Acostumbrados como estábamos a la fuerza y contundencia del discurso del presidente Juan Carlos Rodríguez Ibarra, terror de cristaleros políticos, su sucesor al frente de la Secretaría General del PSOE en Extremadura y, por ende, al frente de la Presidencia de la Junta, se nos antojaba flojito.
Muy educado, muy cariñoso y muy flojito, apenas decidió salirse de la sombra que le cobijaba. Es común en nuestra cultura política ese afán por “matar” al padre que, en no pocos casos, conlleva la modificación de principios y valores en aras a la reafirmación del liderazgo y de una supuesta independencia.
En mayo de 2011, en los comicios electorales de las Autonómicas, la lista más votada fue la del Partido Popular, encabezada por el andarín José Antonio Monago Terraza. Se rompía por primera vez en nuestra región la hegemonía del Partido Socialista Obrero Español.
En ese aciago verano, empezamos a disfrutar del cambio prometido. Aún quedaban carteles electorales con el lema popular: “Lo primero el empleo” y a ello se dedicó, en cuerpo y alma, el nuevo equipo surgido de las urnas, simultaneando los cargos públicos y la actividad privada con una desfachatez rayana en el descaro. Logrando, gracias a su falta de exclusividad, elevar el paro en Extremadura a niveles nunca antes registrados.
Más preocupados por las formas que por el fondo, su obsesión fue el cambio absurdo y festivo asesorados por el gurú juvenil de moda, tan apreciado inicialmente como denostado al fin. De modo que… la derecha a la izquierda del hemiciclo, la izquierda donde quede espacio, rescatando desde ese primer instante el lema ya olvidado de: “ordeno y mando”.
Ahora como entonces, “festuqui” en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida, que para algo lo dirige y gestiona Trinidad Nogales Basarrate, tras la jubilación de su querido José María Álvarez Martínez, quien al igual que éste entiende que lejos de ser un espacio exclusivo, histórico y cultural, además ha de ser la ubicación, idónea y fresquita, para solaz veraniego o recreo popular… del Partido Popular e invitados.
Fundamental entonces, la sustitución del dominio “Juntaex” por el más glamuroso “Gobex”, ¡dónde va a parar!, que tantos beneficios trajo a la ciudadanía, especialmente a los informáticos agraciados con la prebenda. A ello le siguió la negativa a declarar el patrimonio e ingresos por parte de buena parte de los electos, encabezados por el propio líder popular, contraviniendo su obligación.
En este mayo actual, en los recientes comicios a la Asamblea de la Junta de Extremadura, el tablero político resultante es diferente, rotundamente diferente. La lideresa de Unidas por Extremadura, Irene de Miguel Pérez, no ha tenido la necesidad de pactar con el Partido Popular. A diferencia de su camarada Pedro Escobar Muñoz, líder de Izquierda Unida, del que nunca más se supo una vez consumada y cobrada su proeza.

Y vuelta a empezar, cambio de sillones y ubicación en el hemiciclo emeritense, tan oportuno como necesario, era un clamor en las calles extremeñas. A renglón seguido la coalición gobernante decide entrar en una “guerra de guerrillas” de declaraciones y manifestaciones con la oposición para ver quien cierra las intervenciones. Ajenos como están de que, además de a ellos mismos, a nadie más le interesa el protocolo parlamentario.
Por fin la decisión urgente y definitiva que ha de mejorar el funcionamiento de las instituciones regionales y las vidas de los extremeños: los designados como altos cargos, esos centenares de abnegados servidores públicos, con un sueldo público cercano a los 60.000 euritos o más, que no tienen tiempo que perder y han salido en tropel a desempeñar sus funciones, anticipándose incluso a su nombramiento.
Primordial la modificación del Estatuto del Cargo Público, a petición del Partido Popular y el apoyo incondicional de su socio VOX. Pareciera que alguno tuviera prisas, urgido por la necesidad y con la mente puesta más en su ansiado e idílico Madrid que en Mérida.
El objetivo es eliminar las comparecencias de los todavía desconocidos altos cargos de la recién elegida y muy transparente Junta. Con la excusa pueril de, según los socios de Gobierno, agilizar la conformación plena del Gobierno de Extremadura.
Por supuesto, de la reforma del reglamento de la Cámara propuesta por Unidas por Extremadura para que el mes de agosto sea hábil, nada de nada. Faltaría más, apenas empezamos y ya de vacaciones, ¡vaya chollo! Y cobrando desde el primer día. Por contra, en la empresa privada habría que completar el primer año laboral para poder disfrutar de este derecho.
Es por ello, sólo por ello y por ningún otro motivo, que ambos partidos al unísono, consideran innecesario e incluso una pérdida de tiempo el pasarse por la Asamblea a exponer los objetivos de sus recién adjudicadas responsabilidades. Tal y como si de un Parlamento democrático se tratase.
De ningún modo, tal y como se comenta en la capital, es porque aún no hayan sido capaces de completar el cuadro directivo o menos aún que, obligados por la premura de tiempo, se hayan visto obligados a realizar incorporaciones mediocres en lo que a gestión pública e incluso privada se refiere.
Por supuesto tampoco ha de ser cierto que la recientemente nombrada Consejera de Agricultura y otras cuestiones, no desgajadas por VOX, haya estado en la mañana del jueves día 27 de julio buscando, despacho por despacho, quien quiera asumir según qué responsabilidades en las diferentes jefaturas de servicios, acompañada de la simpática Marta, su jefa de Gabinete.
Al tiempo que su “amigui”, la Consejera de Gestión Forestal y Mundo Rural (y nos quedamos cortos), María del Camino Limia Santiago, por su parte, hacía lo propio en las mismas instalaciones, en una disputadísima y esperpéntica carrera de velocidad a la búsqueda de los escasos incautos que aún van quedando entre el funcionariado de esta Consejería y que no se encuentran de vacaciones. ¡Mal empezamos!












