Miguel de Unamuno (1864-1936) en sus «Recuerdos de niñez y mocedad» dijo que el barrio de Bilbao dónde vivía era como un pueblo: los vecinos estaban deseando que ocurriera algo, cualquier cosa, lo más mínimo, para contarlo.
Mucho tiempo después, ocurre lo mismo en muchos lugares pequeños. Me acuerdo de aquella vez cuando mi hija C. tenía doce o trece años que, al anochecer, un día de abril, hubo un apagón en la calle dónde vivíamos que nos tuvo cinco minutos sin luz.
Como para C. fue su primer apagón, le pareció una experiencia muy interesante. Parece una tontería pero nunca le había pasado quedarse a eso de las diez de la noche sin luz en casa. Me gustó ver cómo reaccionó.
Enseguida encendió su móvil -ya tenía móvil- y lo utilizó para alumbrarme cuando fuimos a comprobar si el fallo eléctrico era de casa o generalizado. Por el pasillo iba diciendo algo sobre brujas o magos y castillos con los candelabros apagados y no sé qué más con voz cavernosa, mientras nos reíamos.
Aproveché la oscuridad para moralizar un poco sobre que no siempre la gente tiene luz todo el tiempo en su casa -quizás hablaron de la Cañada Real o de Barranquilla en la tele.
A lo largo de todo el apagón C. mantuvo la calma, tuvo paciencia y como persistía la oscuridad -y eso que no fueron más de cinco minutos- dijo:
“Bueno, como no viene la luz, tendré que acostarme aunque sea un rato antes que otros días y lo peor de todo, sin leer».
Enseguida se hizo la luz y pudimos continuar cenando y viendo la tele y es cuando pensé en lo que dijo Unamuno sobre las pequeñas cosas: estamos deseando que ocurran para contarlas o para que nos las cuenten.
Y en que Unamuno, que admiraba a su vecino de piso y profesor de pintura, el pintor Antonio Lecuona. Con los años, Unamuno se hizo famoso e importante y el nombre de Lecuona, que hasta tenía una avenida a su nombre en Bilbao, fue desapareciendo de la cultura y el conocimiento popular. Otra pequeña, por olvidada, circunstancia.
Con todo esto llegué a la conclusión de que la realidad no es lo que dicen la televisión, los periódicos, Facebook, Tik-Tok, Youtube u otras redes sociales, sino que está formada por las pequeñas cosas que uno está deseando, como dijo Gabriel García Márquez -que como Unamuno, cuando nació, no era conocido, pero con los años, también se convirtió en escritor famoso-, vivir para contarlas y aunque no todos parezcamos ser importantes, cada uno a nuestras manera y condición, lo somos.
Fin.












