El día 17 de enero, o sea mañana, se celebra la festividad de San Antón, el patrón de los animales. En esta sociedad actual, en la que los animales de compañía han sustituido el espacio que hasta hace pocos años ocupaban los niños, quizá por muchos motivos, sociológicos, pero sobre todo ideológicos, los animales que más llevarán sus dueños a bendecir serán perros y gatos.
Uno de los ejemplos que pueden reflejar esta moda, es el del nuevo Presidente de Argentina, Javier Milei, que tiene cinco perros «a los que considera sus hijos y a los que ama y considera parte de su familia».
Ese día, habrá mucha gente que llevará a sus perros y gatos a que los bendigan. Pero ¿de dónde proviene el patronazgo de este santo?
Algunos opinan que en 1333, se instalaron en Valencia los Antoninos, ( o Antonianos) y construyeron en las afueras de la ciudad, una ermita y un hospital, y para que los que pasaran tuvieran sombra y pudieran beber, plantaron un olivo e hicieron un pozo. Comenzó a correr la voz, de que el agua era milagrosa, así es que empezaron a acudir a este lugar los labradores y los pastores con sus animales, y se convirtió el 17 de enero, en el día en el que la gente iba a este lugar, daban una vuelta al olivo, bendecían a los animales y les colocaban una ramita del olivo, para que los protegiera. Poco a poco, se convirtió en una tradición que se extendió, a otras partes.

Los animales eran imprescindibles en aquella sociedad agrícola, y ganadera, los caballos y mulas y burros, no sólo permitían labrar los campos y llevar cargas, eran imprescindibles en las comunicaciones, llevando coches de viajeros, o transportando de un sitio a otro, a la gente.
Esta sociedad urbanita actual, ha asumido a los animales de compañía como elementos imprescindibles, en su vida, y s. Antonio ha ampliado de esta manera, a millones de perros, gatos bajo su protección.
¿Y por qué se le representa con un cerdo?
En estos momentos, si preguntamos a algún joven, si sabe, qué droga es el LSD, es posible que nos ponga cara rara y nos diga que debe ser una nueva, porque no le suena, sin embargo, para los que tenemos unos cuantos años, está en nuestra mente, cómo esta era la droga mas popular de los años sesenta y setenta, de efectos alucinógenos, pero, parece, poco adictiva, hizo que alguno pensara que podía volar, y después de tirarse por el balcón, descubrió, si todavía vivía, que lo de volar era cosa de los pájaros y los aviones.

Los seguidores de los Beattles, cantaban el L (ucy) in the S(ky) with D (iamonds), que era la sensación que producía el LSD, el estar en las nubes. Y estas alucinaciones y tentaciones, a las que según se cuenta fue sometido San Antonio Abad en el desierto, han sido una inspiración para todos los pintores, sobre todo a partir del Renacimiento para acá. Dalí en sus “Tentaciones de San Antonio”, por citar un cuadro, que posiblemente hayan visto muchos de los que están leyendo estas líneas, refleja este doble sentido de “misticismo” y paranoia,¿pero por qué tienen relación una cosa y otra?

En un estudio que me encargó una multinacional farmacéutica, sobre el “dolor en el arte”, para la promoción de uno de sus analgésicos y antiinflamatorios, descubrí la existencia histórica de unos monjes llamados Antonitas, cuya labor tenía que ver con las consecuencias de ingerir el “cornezuelo de centeno”, un hongo de color negro que infecta los cereales, rico en diversas sustancias como la “ergotoxina” “ergotamina”, y diversos alcaloides, de los que se extrae el ácido Lisérgico, más habitualmente llamado LSD.
La imagen que tenemos todos de San Antón, es aquella que yo veía en un altar de la parroquia de mi barrio. Un anciano de larga barba, vestido con una capa marrón o negra con capucha, con un bastón en la mano y un cerdo a sus pies.
La Iglesia Católica celebra en el día 17 de enero, su festividad. Normalmente la liturgia establece como fecha para las conmemoraciones de los santos, el “dies natalis”, el del nacimiento para gloria, o sea su muerte, sin embargo el desconocimiento histórico de la fecha exacta de esta, conllevó a fijar para ello, la del traslado de sus reliquias al Delfinado, (Francia), desde Constantinopla en el S. XII tras la caída de esta ciudad en manos de los musulmanes, a una abadía, que años después se hizo célebre bajo el nombre de Saint-Antoine-en-Viennois.
En esas fechas se fundó la Orden de los Caballeros Hospitalarios, los “Antonitas”, ya que se pusieron bajo su advocación. La estética con la que se refleja en los cuadros y estatuas a S. Antonio, es la de los hábitos de estos monjes, sobre los que se coloca la cruz egipcia, la T. Por lo que me resulta curioso que en el retablo que Matías Grünewald pintó para los Antonitas, este Jesucristo, uno de los más impresionantes de todos los que conozco, no estuviera crucificado en una cruz en forma de T.

Ya que el pueblo pensaba que la cólera divina, por la maldad del hombre, era la que traía las enfermedades y las epidemias, los pintores colocaban en los condenados en el infierno, todos los estigmas de las enfermedades habituales, y en las «Tentaciones de S. Antonio» son personajes atacados por el «Fuego de S. Antonio».
Una enfermedad, que no era sino la consecuencia de la ingestión del cornezuelo de centeno, que infecta a los cereales y que era cosechado y consumido conjuntamente con estos. La ingestión de tal hongo, que contiene ergotamina,( del nombre francés del cornezuelo «ergot»)» cuya sustancia tiene la propiedad de contraer las fibras musculares lisas y las arteriolas, con la consecuencia de robo de flujo sanguíneo en las zonas distales (manos y pies) y posterior gangrena. Pero estas sustancias también tienen propiedades alucinógenas y hacían ver a los afectados, visiones. Cuentan los hagiógrafos, que S. Antonio fue tentado por extrañas y alucinatorias apariciones, de ahí que esta enfermedad, basándose en esta circunstancia, acabara tomando el nombre del santo, “fuego de San Antonio”.
Matías Grünewald, realiza precisamente para los Antonitas (monjes de s. Antonio) de Isemheim un retablo, del que destaca el imponente Calvario.

Este pintor del S. XVI, alejado de la serenidad y frialdad clásica de los Cristos renacentistas, pinta un Crucificado «acribillado» por heridas diminutas y variadas entre las que no faltan equimosis, (los moratones) la mueca de la agonía plasmada en su cara, la enorme corona de espinas, los pies verduzcos y retorcidos como hace con las manos… todo esto contribuye a dar a esta obra su pathos trágico y original».
Pero Matías es un transgresor y los enfermos que acudían hospital de los Antonitas a curarse de sus enfermedades físicas, como otros pintores, personalizaban a los demonios con las mismas heridas producidas por esta enfermedades, como castigo por sus pecados, él tomándose una pequeña venganza, para rechazar esta idea, hace padecer al Cristo las mismas lesiones que padecían los enfermos, para indicar que no eran producto del pecado, sino por otros motivos.

En cuadros, como el del Maestro de la Verónica, del s. XV (cuando un autor es anónimo y se desconoce su vida, siempre se le identifica con su obra más habitual)el santo aparece bendiciendo a toda clase de animales, burros, gallinas, ovejas etc. lo que indica que esta idea, si había nacido en Valencia, en los inicios del XIV, ya se había popularizado
La imagen del santo con un cerdo a su vera, como aparece casi siempre, puede tener orígenes diversos, unos afirman que se debe a la costumbre de los Antoninos, (o Antonitas, como les llaman otros), de dejar los cerdos sueltos por la calle para que los alimentara la gente. Su carne, se destinaba a los hospitales o se vendía para recaudar dinero dedicado a sufragar la atención de los enfermos.
Es posible, pero esta era una costumbre no sólo de los Antonitas, sino de muchísima gente. Con frecuencia, se encuentra en muchas ordenanzas municipales, la petición, ante la llegada de algún personaje importante a la ciudad o pueblo, de que guarden los animales en los corrales y adecenten las calles. Todavía hasta los años sesenta, en algunos pueblos, los cerdos constituían el “reciclador natural de basuras” de muchas casas, aunque ya no circularan por las calles.
Lo curioso del caso, es que algunos enfermos se curaban precisamente por la ingestión de la carne del cerdo, y su grasa, que distribuían sobre las heridas, pero sobre todo, al disminuir la cantidad de pan y derivados de los cereales que estaba infectados por el cornezuelo de centeno, y que se iba eliminando, Existe también la leyenda, que cuenta que en una ocasión se le acercó una jabalina con sus jabatos (que estaban ciegos), en actitud de súplica. Antonio curó la ceguera de los animales, y desde entonces la madre no se separó de él y le defendió de cualquier alimaña que se le acercara.

Muy pocos pintores se han escapado de representarlo. Desde el extremeño Zurbarán, que pintó un “San Antonio Abad” para el Hospital mercedario, cuya Orden criaba también cerdos, para el tratamiento del “Fuego de san Antonio”. Hasta uno de los escasos cuadros religiosos que pintó Velázquez en su vida, y en el que narra, cómo San Antonio creyendo que él era el primer anacoreta, oyó en sueños una voz, que le dijo, que había otro más antiguo que él. Así pues fue a visitarlo. El cuadro narra, como cuando ambos están hablando, un cuervo le trae a San Pablo la hogaza de pan diaria, la leyenda dice, que aquel día le trajo dos, pero quizás este detalle se le escapó a D. Diego Velázquez. El resto nos cuenta, cómo muere San Pablo y es enterrado por San Antonio con la ayuda de unos leones.
Más llamativo es el de Matías Grünewald, mostrando a un enfermo con las marcas del “fuego de San Antonio”, mientras este, con un bastón en forma de T, resiste el ataque de otros los demonios.
Ya me imagino que a este paso, acabarán poniendo las nuevas imágenes de San Antonio rodeado de perros y gatos, que no tendrán nada que ver con la tradición, pero es lo que lo hace popular actualmente.
L(OADO) S(EA) D(IOS)












