Alfredo Moreno llevaba razón. Miryam Conejero llevaba razón. Miguel Coque llevaba razón. Julián Gutierrez llevaba razón. Diario de Plasencia llevaba razón… pero, ¿cómo no van a salir ardiendo los autobuses en pleno centro –en la Avenida Alfonso VIII– si tienen más de un millón doscientos cincuenta mil kilómetros? Ahora, el fantoche del concejal de Interior del Ayuntamiento de Plasencia, David Dónega, dice que la situación es insostenible y adelanta, como solución, los autobuses de segunda o tercera mano de la EMT de Madrid y de otros ayuntamientos de la geografía nacional que quieran desprenderse de chatarra varia. Eso sí, los placentinos estrenando autobuses que se caen a trozos y que son una vergüenza para nuestra ciudad.
Se denuncia que hay autobuses que llevan, al menos, medio año sin pasar la Inspección Técnica de Vehículos (ITV) y se escribe, sin ningún pudor, que el gerente de la Cooperativa Los Arcos desconocía este hecho. Pues valiente gerencia está desarrollando este pobre hombre. El fantoche de Dóniga ha puesto la cara para que se la partamos a él y no a su jefe, el sátrapa Fernando Pizarro, que aparece y desaparece como su coche o el coche fantasma según pueda estacionar en el Rincón de Clavero. Fernando Pizarro debería presentar la dimisión ahora mismo pero es tontería pedirle que haga un gesto tan importante a una persona narcisista y hedonista, que únicamente abre la página web municipal para ver si su jefa de Comunicación ha cambiado su fotografía.
No podemos olvidar en estos momentos la denuncia del PSOE el pasado año cuando se desvelaba que Pizarro y el PP desviaban más de un millón de euros de Europa para la compra de autobuses eléctricos y lo destinaban al arreglo –chapuza– del camino del cementerio judío. Para vergüenza del portavoz del PP y concejal de Urbanismo, señor Hernández, la medida tomada por el equipo de gobierno ha sido un fracaso total.
Alfredo Moreno, portavoz municipal socialista y secretario general de la Agrupación Socialista de Plasencia, se ha quedado sin saliva en la boca de denunciar la situación de los autobuses urbanos, amén de solicitar la municipalización del servicio, para garantizar los horarios, las paradas y, lo más importante, la salud de los viajeros. No fue plato de gusto el pasado viernes que el vehículo saliese ardiendo.
Los placentinos votaron a Fernando Pizarro hace casi un año y así llevan trece años. Este chamán envuelve a todo el que habla con él y no tiene ningún empacho en mentir para conseguir perpetuarse en el poder. Pronto hará dos años que perdió hasta la cartera ante la presidenta de la Junta de Extremadura, María Guardiola, quien preside un gobierno al que enorgullece donar cuarenta ordenadores usados del Área de Salud de Plasencia a Etiopía, usados ¡eh!, y lo anuncian a bombo y platillo y tan tranquilos.
Pero claro, según leímos hace unas semanas, el alcalde de Plasencia aseguraba que ya no hay stock de autobuses nuevos y por esta razón tenían que depender de los vehículos de segunda mano de Madrid y otras ciudades. Claro y en botella. Sin despeinarse. Es increíble que a estas alturas de la película, un alcalde venga con este cuento, cuando tenía dinero disponible para comprar los nuevos en el bolsillo y lo destinó a una obra que no era prioritaria. No queremos pensar que aquí alguien se lleve comisión por favores varios.
Muy a nuestro pesar llevábamos razón y la razón sólo tiene un camino: la verdad, cualidad que, desgraciadamente, no practican ni Dóniga, ni Hernández, ni Pizarro, ni nadie de su equipo de gobierno. La mentira gobierna Plasencia y así arden autobuses y la propia fachada del Ayuntamiento.













Nunca más alcaldes como el sr. Pizarro, exento de capacidades para el Buen Gobierno.
Totalmente. Este alcalde no se entera, o no se quiere enterar de cómo está la ciudad. Se piensan que con parchear cuatro baches ya arreglan los problemas. Los autobuses, como los trenes, una mierda, lo que no quieren otras comunidades, hala, Para Extremadura!! Que pena de Plasencia…
A mi personalmente me gusta llamarle Concejal moñiga, concejal Badoo o concejal perico el de los palotes. Digo del fantoche trasnochado.