Tan sólo hay un llanto que me provoca más alarma que el de un bebé, incluso más que el de una mujer, es el de una persona mayor. En cualquier caso, no es un reflejo voluntario, es sin duda instintivo, rápido y automático. Es por ello ajeno a mi cerebro, sin intervención de mi corteza cerebral y ajeno a la consciencia y, por tanto, a mi voluntad.
Y es que, al contrario que ocurre con las acciones involuntarias que son aquellas que se dan por fuerza, o que se dan por ignorancia de ciertas circunstancias particulares relacionadas con la acción y que una vez se reconocen dan lugar al arrepentimiento, en el caso del llanto no ha lugar arrepentimiento alguno. Acción versus reacción y ¡ya!

Se me parte el alma cuando escucho la declaración de don Mariano Turégano García, “ochentañal” que se decía cuando él nació, anciano de 82 años y residente en la ya desgraciadamente famosa residencia de “Moscatelares” en San Sebastián de los Reyes, de la paradisíaca Madrid. Residencia híbrida y regida por el principio dictatorial oligárquico y ahora neoliberal, privatización de beneficios y socialización de las pérdidas.
Investido de la dignidad propia de su edad, educado, emocionado e indignado, con gorrilla azul y su mascarilla blanca preventiva, a media asta. Comienza su alocución, en el Excelentísimo Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes, que versa sobre lo que hemos pasado y lo que estamos pasando (a los ancianos residentes se refiere).
“Actualmente no hay aire acondicionado en los dormitorios ni en las zonas comunes. Ha habido deshidrataciones de personas mayores. La comida es tan deleznable que estamos horas sin comer”. Se queja de la escasez y de la calidad de la mala comida, mal gestionada y mal cocinada. “¡Es que es todo!”, resume.
La respuesta del pleno fue unánime… ¡Aplausos! Pero don Mariano, que ya tiene una edad, los considera insuficientes. Incluso algún concejal se compromete a escribir y registrar un documento y el anciano, recuperado del disgusto, ironiza: “tengan cuidado que está lloviendo, a ver si se va a mojar el papel”.
La Comunidad de Madrid mira para otro lado (bajando impuestos y los ancianos a cuarenta grados y sin comer). ¡Esto es Jauja! Y hete aquí que aparece la ocurrente y graciosa de turno, en este caso la consejera de Familia, Juventud y Política Social de la idílica Comunidad Autónoma de Madrid, María Concepción Dancausa Treviño, y sin rubor manifiesta que allí no ha habido irregularidades porque, y aquí viene lo bueno, no hace mucho que hubo una inspección y en al acta no se recogen tales incidencias.
Y pensar que esta señora es licenciada en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid, compañera de curso y amiga personal de Ana Botella Serrano, funcionaria de carrera desde el 8 de agosto de 1977, que pertenece al Cuerpo de letrados de la Administración Institucional de Servicios Socioprofesionales. Es decir, la antigua Organización Sindical franquista. (Fuente: “El plural”, 20 de mayo de 2016).
Además, fue la presidenta de la Asamblea de Madrid y delegada del Gobierno. Mente tan preclara debería estar inmersa en la resolución del conflicto entre ambas Coreas. Seguramente la invasión de Ucrania se le quede corta. (¡Gloria a los Héroes!).
Recuerdo ahora una estadística del Gobierno de la República Árabe de Egipto, que estimaba en cero el número de robos en esa nación, debido a que era un precepto de obligado cumplimiento en el libro sagrado. ¡Y ya está!

Hoy escucho a don Tomás Plaza, quien se trasladó en octubre de 2021, a la residencia pública “Peñuelas”, ubicada en el distrito de Arganzuela de la maravillosa Madrid, para cuidar él mismo de su mujer, quien argumenta: “Yo estoy teóricamente bien, la que está inútil es mi mujer. Tiene Párkinson, está operada de la cadera, de todo… es superdependiente. Yo me vine a la residencia por ella”. Además continúa: “¡somos personas, no trastos!”.
Don Tomás Plaza, ha roto a llorar en el pleno de la Asamblea de Madrid, donde una diputada ha contado su caso. Por todo ello ha sido, presuntamente, siempre presuntamente apercibido, amonestado, reñido e incluso amenazado con la expulsión si se vuelve a quejar. Su solicitud es efectivamente escatológica y de mal gusto. ¡Mi mujer está llena de caca hasta la nariz!, durante más de una hora y no hay quien la atienda.
¡Qué ordinariez! ¿Cómo osa, molestar al irresponsable de Atención al Mayor de Madrid?, Juan José García Ferrer, licenciado y doctor en Derecho por la Universidad de Alcalá de Henares, con dos másteres por lo menos, quien presuntamente, siempre presuntamente, amenaza con expulsarle por “conductas de grave violencia” (nótese que este señor, el anciano, tiene 82 años de edad).
Y es que a quién se le ocurre expresar públicamente: “creía que una residencia de ancianos era para personas que habían trabajado toda su vida, que habían cotizado y que iba a ser nuestro paraíso final” y concluía, “¡Será nuestro cementerio, puñeta!”. ¡Ay! Don Tomás, a ver si no ha entendido bien, que las aspiraciones de según quienes es la de un paraíso fiscal y no las que usted apunta como paraíso final.
Que García Ferrer hable con la Dancausa, no sea que haya habido alguna inspección recientemente y ahí, exactamente ahí, con el papelito por triplicado del acta funcionarial, se pueden imaginar lo que ambos pueden hacer. ¡Dios quiera que nunca tengáis la necesidad de ir a una residencia de mayores, en calidad de residentes!












