Santiago Abascal llegó, vio y convenció a unos parroquianos deseosos de escuchar al líder de Vox y que llenaban el Hotel Las Lomas de Mérida, con ganas de sacar músculo por el acuerdo de gobernabilidad firmado en Extremadura con el Partido Popular. Se nota que hay sintonía entre el líder nacional de Vox y su líder regional, Ángel Pelayo García Moreno, pues ambos repitieron las mismas palabras en cuanto a la necesidad de echar de la región al socialcomunismo y de instaurar un Gobierno de centroderecha que haga que la región prospere.
En este punto, hay que darle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Extremadura ha tenido tres presidentes (Guardiola será la cuarta y la primera mujer) y gracias a los tres (Ibarra 24 años, Monago 4 años y Vara 12 años) la región ha dado un cambio que, como diría Alfonso Guerra, no la conoce ni la madre que la parió. Aquí, si se hace tabla rasa, el balance de los cuarenta años de autonomía es altamente satisfactorio. Puede que Abascal y Gordillo Moreno se refiriesen a nivel nacional cuando decían que había que terminar con ese socialcomunismo que ha sido pernicioso para el conjunto del país, que tampoco.
Es verdad que confrontando los programas electorales de Vox y del PSOE éstos se encuentran en las antípodas, pero Vox se convierte en un verdadero partido de ultraderecha más por las declaraciones de sus líderes que por sus actos. Aunque, bien mirado, da un poquito de miedo que se haga realidad lo que sueltan por sus bocas. Y no hace falta ser de Vox ni muy patriota para defender el país y la bandera. El PSOE también está por los signos nacionales, sin que por ello tenga que renunciar a su faceta republicana.
Que Abascal haya pasado del megáfono al micrófono y de la calle a los hoteles con aire acondicionado está bien, pero lo que nadie puede discutirle, al margen de sus ideas reaccionarias, es que se ha convertido en un líder nacional y que además de ser la llave en muchos gobiernos municipales y autonómicos, su participación va a ser fundamental en la configuración del Gobierno de España. Al margen de que Feijóo se lleva bien con Abascal. Ahí está la famosa llamada que el líder del PP hizo al de Vox para desbloquear la situación en Extremadura y se ha hecho el pacto entre perdedores que culminará este viernes próximo, 14 de julio, con la elección de María Guardiola como presidenta de la Junta de Extremadura, gracias al apoyo al PP de los cinco votos de los diputados de Vox.
Entramos, por tanto, en una semana importantísima para el futuro de nuestra región, con la proclamación de la presidenta y la elección del Gobierno regional en el cual entrará Vox con la Consejería de Gestión Forestal y Mundo Rural. Como quería Ángel Pelayo Gordillo Moreno, Vox estará en un Gobierno de coalición y con un sillón en el Consejo de Gobierno de la Junta para fiscalizar al Ejecutivo del PP. A Guardiola sigue sin hacerle gracia esta cincunstancia pero no le queda más remedio que tragar, y así será el día a día, por lo que este pacto entre perdedores es una victoria pírrica que será una sorpresa de futuro.
Abascal arengó a los suyos para que vayan a votar el domingo 23 de julio y que lo hagan por el único partido que no tiene hipotecas, como es Vox. Bueno, las comenzará a tener en el momento que toque pelo. Abascal comió jamón de pata negra. Sólo por eso ya valía la pena el viajecito del domingo y la visita a la nueva región que va a probar de qué manera gobierna Vox, cuáles son las formas, cuáles son sus materializaciones…












