El 1 de noviembre, se celebra el día de todos los santos. Una fecha en la que miles de personas van a visitar las tumbas de familiares, que asean, y sobre las que depositan flores. Y aunque el día de los difuntos es el día 2, al ser el 1 festivo, suele ser en este, en el que se realizan las visitas a los cementerios, incluso, algunas personas, que residen en otras poblaciones, suelen ir a las localidades en donde reposan sus antepasados.

Fechas estas, que deberían ser sagradas, por estar cargadas de sentimientos, y emotividad, pero que se han convertido en la aberración comercial del Halloween, que ha atrapado a toda la sociedad.
La palabra “cementerio” que tiene su origen en la griega [1] “koimeeterion”, que significa dormitorio, así, ese lugar destinado al último y largo sueño, no pudo tener mejor etimología. Aunque para algunos difuntos, su muerte no ha sido tan descansada. Llevando sus restos de aquí para allá, y utilizándolos políticamente, o profanando sus tumbas.
La historia de la humanidad, hasta la aparición de los textos escritos y descifrados, la han escrito arqueólogos e historiadores a través de las tumbas, haciendo verdadero el dicho de: Conforme vivió, así murió. Y de este modo en los enterramientos y el arte antiguo tienen los mejores y a veces casi únicos manantiales históricos en el que beber, para conocer la sociedad de una época.
Visitando una exposición que se hizo en Mérida, sobre Atapuerca, en el M.N.A.R. caí en la cuenta de la trascendencia y significado de aquella hacha de piedra que se exponía , la Excalibur.

El hacha Excalibur, a la que le dieron este nombre por la legendaria espada del rey Arturo, es muy interesante, no sólo como pieza arqueológica sino por lo que significa. En la Sima de los Huesos se encontraron un número de individuos que fueron enterrados allí, y a los que se les ofreció esta hacha de mano, tallada en cuarcita roja. Esto implicaba una ceremonia que demuestra que se creía en la trascendencia del ser humano, ya que se les enterraba con un ritual, que podríamos llamar religioso. Era como dar a entender, que tras esta vida había algo más. Y este sentimiento, que nos diferenciaba de los animales, ha hecho que sigamos todavía en la actualidad, visitando a nuestros difuntos y considerando que a pesar de haber muerto todavía viven, o perduran de otra manera.

Es evidente que los grandes edificios, que en todas las culturas y tiempos, ha realizado el hombre y cuyo nombre o ruinas han perdurado hasta hoy, ha sido para contentar a los espíritus, o prepararse un lugar que perpetuase la memoria del difunto. Desde los más sencillos, como los Dólmenes, como el de Lácara, cercano a Mérida, el de Carmonita, o los abundantes y magníficamente conservados, de la ruta de los dólmenes de Valencia de Alcántara, pasando por el sepulcro del rey Mausolo, cuya magnificencia daría nombre a las construcciones funerarias posteriores, llamándose mausoleos, sin olvidarnos de las Pirámides, todos los mayores esfuerzos humanos han sido para perpetuar su memoria y asegurarse una vida mejor, o como mínimo, semejante a la que tuvo hasta ese momento, en la otra vida.

Pero lo que me interesa no es fijarme en las grandes construcciones, en sí, entre las cuales en cierta medida también podrían incluirse las catedrales y grandes basílicas, ya que la mayoría se construyeron para salvaguardar entre sus muros las reliquias de algún santo, ya sea S. Pedro, Santiago, o los reyes Magos como la de Colonia, o de Santa Eulalia, sino para hacer hincapié en el sentido de trascendencia que se encuentra en la conciencia humana y por la que cree, que el difunto entra en otra vida, que espera sea mejor que la terrena, y en la que se
encontrará libre de sufrimientos a no ser que sus acciones en esta, hayan sido reprobables a ojos de los dioses, o los espíritus, y entonces su alma será devorada o acabará en un lugar de tormentos en el que se castigarán sus pecados.

Uno de los libros más antiguos y que aborda más explícitamente este sentimiento, es el :El Libro de los Muertos, o Peri Em Heru «Libro para salir al día»;, egipcio. Los primeros textos que se conocen, están esculpidos en jeroglíficos en los muros interiores de las pirámides, de los faraones de las dinastías V y VI, lo que los data por los años 2400 a.C. en él nos cuentan, cómo el difunto se presenta ante Osiris y este pesa su corazón, para calibrar sus
actos en vida, si han sido adecuados continuará su camino, hasta alcanzar el Aaru, campos fértiles, en los que reina Osiris, semejantes al delta del Nilo, y en los que vivirá feliz eternamente. Uno de los capítulos más significativos puede ser el dos que titula; cómo “Revivir tras la muerte [2]
¡Oh tú, dios del Disco lunar, que irradias en las
soledades nocturnas¡ ¡Mira ¡ ¡Entre los habitantes
del Cielo que te rodean, yo también te acompaño¡
«Yo penetro a mi capricho ora en la Región de los Muertos; yo difunto, ora en la de los Vivos sobre la Tierra, a todas partes donde me conduce mi deseo”.

Platón (427-347 a.C) nos trae un relato, que nos demuestra el chantaje psicológico, que ciertos personajes llamados maestros Órficos realizaban, con los ricos, (a los pobres poco podían sacarles, y ni lo intentaban);. iban a las puertas de los ricos y trataban de persuadirlos de que ellos tenían un poder a su disposición, el cual recibían del cielos, que les permitía, a través de sacrificios y encantamientos, enmendar cualquier crimen cometido por el individuo o sus antepasados, sus misterios nos sacan de los tormentos del otro mundo, mientras que el gnorarlos es castigado terriblemente.
Más cercano a nosotros está el relato que nos cuenta la acción que realizó en el 170 a.C. Judas Macabeo, un judío que peleó contra Antíoco IV Epífanes (175-163.a.C) un helenista que en el año 167 a.C. edificó una imagen de Zeus en el Templo sagrado de Jerusalén , además, de sacrificar cerdos, animal impuro, en el altar, algo intolerable para los judíos, y que nos cuenta la Biblia (2 Mac.43-45) así:
“Y después de haber recolectado entre sus hombres
unas dos mil dracmas, las envió a Jerusalén para
que se ofreciera un sacrificio por el pecado. Él
realizó este hermoso y noble gesto con el
pensamiento puesto en la resurrección, 44 porque si
no hubiera esperado que los caídos en la batalla
iban a resucitar, habría sido inútil y superfluo orar
por los difuntos. 45 Además, él tenía presente la
magnífica recompensa que está reservada a los que
mueren piadosamente, y este es un pensamiento
santo y piadoso. Por eso, mandó ofrecer el sacrificio
de expiación por los muertos, para que fueran
librados de sus pecados.”
Esta actuación, no era habitual ni estaba en el sentimiento religioso de los judíos. La intencionalidad de interactuar en el otro mundo con las plegarias y sacrificios de los vivos, que sí era habitual, como hemos visto, en la filosofía de otros pueblos como el griego, abriría al futuro nuevas vías de pensamiento por las que ofrendas y plegarias,(oraciones y misas de difuntos, en la actualidad) serían una parte sustancial de la filosofía religiosa
que los cristianos heredamos.
(Continuará en la II parte)
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[1] Fdez. de la Torriente, Gastón y Zayas Bazán,
Eduardo. Cómo aumenter su vocabulario- 3. Vocabulario etimológico. Pag. 44 Ed. Playor 1989.
[2] El Libro de los Muertos.Anónimo M.E. Editores 1995.Pag.9












