Iba a empezar escribiendo del decoro en el vestir y de las apariencias de cada cual, que es un asunto que alguien sacó al principio de la moción de censura y me he acordado de las circunstancias de cada uno y, otra vez, del futbolista “Chimy” Ávila.
En una entrevista que le hacen en la revista “Panenka” del mes pasado, cuenta lo dura que fue su infancia en un barrio -Empalme Graneros (Rosario, Argentina)- en donde conseguir un arma era y es tan fácil como comprar chuches.
Allí el futbolista fue albañil, pintor y recogedor y vendedor de cartones. Cuenta por qué lleva tatuado el cuello y la espalda, algo que aquí puede parecer muy “macarra”: en recuerdo por el asesinato de su cuñado de veinte años y de la mujer y de la hija (de un año). Ahí lo explica todo. Por eso, es bueno conocer por qué cada cual tiene “las pintas” que tiene, pero esto no tiene nada que ver con la moción de censura.
De Ramón Tamames solo tengo un libro: “Un proyecto de Constitución española”. Es de 1977. En la contraportada aparece el autor junto a otros dirigentes del PCE en un mitin.
Por lo que leo en ese libro y escuché ayer, parecen dos personas diferentes. En 1977 dice que escribe ese libro porque lo que le preocupa es “cómo oponer a la oligarquía y al neofranquismo en ciernes una alternativa.” En el libro, además, transcribe página a página la Constitución de 1931, “la única carta magna que todavía hoy -en 1977- tiene sentido considerar como antecedente de la que vendrá”.
Yo eso lo conocía, por lo que me extrañó mucho que dijera ayer (cuarenta y tantos años después) que la guerra civil empezó en 1934 o que el culpable del inicio fue Largo Caballero al que llamó o llamaban “el Lenin español”.
No es momento ni sitio para debatir tal asunto si no nos queremos desviar la atención de lo que me ha traído hasta aquí: la inocua moción de censura que casi solo ha servido para poner en entredicho el prestigio de Ramón Tamames con un currículum como economista (ojo, conozco a personas que no ejercen la abogacía desde hace treinta años y saben y reconocen que no están al día, que lo fueron, pero que ya no son abogados…) e intelectual en esa materia como pocos en España a pesar de que, conociendo sus antecedentes, lleve tiempo “dejando mucho que desear”.
Pero volvamos a la moción de censura. Cada periódico que leo, como siempre, arrima el ascua a su sardina, es decir, “dirige las cosas en provecho propio”, por lo que no son muy de fiar. Es una pena, pero no están en favor de la verdad contrastada, sino de quienes les pagan, algo lógico y normal en 2023.
He escuchado (en Youtube está todo) a Tamames, un rato a Pedro Sánchez, bastante tiempo a Yolanda Díaz que es quién empezó a humillar -con datos- al candidato Ramón Tamames en esa especie de presentación que hizo -Yolanda Díaz- de “Sumar”. Habló mucho y bien de la Constitución española de 1978.
Luego escuché de casualidad a Gabriel Rufián. Muy duro y directo. Pensé que Tamames se pondría a llorar escuchándolo. En serio. Aunque luego me pareció que Tamames no parecía darse por aludido, él ya había cumplido con su misión: había hablado de él, por ejemplo de cuando en mil novecientos cincuenta y tantos estuvo en la cárcel de Carabanchel junto a Sánchez-Dragó (que es quién lo propuso a candidato a la moción de censura) y de otros muchos logros.
Cuando Rufián (que suele caer muy mal porque es el rostro más visible -más que otros- del independentismo catalán) empezó a comparar lo que ha hecho el gobierno a favor de la gente humilde que coincide (según él) con todo a lo que se ha opuesto VOX, remató la jugada diciendo:
-«Tamames (un señor muy leído y con muchas ganas de salir en la tele) ha hablado de la mano de los hijos y nietos de quienes le encarcelaron. Eso no es reconciliación, eso es rendición».
Ya no vi mucho más de la moción de censura. A la mayoría de la población le interesan cuestiones más acuciantes y cercanas (de eso también habla el odiado Rufián) que una moción de censura de la que ya se sabía quién iba a ganar al final: Todos. Como siempre.
Moción de censura tercera y última parte
El día de la moción de censura estaba terminando de leer una novela histórica de Peter Ackroyd que transcurre en el Londres de 1881. Se titula “Dan Leno, el Golem y el Music Hall”. Al final del libro aparece una frase que, aunque no tenga mucha relación, me sirve para adornar qué puede significar para mí la moción de censura:
“No es que los seres humanos no puedan soportar un exceso de realidad, lo que los seres humanos no pueden soportar son demasiados artificios”.
Esto es. Esta es la clave, los demasiados artificios. El exceso de realidad. En resumen, los políticos (en general) tienen mala fama por que no son auténticos. O no lo parecen. O no tienen nada que ver con la realidad.
Rafael Sánchez Ferlosio, una de las personas importantes de España (que por cierto, vivía en Coria, Extremadura) en su libro de 1993 “Vendrán más años malos y nos harán más ciegos” dice que:
«Tener ideología es no tener ideas. Estas no son como las cerezas, sino que vienen sueltas, hasta el punto de que una misma persona puede juntar varias que se hallan en conflicto unas con otras. Las ideologías son, en cambio, como paquetes de ideas establecidos, conjuntos de tics fisionómicamente coherentes, como rasgos clasificatorios que se establecen en una taxonomía o tipología personal socialmente congelada».
En definitiva, con los años, las lecturas y las vivencias, estoy aprendiendo a diferenciar entre ideología e ideas.
Como todos/as.
No he podido sacar mucho más de la moción de censura.
Fin.












