Una de las miles de noticias que pasó desapercibida en el día de ayer fue el 76 cumpleaños de Paulo Coelho.
Este señor está casado con Christina Oiticia, una artista a la que le da por pintar cuadros y después enterrarlos para cuando pasa un año, desenterrarlos. Lo hizo en el Amazonas y después en la Facultade de Historia de la Universidade de Santiago de Compostela o en Monte do Gozo, también en Galicia. Según ella, quedan muy bonitos pegoteados de tierra, polvo, barro, insectos y hojas resecas. Tal vez esos cuadros tengan más valor que cualquiera de los libros de su marido, un escritor que lleva vendidos más de 320 millones de libros. E incluso hay gente que los lee.
Imagino a Coelho saliendo del retrete diciéndole a su señora esposa: “Se me acaba de ocurrir que las dos pruebas más difíciles en el camino espiritual son: la paciencia para esperar el momento correcto y el valor de no decepcionarnos con lo que nos encontremos. Acércame un boli para que lo anote en este trozo de papel higiénico que no he utilizado”.
O después de llegar de la boda de un amigo en la que al final hubo barra libre, escuchar a Coelho decir a su sufrida esposa: “El secreto de la vida, sin embargo, es caer siete veces y levantarse ocho.” Y diciéndole la mujer: “Anda, ayúdame a desenterrar este cuadro titulado lamoñoña y luego me dices cuántos cubatas te bebiste anoche”.
O intentado sacarse el carnet de conducir por quinta vez y decirle a su mujer mientras ven por la tele al Arguiñano brasileño, que había discutido con el conductor de autoescuela, pero que había zanjado la discusión diciéndole: “Todo el mundo parece tener una idea clara de cómo otras personas deben conducir sus vidas, pero ninguno sobre cómo hacerlo con la suya propia.”
O saliendo del cardiólogo diciéndole a su resignada esposa: “Mira lo que me ha dicho el médico: Nunca podrás escapar de tu corazón, así que es mejor que escuches lo que quiere decirte. Qué cosas tiene, si es caro es por algo.»
Y también imagino a su esposa buscando rincones de su jardín para seguir enterrando sus obras de arte mientras le dice a él: “Apunta otra de esas frases tuyas: Puedo elegir entre ser una víctima del mundo o un aventurero en busca del tesoro. Es todo una cuestión de cómo veo mi vida. Esta seguro que hasta sale en Facebook”.
Dura vida la de las esposas de los afamados escritores.
Coelho y Oiticia -mujer silenciada, como tantas- llevan 43 años casados. Que se dice pronto.
Fin.












