El otro día me pidieron que opinara sobre la «ley del sí es sí». Se extrañaron de que dijera que no puedo opinar porque no la he leído. Es más no sé ni como se llama. Ni la fecha en la que la publicaron en el B.O.E.
Lo bueno de internet es que uno -sabiendo buscar o indagando en muchos y variados portales- puede encontrar lo que busca.
Navegando llegué a las puertas de un abogado que comenta entre otras cuestiones, que la llamada ley del “sí es sí”, cuyo nombre exacto es “Ley Orgánica 10/2022, de 6 de septiembre, de garantía integral de la libertad sexual” (que ocupa sesenta y seis páginas) modifica el Código Penal del año 1995“, aunque quizás no tanto como aseguran sus críticos”, añade.
El abogado habla del consentimiento y de que “con esta nueva ley, los actos sexuales no consentidos pasarán a ser delito. Es la aplicación del famoso principio del “sólo sí es sí”. Pero, en realidad, esto no supone ninguna novedad, ya que los actos sexuales forzados se consideran delito en España desde la aprobación del primer Código Penal, allá por 1822”.
Estoy seguro de que todas las personas que opinan sobre dicha ley del “sí es sí” -todas, insisto- han leído, cotejado, entendido, estudiado y confrontado sus 61 artículos y 25 disposiciones finales. Y por supuesto los códigos penales de 1995 y de 1822.
En la televisión insisten mucho en que esta ley reduce la pena a los agresores.
Otro sitio de internet que visito de vez en cuando es el INE (Instituto Nacional de Estadística).
Según las “Notas de Prensa” del INE de septiembre de 2022, en 2021 el número de adultos condenados por delitos sexuales fue de 3.196 y el de menores 439, que suman un total de 3.695, es decir, 3.965 personas agredidas. Aquí es donde hay que poner el foco. Y no se suele hacer.
De entre los miles y miles de casos de delitos sexuales (3.695 son solo en 2021) según los medios de comunicación 42 de ellos han sido modificados, favoreciéndose de esa ley llamada “sí es sí”.
Todos y cada uno de esos 42 «favorecimientos» (por ahora, parece ser) son «sangrantes», que se lo pregunten a las víctimas.
Solo me queda preguntarme ¿Qué se hace en España para que no ocurran tantas agresiones sexuales? ¿Qué proponen los políticos de todas las formaciones? ¿Es básica la Ley de Educación? ¿Sabemos qué es la ética y la moral? ¿Por qué la violencia sexual casi siempre es contra mujeres? ¿Leer las leyes sirve de algo? ¿Comprender?
No tengo ni idea de nada. Me sobran las preguntas. Por eso quedo indefenso cuando me preguntan por una ley que no he leído en profundidad y que tal vez solo me sirva para intentar comprender la condición humana.
Actualmente en España hay unas cien mil leyes en vigor. ¿De quién fiarnos? ¿Todo es relativo? ¿Hay que leerlo todo, la Constitución, la Ley Orgánica 10/2022, de 6 de septiembre, de garantía integral de la libertad sexual, la Biblia, el Quijote, las cien mil leyes? ¿Cuándo? ¿Para qué? ¿Afecta leer o no leer a nuestro equilibrio, nuestro bolsillo a nuestra vida, a la insoportable levedad del ser de Kundera? Son tantas las preguntas…
Dice el INE que en 2021 se impusieron 789.329 penas en sentencias firmes dictadas e inscritas en el Registro, un 33,1% más que en 2020 (y un 2,6% más que en 2019). 3.695 por delitos sexuales. Cuánto trabajo desplegado por los dos mil y pico empleados (jueces, secretarios judiciales, administrativos, auxiliares, conserjes, médicos forenses…) que hay en el Ministerio de Justicia diseminados por toda España.
No, no sé opinar sobre la ley del sí es sí. No sabría ni convencerme a mí mismo.












