Lo más divertido, a según qué edades, es la inteligencia. Cercano a los sesenta años, sin servidumbres económicas ni hipotecas filosóficas, es fácil expresarme libremente. Con filtros (contrariando la moda imperante), con educación y sobre todo con libertad, sin duda, el valor más preciado.
Ya me advirtieron varias conocidas comunes: “¡Estás confundido!”. Hoy he de reconocer que tenían razón y espero que el presente artículo sirva de tardía disculpa y enmienda para resarcir mis prejuicios.
Este viernes he asistido, en mi calidad de presidente de la Agrupación de Defensa Sanitaria Ganadera “Las Siete Sillas” de Mérida y en nombre de sus componentes, a la jornada a la que he sido invitado.
Mercedes Morán Álvarez, consejera de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Sostenible, ha tenido el interés y la gentileza de convocarnos, al cada vez más escaso grupo de empresarios, obcecados en perpetuar nuestro patrimonio y acervo cultural, defendiendo la dehesa como nuestro ecosistema vital.
La unión es la única estrategia posible en esta lucha desigual contra los intereses de las multinacionales integradoras, los elementos climáticos o meteorológicos y las consecuentes enfermedades animales.
A la guerra diaria de los ganaderos me refiero. Quienes, tras muchas batallas perdidas, pareciera que así lo vamos entendiendo. Para ello, tras no pocas vicisitudes, se constituyeron las Agrupaciones de Defensa Sanitarias Ganaderas.
Ninguneadas y minusvaloradas, menospreciadas incluso por quienes atesorando la “verdad absoluta” carecieron del tiempo necesario ni tan siquiera para recibir ni escuchar, tan sólo para imponer desde su más absoluta ignorancia y prepotencia, en una suerte de “ordeno y mando” más propio de épocas pretéritas y dictatoriales, cuasi militares.

Hoy, por fin, se nos convoca a los escasos numantinos, sufridores menguantes, ya cercanos a la ruina. Presidentes de las Agrupaciones que, desde el punto de vista sanitario, representamos a las más de treinta y cinco mil explotaciones ganaderas extremeñas. Agradecemos el gesto y nos atrevemos a ilusionarnos enseguida, una vez más, deseosos de que por fin se nos escuche.
No todo será posible, pero hablando podremos entendernos. Cada uno desde su posición, sin desconfianzas y sin partir de suposiciones de presuntos pícaros. Nada será blanco inmaculado ni negro zaíno. Quizás podamos tratar la amplia gama de los grises e incluso la magia cromática del arco iris. ¿Qué menos que atender a quien te ha elegido o a quién contribuye con sus impuestos al pago de tu digna nómina vitalicia?
Casi cien asistentes expectantes e interesante exposición de propósitos e intenciones del nuevo equipo. Jornada precedida por el agradecimiento y el reconocimiento, por parte de todos a la exitosa labor desarrollada por la anterior Jefa de Servicio de Sanidad Animal, a quien deseamos la mejor de las suertes en el desempeño de sus nuevas responsabilidades.
Interpelaciones apasionadas y honestas de los ganaderos (de modo que lo previsto para cuarenta minutos duró tres horas) agradecidas y respondidas sin ambages por parte de una profesional, ya veterana, que lleva más de treinta años en el sector y hoy se enfrenta a su mayor desafío, por ahora, ya que nos aventuramos a predecir que no será su último cargo de responsabilidad.
Inteligente, simpática y de sonrisa sincera. Ha sabido encajar cada cuestión, contestar con la solvencia de quien conoce nuestra desazón por experiencia. Escuchar, dialogar y discutir, que fácil y que extraño al tiempo.
La anécdota, por mi parte como de costumbre, parco en palabras y rayano en la dislexia, al llamarla Merche, que es como se la conoce entre la “tropa”. Una vez me ha autorizado a apearle del tratamiento que le corresponde, permíteme darte las gracias por todo… Mercedes.












