Rubiales no ha dimitido pero su decisión, de momento, conlleva la dimisión de carreras profesionales de mujeres y hombres con otros valores. Decisiones como la del jugador de fútbol, Borja Iglesias, nos devuelven la esperanza y nos reafirman en la necesidad de seguir luchando por la igualdad. Las personas con conciencia social saben que los derechos no se regalan, se conquistan. Las personas que no la tienen, saben que siempre hay alguien que dará la cara por ellos. Son pocos los que dan ese paso necesario.
Rubiales, no deja de ser el síntoma de una España que arrastra un pasado con vectores a favor y en contra de la modernidad que trata de resolver una dirección en positivo. Rubiales es un síntoma ligado a privilegios, corruptelas y dinero, como lo fue su antecesor, el Sr. Villar. Un síntoma que delata en la política como en el deporte y que se expresa a través de los medios de comunicación; otro sector al que se le ve el plumero pues también hay periodistas que viven de la propia federación de fútbol. Un síntoma que en cualquier institución emerge, si no existen contrapesos, órganos reguladores o fiscalizadores.
¡Se acabó!, que dice la jugadora de fútbol, Alexia. Y es que ha llegado el momento donde pedir perdón no puede bastar. ¿De qué ha servido la solicitud de perdón del emérito? Nuestra sociedad debe ser educada en el ejemplo de los de arriba hacia todos los de abajo porque de lo contrario generamos una sociedad desconfiada de los poderes públicos.
La enajenación mental transitoria de un presidente de federación que se toca su paquete, que da un piquito a una subordinada, es el síntoma de que su patrón mental es el de una persona que cree que es el puto jefe de la tribu. Cuando cae en la cuenta de que no es así, entonces manipula, tergiversa lo que todos hemos visto, escondiéndose en el burladero cobarde de los pelotas comprados o con las perspectivas de serlo.
Posiblemente, el Sr. Rubiales haya realizado una buena gestión; tal y como pretenden argumentar personas del deporte como el entrenador Luis Enrique, pero aquí no hablamos de cuenta de resultado, sino de modos, gestos ,actitudes, valores… Por otro lado, se podría cuestionar en ese ámbito si podemos considerar una buena gestión unos beneficios opacos en estrategias mercantilistas, como llevar la Supercopa de España a un país como Arabia Saudí o sus chanchullos en comisiones con el jugador Piqué.
Los gilipollas que hemos criticado los modos de Luis Rubiales, somos los mismos gilipollas que no nos tragamos que las estructuras futbolísticas no dejan de ser otro sistema corporativo y un poder sin aliviaderos democráticos. España se hace con reformas estructurales que distribuyan el poder y afiancen su control. Cuando no es así, pasa que generamos señores feudales con ínfulas de libertad, pero siempre la suya.
Gestionar cuatrocientos millones de euros en una Liga como la española, genera salarios escandalosos como es el caso del propio Luis Rubiales, con casi un millón de euros, o los 150.000 euros de los Presidentes territoriales. A partir de ahí, cuando todos esperábamos su dimisión, sube el sueldo en plena asamblea al entrenador de la selección española femenina. Patéticos han sido los reiterados aplausos de toda una estructura viejuna que come de su mano de una u otra forma. Y la solución no es que sea el Presidente P. Rocha quién lo sustituya. De Málaga a Malagón.
Que sea posible que atendiendo a la españolidad del Sr. Rubiales, se le aplique la ley para que compruebe que en España hay libertad, para todos. Mientras eso ocurre, es lastimoso ver como se hunde el Titánic, a la vez que suena una música de aplausos comprados en su asamblea.













Rubiales es UNO, pero ¿qué me dices de los que le han aplaudido? No está solo, tiene una multitud de gañanes alrededor, absoluto estupor e inmenso asco.
Por ejemplo, el entrenador de la selección masculina, Luis de la Fuente. Un impresentable. Saludos.