En el fragor de la batalla, o mejor dicho, a partir de la tercera caña me lancé. Nunca lo hago. Nunca, pero ayer al mediodía una persona a la que no conozco de nada hizo que algo insano mío se pusiera en movimiento.
Me comporté como el “cuñado” que nunca creí ser. Y es que a la cuarta vez que repitió Venezuela, Coleta, bolivariano, Cuba, el Falcón, perrosánchez, catalanes, perroflautas, extrema izquierda, casoplón y así, entré al trapo.
No lo hice solo porque el hombre -que tampoco es que llevara más cervezas que yo- volviera una y otra vez sobre las mismas palabras, sino porque empezó a hablar de impuestos a los que estábamos en el bar.
Dijo haciendo uso de una gran verborrea que los comunistas bolivarianos, los podemitas, los perroflautas estos del gobierno quieren subirnos los impuestos (visualicé a un tipo con pinta de hippy con una flauta en la mano, arrastrando con una cuerda un un perro famélico, subiendo al estrado del Congreso después de pedir en alguna calle en cuesta de Usera para comer o lo que surja, diciendo: “Hay que subir los impuestos para que contribuir al erario público” y me pareció divertido), pero que no había que subirlos, había que bajárselos a todo el mundo.
Yo, inocente de mí (me acordé del vídeo del borrachín que dice: “Si ya saben cómo me pongo ¿pa que me invitan?”) dije:
-¿Pero, concretamente, qué impuestos hay que bajar?
Me dijo:
-Todos, hay que bajar todos, a todo el mundo.
Le dije:
Esos tienen que ser bastantes, yo es que mucho no sé de eso, aunque algo he leído.
-”Pues todos hombre, que pareces memo”, contestó él.
Memo. Esa palabra fue lo que me faltaba. Memo, casi como el capitán Nemo. O memo del todo. Qué más daba.
Le di un sorbo a la cerveza. Sabiendo que me estaba convirtiendo en una especie de perdonavidas -memo, pero perdonavidas-, y sin pensar en que el hombre se podía sentir humillado, con toda la calma del mundo le dije:
– ¿Bueno, y usted sabe qué impuestos paga? Es más, no es por nada, pero ¿sabe diferenciar entre impuesto, tasa, precio público, contribución especial, deuda tributaria o deuda no tributaria?
Se hizo el silencio. El camarero y los dos o tres que estaban en la barra un poco más allá se callaron, expectantes, más de lo que ya estaban.
El tipo, que sería más o menos de mi edad masculló algo así como “el gilipollas este” y no sé qué más que no entendí,
Y me lancé. Le solté una retahíla parecida a la que voy a escribir:
-Supongo que sabe mucho de tasas, precios públicos, contribuciones especiales, deudas tributarias, aranceles, carga impositiva, gravámenes, apremio, recargos, sanciones, tributos, pólizas, rentas, diezmo, contribuyentes, padrones, exacciones, cánones, arbitrios, tesorería, pagos, fianzas, avales, solicitudes, recursos, reclamaciones, peajes, servidumbre de paso, ingresos, tarifas, derechos, deberes, débitos, tribunal económico administrativo, entidades bancarias, cobros, domiciliaciones, notificaciones, anulaciones, decretos, prescripción, cargos en cuenta, concesiones, altas a tercero, bonificaciones, Ley General Tributaria, recursos de naturaleza pública, calendario fiscal, subastas, embargos, almonedas, recibos, convenios, inspecciones, devoluciones, IVA soportado, IVA repercutido, organismos autónomos de recaudación, importes, planes, sedes electrónica, administraciones públicas, Reglamento General de Recaudación, Ley de Haciendas Locales, plusvalías, fraccionamientos y aplazamientos de pago, Ley General Presupuestaria, morosos, plazos de pago, periodo voluntario, periodo ejecutivo, responsable solidario, responsable subsidiario, ah, bueno y claro, lo más importante, también sabrá diferenciar entre impuestos directos e impuestos indirectos.
Cuando terminé, le di un sorbo a lo que quedaba de cerveza, pedí la cuenta, pagué y me fui con la sensación de haber hecho el ridículo, de que lo que hice no estuvo bien, así, avasallando como hice yo -eso pensé-, no se puede ir por la vida.
Y es que, si ya saben cómo me pongo ¿pa que me invitan?












