A Ernesto Jesús Brotons le gusta Plasencia. Ha estado en Plasencia, de manera no oficial, y la ciudad, según distintas fuentes consultadas, le resulta muy agradable. Incluso ha llegado a decir que, en cierto modo, se parece a su Zaragoza natal. Ernesto Jesús Brotons será nuestro obispo, el de católicos y no católicos, a partir del 15 de octubre, aunque todavía no se sepa dónde será la ceremonia por estar la Catedral ocupada con la exposición Transitus de Las Edades del Hombre.
Es un obispo muy joven, 54 años, que atenderá a todos los fieles, pero especialmente se volcará en la iglesia misionera, siguiendo la doctrina del Papa Francisco, la que también incluye un trabajo especial con los más necesitados y excluidos de la sociedad, sin descuidar absolutamente a nadie.
Nuestro nuevo obispo nació el 20 de febrero de 1968, en la ciudad de Zaragoza.
Realizó su formación primaria con los Marianistas de Zaragoza y la secundaria en el Seminario Menor de la diócesis. Los estudios superiores y eclesiásticos los realizó en el Seminario Mayor de Zaragoza y en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA), de 1986 a 1992, del que se despedirá como director al haber sido nombrado obispo de Plasencia.
Desde 1997 cursó estudios de Teología dogmática en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca, donde obtuvo la licenciatura y el doctorado.
Su ordenación sacerdotal fue el 2 de octubre de 1993. Su labor pastoral la ha llevado a cabo en las parroquias de Cerveruela, Torralbilla, Langa del Castillo, Mainar, Villarreal de Huerva, Romanos, Lechón, Anento y Fombuena, primero, desde 1993, como administrador parroquial y a partir de 1994, como párroco.
Se trata de un hombre sencillo que, como podrán leer en la información destacada que hoy publica Diario de Plasencia, a quien no le importa decir que no se esperaba este reconocimiento por parte del Papa Francisco, si bien se comenta que el cardenal Omella, presidente de la Conferencia Episcopal Española y amigo ha tenido mucho que ver en su designación para la vacante placentina, que hasta ahora la llevaba con diligencia y amor pastoral el administrador apostólico monseñor Ciriaco Benavente Mateos.
Pero, lo que decíamos, es un hombre sencillo al que no le importa decir que llega con la ‘L’ de novato a una diócesis muy amplia que ya ha empezado a conocer, aunque sea de extranjis.












