En los setenta del pasado siglo, Jaimito era el héroe infantil. Recién llegaban “Los Payasos de la Tele” (Gabi, Fofó, Miliki y Fofito), con su humor blanco y con moralina incluida, los niños nos maliciábamos con los chistes de Jaimito, más pícaro y desvergonzado.
Recuerdo aquel que avisaba que atacaban los indios. Al preguntar uno: “¿cuántos?”. Otro respondía con total exactitud: “mil tres”. El primero dudaba del cálculo certero y el segundo remataba: ”he llegado a contar a los tres primeros y detrás vendrán unos mil”.

Pues entiendo que igual ocurre con las grullas. No me negarán que hay que tener jeta y ser caradura para declarar que el número de estas aves que han pasado este invierno en España es de 183.084 ejemplares. Sí, exactamente 183.084, no 183.083 ni 183.085.
¡Qué arte! Cuánto inteligente viviendo del cuento, cuánta estadística inútil e incierta. Cuánta buena fe y qué falta de pragmática política. Pero regresando a lo mollar del artículo de hoy; ¡Cuánta belleza! Qué magnífico espectáculo el de este preludio de la primavera anunciado por el inicio de la migración de nuestras grullas.
Ya quisieran en Nueva Orleans contar con virtuosas como las nuestras. Con permiso de Louis Daniel Armstrong, figura carismática e innovadora del Jazz de Luisiana. Maravillosa tráquea en forma de doble bucle, protegida por el esternón que hace las veces de caja de resonancia. A las de las grullas me refiero, que a don Louis le era imprescindible su trompeta.

Y como tantos artistas musicales, viviendo de lo que otros les damos. En el caso de las grullas extremeñas, los agricultores y ganaderos son los mecenas humildes y generosos. A cambio de su música y observar el rojo sanguíneo de su píleo, apenas unas bellotas y daños en las sementeras, que entendemos como necesarios con tal de disfrutar de su arte.
No necesitamos “cuentagrullas” ni cuentacuentos que, a bordo de los todoterrenos y con prismáticos, vengan a molestarlas y a molestarnos. Ocurre igual que con los “cuentabuitres” que, con tal de seguir cobrando sus estudios y subvenciones ecologistas que no ecológicas, no dejan de inventar. Nunca hemos tenido más individuos ni más gorditos que en la actualidad.

Bien es cierto que para llegar a estas certezas y conclusiones hay que ensuciar un poquito los bajos de los cuatro por cuatro y desplazarse a las dehesas. Aventureros habrá que se arriesguen incluso a abandonar por un momento la compañía y descender del automóvil, aún a riesgo de mancharse las suelas de las botas.
En cualquier caso, buen viaje compañeras y mejores vientos hasta el Báltico. Ojalá la escasa alimentación de este año os sea suficiente para anidar y procrear. Y como extremeños y emigrantes que somos, aquí os esperaremos como siempre, para cuando el próximo otoño regreséis de vuestra migración. ¡Bendita naturaleza!












