Cuál si de una película de Hollywood se tratara, así se desarrolló la primera escena de la operación “Tellus”. Datada en 2016, comienza con un primer plano de los detenidos esposados en el exterior del edificio donde se ubican las Organizaciones Profesionales Agrarias, en el polígono emeritense de Cepansa y que, al parecer, se inició tras la denuncia de un agricultor.
Presentación, nudo y desenlace, tal y como mandan los cánones. La puesta en escena inicial fue “magnífica”, con gran profusión de medios policiales totalmente innecesarios, como innecesarios fueron los grilletes. Hubiera bastado una llamada de teléfono y los detenidos se hubieran personado donde les hubieran indicado.
El nudo o desarrollo se nos antoja excesivo, perfectamente cubierto por gran cantidad de medios de comunicación, máxime teniendo en cuenta el desenlace final que, aún por esperado, no es menos sorprendente y que seguro no ha colmado las expectativas del denunciante, al menos no por ahora, no hasta que se resuelva de forma definitiva el conflicto.
A la espera de la sentencia tras el acuerdo alcanzado el último día hábil, previo a las jurídicas vacaciones de verano. Agosto inhábil, que en algo debíamos ponernos de acuerdo los españoles. Acuerdo tardío, en cualquier caso, pues inútil e injusta es la justicia que se hace tanto de rogar.
Siete años y un día como condena previa, pena de medios de comunicación también llamada, que antecede a la pena de banquillo. Siete años de consultas jurídicas, psicológicas, individuales y familiares, cuando no psiquiátricas y todavía habrá quien se asombre de que España sea la nación líder mundial en el consumo de fármacos psicotrópicos.
Apenas comienza este octavo mes de nuestro calendario gregoriano caracterizado por el calor, el descanso y la Luna de Esturión, súper luna que supera a la anterior y que ilumina, por fin, el cielo de esta primera noche tras el acuerdo. Ministerio fiscal reducido a tratantes de penas ajenas y glorias propias, en un lenguaje decimonónico que envuelve un protocolo ininteligible al común de los mortales.
Los siete de la UPA-UCE por fin despiertos, tras esta pesadilla tan duradera como real. Pedro y Mané atienden a los medios de comunicación en la rueda de prensa que pretende ser el principio del fin del caso del fraude de subvenciones protagonizado por las organizaciones agrarias. Rueda de prensa seria, muy seria, casi triste podría decirse.

Como reza el lema de los tratantes: “Lo que se puede arreglar con dinero, no es un problema”. Solución y desenlace final al conflicto: medio millón de euros, de los que cien mil ya se han adelantado, el resto a devolver a la Junta de Extremadura en diez años. Penas mínimas de común acuerdo, tras la amarga prisión provisional y ninguno vuelve a la carretera de Olivenza, que poco o nada se les ha perdido allí.
Nacho Huertas, Maxi Alcón y sus compañeros respiran aliviados tras el prolongado tormento. La gran reina roja (personaje de Lewis Carrol en Alicia en el país de las maravillas), alegoría de esta bonita tradición de la actual Administración de Justicia, sigue gritando: ¡Que les corten la cabeza! Pues aún no conoce la buena nueva o tal vez a pesar de conocerla.
¡Justicia! “No creo en más infierno que tu ausencia. Paraíso sin ti, yo lo rechazo. Que ningún juez declare mi inocencia, porque, en este proceso a largo plazo, buscaré solamente la sentencia a cadena perpetua de tu abrazo.” (Antonio Gala, Sonetos de la Zubia, 1987).












