias inoportunas, si no delictivas.
La Selección Española consigue la Copa del Mundo de Fútbol Femenino de Nueva Zelanda y Australia y los españoles que, en lugar de centrarnos en la celebración, distraídos de nuevo con Rubiales y otra pincelada de su buena educación tildándonos de tontos del culo, gilipollas, estúpidos e imbéciles, a los mismos que le pagamos su humilde sueldecito cercano al millón de euros (que bien pensado, vista la nómina y ademases, algo de razón no le falta).
Espectacular gesta la conseguida por los marchadores españoles en el Campeonato Mundial de Atletismo de Budapest, el extremeño Álvaro Rafael Martín Uriol y la andaluza María Pérez García, campeones por partida doble en veinte y treinta y cinco kilómetros marcha.
Otra vez Rubiales, acompañado por su familia, en la Asamblea de la Real Federación Española de Fútbol y ante sus palmeros repite cinco veces seguidas la ya consabida frase, muy española de: “¡No voy a dimitir!”.
Si yo cobrase lo mismo tampoco dimitiría, mejor esperar a que te despidan y que te paguen el finiquito que seguro sale más a cuenta, a él, porque al resto de los españoles nos suena a fraude, supuesto, siempre supuesto.

La ronda española que comienza en Barcelona con la presencia de las máximas figuras del ciclismo de carretera y la madre que lo parió, a Rubiales, que no tiene mejor idea que ponerse a dieta con permiso celestial y en vez de ir a la afamada clínica Bündchen marbellí, se encierra en la iglesia de La Divina Pastora del motrileño barrio de Capuchinos.
Pero hete aquí que una cuadrilla de bandoleros catalanes, los denominados C. D. R. (“Catetos De la República”), que no se les ocurre otra cosa que atentar contra los esforzados de la Vuelta Ciclista a España. Y de nuevo, la madre de Rubiales que por arte de magia y ayuda divina sale de su encierro eclesiástico por la puerta de atrás abandonando el ayuno voluntario y televisivo.
Y es aquí, precisamente aquí, donde me planto y retomo la indignación inicialmente expuesta. ¡A los ciclistas ni tocarlos! Pero a quién se le ocurre derramar cuatrocientos litros de aceite, y… ¡al precio que está!, previa detonación de un artefacto explosivo. ¿Pero qué ideas son aquellas que precisan de terroristas para imponer sus añejas reivindicaciones?

Porque, teñidas de modernidad, son las mismas de los medievales Condados Catalanes frente al Reino de Aragón, la guerra de los Segadores de mediados del siglo XVII que tuvo como efecto duradero la Paz de los Pirineos, las de la Burguesía textil catalana frente a la competencia de ultramar que nos llevó a la pérdida de las colonias y a la Semana Trágica de Barcelona, hace algo más de un siglo o más recientemente el Referéndum de independencia de Cataluña de uno de octubre de 2017.
Siempre, la clase alta catalana que se sirve de la incultura y de los más bajos instintos de los mediocres rurales para seguir ostentando y disfrutando de sus privilegios españoles, repudiándonos, al tiempo que nos solicitan financiación. Cuatro energúmenos que, apenas han sido detenidos, han salido entre los vítores de sus correligionarios y de los representantes políticos de las clases privilegiadas.
Les dejo que empieza la retransmisión de la etapa de hoy, creo haber escuchado a Perico Delgado dando las: ¡Buenas tardes! Pero… ¡No puede ser!, son las primas Vanesa, Demelza y el tío Juan Rubiales con sus declaraciones de venganza por el despido. ¡Qué familia!, ¡Qué cruz! La serpiente de verano. La serpiente multicolor.












