”Tiene razón don Sebastián, tiene muchísima razón. Más si me gustan las hijas de Eva, ¿qué he de hacer yo?
Nada me importa el qué dirán: dejo la pública opinión. Y si me encuentro como un muchacho, ¿qué he de hacer yo?”
El Palacio de la Zarzuela, es el nombre del Real Sitio donde por primera vez se representaron estas joyas culturales y de donde toman su nombre. Son obras dramáticas y musicales de origen español en que alternativamente se habla y se canta. Evidentemente, a las zarzuelas me refiero.

Cierto es que, según intuíamos y ahora nos certifican, zarzuelas lo que se dice zarzuelas, ha habido muchas en sitio tan singular. Habladas en español, inglés e incluso alemán y cantar lo que se dice cantar a alguno se las han cantado, las cuarenta y las verdades del barquero, que de todo ha habido en esa familia tan irreal y desestructurada.
Pero volviendo al tema que hoy nos ocupa, es la zarzuela un género vivo que reflejaba, de forma teatral y divertida, muchos aspectos de la vida española; este género lírico nació, como ya he anticipado, en Madrid (Villa y Corte) como cúmulo de todo lo nuestro, principalmente de sus personajes y pícaros, ferias y fiestas, costumbres y tradiciones, anécdotas y literaturas.
Fue a mediados del siglo XIX cuando se expandió y difundió popularmente, en los cafés-teatros y alcanzó su cénit en los teatros por horas. El mal llamado “Género Chico” ha dado obras maestras y entre ellas, permítanme destacar mi favorita: “La verbena de la Paloma”, sainete lírico en prosa con libreto de Ricardo de la Vega y música del maestro Tomás Bretón y Hernández.
Subtitulada como: “El boticario y las chulapas y celos mal reprimidos”, se estrenó el 17 de febrero de 1894 en el célebre teatro Apolo de Madrid. Consta de un solo acto, dividido en tres cuadros, siendo el prototipo del género chico, de corta duración. Apenas tres cuartos de hora, en total.
Sírvanme las famosas coplas del boticario don Hilarión como hilo conductor previo y presentación de la política actual española:
”Una morena y una rubia, hijas del pueblo de Madrid, me dan el opio con tal gracia, que no las puedo resistir.
Caigo en sus brazos ya dormido, y cuando llego a despertar, siento un placer inexplicable y un delicioso bienestar.”

Estas chulapas, dicho con respeto y cariño a ambas, son doña Macarena Olona Choclán, licenciada en Derecho con premio extraordinario por la Universidad de Alicante; abogada del Estado, política o penitente del Camino de Santiago, según la ocasión.
Y doña Yolanda Díaz Pérez, licenciada en Derecho por la Universidad de Santiago de Compostela, con dos cursos de posgrado, por lo menos; abogada laboralista y comunista o no, según proceda e interese (Partido Comunista de España, Esquerda Unida, Unidas Podemos, Sumar, coaligada y lo que se tercie), actual vicepresidenta segunda del Gobierno de España.

Vale que son morena y casi rubia, con ese peinado tan favorecedor. Permítanme igualmente la licencia de modificar su partida de nacimiento. La morena al parecer nació en Alicante, digo al parecer porque ella hasta no hace mucho, se declaraba andaluza por los cuatro costados. La rubia en Fene (La Coruña), que al oírle hablar no cabe la menor duda.
Ambas abogadas, del latín “advocatus”, licenciadas en Derecho en cualquier caso (que ni Robert De Niro, en “El cabo del miedo”, del director Martin Scorsese) y que según la Real Academia Española de la lengua y en su tercera acepción las define como: “persona habladora, enredadora, parlanchina”. Pues como es de sentido común, si lo dice la regia institución…
¡Dicho queda!
Pues tiemblan Rosalía y Nathy Peluso ante lo inevitable, las mezclas de flamenco tradicional con la copla y con estilos modernos, como el pop, el trap, el hip hop, la música electrónica y la experimental, han muerto. Olvídense del nuevo flamenco, flamenco-pop, flamenco-trap, pop experimental, worldbeat y música electrónica.
El género musical que lo va a petar este otoño e invierno va a ser la zarzuela. Sin lugar a dudas y especialmente el dúo que interpreta el sainete protagonista de este artículo. Al tiempo…
”Y es que las dos, ¡já, já, já, já!, se deshacen por verme contento, ¡já, já, já, já!, esperando que llegue el momento, en que yo decida, ¡já, já, já, já!, cuál de las dos me gusta más.”












