Hay ciudades pegadas al terreno y realidades que pretenden conectar territorios, hay calles, plazas, aceras, rincones y pueblos. Y hay personas que nacen, viven y mueren en esos lugares. Y también hay, al parecer, realidades virtuales, vertederos en mundos galácticos en los que campa a sus anchas la imaginación. La mentira es el metaverso que, ríanse ustedes, pulula en un mundo incipiente, aunque ya hay proto metaversos que customizan tu avatar. Vale, ahora se preguntarán: ¿Qué es customizar?: pues adaptar alguna cosa para un uso concreto, ¿según el gusto personal? ¿Y avatar?: pues una representación gráfica, una especie de encarnación visual.
Este metaverso, esta nueva dimensión, este mundo nuevo no tiene nada que ver con el cielo y la tierra nuevos que nos promete el Apocalipsis. Este universo virtual dice que cambiará todo desde la formación, el entretenimiento y la interrelación humana. Y de una manera muy sencilla: solo tienes que conectarte a una serie de dispositivos y ¡oh, milagro! esos instrumentos te harán pensar, interactuando, que realmente estás dentro de él. Y tú vas y te lo crees.
Lo que no entiendo es cómo después algunos cuestionan mi fe cristiana. Fe es creer lo que no se ve, pero el metaverso es ver a través de gafas de realidad virtual. Prefiero la FE que me garantiza la vida eterna mientras el metaverso me finge el instante, el momento, el ahora. Después, fuese y no hubo nada. Estas realidades alternativas te permiten hacer todo lo que haces fuera sin moverte de la habitación.
Por ejemplo, viajar de Plasencia a Madrid o a Lisboa en tren de alta velocidad saliendo de una maravillosa Estación de Tren de la Muy (noble ciudad). ¿Qué no hay tren? ¿Qué no hay velocidad? ¿Qué no hay estación? ¿Bueno y qué? Siempre nos quedará el metaverso, ese mundo virtual creado para parecerse a una realidad externa. Siempre habrá un horizonte nuevo al que desplazarse. Un mundo que se suma al metaverso extremeño, ese que dice que somos tierra de grandes posibilidades (y siempre lo será), que el futuro es nuestro (aunque lo fíen en una galaxia muy, muy lejana) y que, ahora sí, empezamos a despegar (vete tú a saber dónde).
Los creadores de contenidos (Gobierno, Junta) le darán su aspecto y sensaciones oportunas desde plataformas adecuadas. En el metaverso viviremos inauditas experiencias, trabajos increíbles, dehesas siempre verdes. Uno tendrá la pinta que quiera (la pinta es lo de menos traerla), las casas, coches y campos que elija, la ropa que desee. Total, na. Ignoro si seré yo o mi avatar quien las viva.
Con el tiempo todo esto se resumirá en una pulsera que te enviará impulsos, te impulsará al tren Madrid-Plasencia-Lisboa. Pero montarte, eso no. Con estos bueyes habrá que andar virtualmente Ese será un vivo sin vivir en mí, pero en chusco. Ese será el metaverso de la Muy.












