La fábula de la cigarra y la hormiga
Esopo, un escritor de finales del S.VII a.C., escribió una fábula que en la actualidad nos parece muy políticamente incorrecta, y que yo no sé, si las nuevas generaciones conocerán. A los que ya no nos caben las velas en la tarta de cumpleaños, nos metían para el cuerpo y la mente, aquellos maestros de palmeta en mano y castigo cara a la pizarra y de rodillas, como venerando a aquel cuadrado negro, todas estas cosas de las fábulas, con moraleja incluida.

Las fábulas, siguen estando de actualidad. La RAE las define entre otras acepciones como:
«5.- Relación falsa, mentirosa, de pura invención.
6.- Ficción artificiosa con que se encubre o disimula una verdad.»
Supongo que muchos pondrían nombres, de algunos a los que en la actualidad, según estas definiciones del diccionario de la Real Academia, les viene como un guante la descripción.
Pero como se ve, las cosas ya por el s. VII a.C. en la sociedad venían a ser semejantes a las actuales. Y se les ocurrían, a algunos sabios, estas historias, con moraleja, mirando la naturaleza, y que cada uno sacara sus conclusiones.
Y una de aquellas fábulas, fue la de «La cigarra y la hormiga»

La cigarra, se pasaba toda la primavera y el verano, comiendo y cantando, saltando y bailando de un sitio a otro, mientras entre risas y compasión, le decía a la hormiga, que descansara, porque estaba sufriendo mucho, pero ella no paraba de acumular alimentos para el invierno ¡Déjalo ya, y vente conmigo a disfrutar de la vida¡ Y llegó el otoño, y empezó a hacer frío y a escasear los alimentos. Mientras pudo, la hormiga, siguió buscando semillas y llevándoselas al hormiguero. Vino el duro invierno, y la cigarra, empezó a pasar mucho frío, porque no tenía casa, y un hambre atroz, porque no había guardado nada.
Así es que se acercó al hormiguero.
– Amiga hormiga, tengo frío y hambre, ¿no me darías algo de comer? Tú tienes mucha comida y una casa caliente, mientras que yo no tengo nada.
– Dime amiga cigarra, ¿qué hacías tú mientras yo madrugaba para trabajar? ¿Qué hacías mientras yo cargaba con granos de trigo de acá para allá?
– Cantaba y cantaba bajo el sol – contestó la cigarra.
– ¿Eso hacías? Pues si cantabas en el verano, ahora baila durante el invierno. Me ha costado mucho recoger y no sé si dándote parte de lo que tengo, habría para los dos. Busca, que algo encontrarás.
Y le cerró la puerta, dejando fuera a la cigarra.
Y hasta aquí lo que escribió Esopo.

Si ahora se hubiera escrito esta fábula, la conclusión de la misma, se habría contado de otra manera.
«Tras el rechazo, la cigarra se dirigió a otros insectos, se juntaron, oyeron lo que les decía la cigarra, montaron una manifestación y se dirigieron al hormiguero.
Cuando llegaron, tocaron la puerta del hormiguero, y la hormiga, salió.
-Esto, no es justo.- Le dijeron- Tú tienes mucho y nosotros no tenemos nada. Debes de repartir entre nosotros, porque eso es justicia social. Los que tienen mucho, han de repartir entre los que tienen poco.
La hormiga, asintió. Y comenzó a repartir lo que había acumulado, entre ellas, sin hacerles mención alguna de lo que le había costado recogerlo, ni de la fatiga que había sufrido bajo un sol de justicia.
Las cigarras, se marcharon doblemente satisfechas, por una parte habían conseguido alimentos y por otra, le habían hecho comprender que sólo querían justicia social.
Pasó el invierno, y llegó la primavera y el verano. Y en el otoño, se dirigieron al hormiguero, llamaron a la puerta pero la hormiga, no salió.

¿Se negaba a repartir? Volvieron a aporrear la puerta, pero nadie salió.¿Habría muerto? Porque nadie la había visto desde hacía mucho tiempo.
Sin embargo una recordó que en primavera se la encontró y le dijo que se iba de viaje.
Y es que la hormiga viendo, que el fruto de su trabajo debía de repartirlo, sin compensación alguna, decidió marcharse a otro lugar. Y desde entonces, la pradera no fue la misma.
Las fábulas siempre tienen una moraleja.
Que saque cada uno la que crea adecuada.













