La suerte de no tener estudios -como es mi caso- es que todo me parece a estrenar y me entusiasmo con cualquier idea que se me ocurre o encuentro al azar. Alardear de mi ignorancia es uno de mis más preciados tesoros.
El otro día descubrí en un libro de Historia que para comprender bien a España es necesario leer a los escritores de la Generación del 98.
Parce ser que la España actual es la que quedó después del llamado Desastre del 98. España perdió sus últimas posesiones de ultramar en un conflicto con Estados Unidos que duró seis meses, desde abril a agosto de 1898.
España -así, en abstracto- se quedó sin Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam, que pasaron a pertenecer a EEUU.
En Wikipedia dicen que “El resto de posesiones españolas del Pacífico fueron vendidas al Imperio alemán mediante el tratado hispano-alemán del 12 de febrero de 1899, por el cual España cedió al Imperio alemán sus últimos archipiélagos —las Marianas (excepto Guam), las Palaos y las Carolinas— a cambio de 25 millones de pesetas”. A saber en qué bolsillos acabaron esas pesetas.
Tirando una vez más de Wikipedia -pocas ganas de escribir tengo hoy-, la enciclopedia libre: “El 6 de marzo de 1521, el portugués Fernando de Magallanes descubrió la isla de Guam durante la expedición española de circunnavegación del mundo, en la cual fondeó para aprovisionarse de víveres y hacer reparaciones. En nombre del Rey de España, se tomó posesión de Guam y de las islas vecinas (islas Marianas), realizando la incorporación de la isla a España el 22 de enero de 1565, como parte de la Capitanía General de Filipinas.
En 1663 la reina Mariana de Austria, esposa de Felipe IV de España, encomendó la evangelización en todas las nuevas posesiones españolas. Para esta misión fue nombrado el jesuita San Vitores, quien partió de Acapulco (en el actual México) junto a otros cuatro religiosos. Los jesuitas llegaron a la isla el 15 de junio de 1668, Fueron bien recibidos por el cacique Quipuha, quien se convirtió al catolicismo.
Ha sido leer el nombre de Quipuha y me ha podido esa mezcla de ignorancia y curiosidad que es el ser humano llamado Guille Jiménez (que no Iker, Juan Ramón o María, los Jiménez más famosos).
Quipuha o Kepuha era miembro del Chamorro (no, el famoso restaurante no), la casta gobernante de la sociedad chamorro de Guam. Era el hombre (sigo tirando de Wikipedia) de mayor alto rango. Podía tomar decisiones importantes con el consentimiento de las maga’håga o mujeres de más alto rango de su clan (ahora “la culpa” va a resultar que es de las mujeres…).
Ni idea de quién es Quipuha o de cómo sería o qué presiones -o no- tuvo para convertir al catolicismo a todo su pueblo
“Los sacerdotes regalaron a Kepuha, a quien describieron como alto y robusto, un sombrero de terciopelo, aros y clavos de hierro y le dijeron al jefe que tenían la intención de enseñar a los chamorros la ley de Dios y el camino al cielo».
No sé por qué, mientras escribo, se me ha ocurrido el estribillo de la canción “Agotados de esperar el fin” de Ilegales, canción que es de hace cuarenta años, pero lo pongo por aquí, por si acaso.
Imagino al guamés Quiphua con su sombrero de terciopelo, aros y clavos de hierro, cantando “Yo soy español, español, español”, conociendo la ley de Dios y el camino al cielo y entonces es cuando me doy cuenta de que me queda mucho por leer de los autores de la Generación del 98 (Azorín, Ortega y Gasset, Ganivet, Unamuno…) de que cada día que pasa soy más ignorante por culpa de la Wikipedia y de que no tengo ni idea de qué es España -ni de por qué o para qué- en comparación con la suerte de otras personas con mucha más inteligencia y altas capacidades que yo.
Y la envidia típica de por estos lares, me corroe desde el 98 por lo menos.
Por cierto: ¿Dónde está Guam’ ¿En Guam hablan español?
Fin.












