Abrasa el calor como una lengua de fuego sobre la cada vez más pétrea Plasencia. Sus calles se silencian, un poco más, con la llegada de la canícula, habitando un ligero refugio bajo los soportales de su lejana historia comunera.
Cuando yo era adolescente, en su plaza, había árboles que apagaban el sol hiriente de los veranos, pájaros que anunciaban primaveras y un templete central que albergaba la fiesta común de todas las edades. Y una pulsión de esperanza en el cambio. Hubo un tiempo para el grito colectivo y ahora transitamos por un único escenario, como en una neurótica rueda de hámster.
En esta cuarta mayoría absoluta en el Ayuntamiento de Plasencia, asistiremos a un nuevo acopio de errores y pecados capitales en nuestra ciudad, empecinándonos en mantenernos en espacios similares a los círculos del infierno de Dante: Limbo, ira, avaricia, codicia, gula… “Abandonad toda esperanza”, que decía el autor de la Divina Comedia.
Ante las puertas infernales, nos agolpamos entre lamentos, llantos e ira, las “gentes que vivieron sin gloria ni infamia”, en mestizaje forzado con los ángeles que no se rebelaron contra Dios; más por miedo que por lealtad, evitando tomar partido en el conflicto de la vida entre el bien y el mal.
Como un bucle que parece eterno; permanecemos estancados en el inframundo de los pavimentos agrietados de las calles que sostienen, a duras penas, desvencijados autobuses urbanos; somos espectadores pusilánimes en el limbo de un coche sin conductor que viajó a Portugal, interpelándonos sobre nuestro coeficiente de resistencia; celebramos el banquete orgiástico de una vergonzante subida de sueldos, como primera medida municipal, para los pastores de la manada; soportamos el exceso fraudulento de palabras y promesas sobre una residencia para mayores lastrada por la ineficacia; permanecemos sin abrir las puertas de la muralla para seguir dominados por demonios; asumimos sin pestañear las subidas de impuestos en una ciudad quebrada…
Es la lujuria del poder del infierno: acopio de seductores, aduladores, hechiceros y falsos profetas, hipócritas y consejeros alambicados, sin oficio. Toda una cohorte de panegiristas subvencionados, melifluos y cobistas que exhalan incienso. Toda la Comedia Humana de Balzac no contemplaría la inmensidad de inconscientes mediocridades que nos habitan entre murallas milenarias impregnadas de una colectiva necedad.
Abandonad toda esperanza; todo lo que pudo hacerse no se hará. Las leyes físicas de la gravedad nos anuncian que nuestro caminar cansino, nuestros agotados y envejecidos ojos, nuestros tapiados oídos, son propicios para la inacción de un gobierno ensimismado en un poder personal. Un gobierno afincado en la feudal liturgia del besamanos; no como señal de vecindad, sino de sumisión o adhesión inquebrantable. Tal y como besan los súbditos, sin conciencia de ser un ciudadano.
Suben los dineros para los altavoces de su boato, para la guardia pretoriana de liberados que forma el cortafuego a cualquier resquicio de crítica, suben los impuestos para los fastos protocolarios, para los eventos fotografiados, para pagar asesores de la nada. Abandonad toda esperanza de divisar las bóvedas celestes.













Así es la mayoría tras mayoría obtenida por este artista metido a político que es el Alcalde-sacristán de Plasencia, Fernando Pizarro Garcia, que es como se llama y firma los Decretos. Aunque para los amaestrados y aborregados, le hace ver el pomposo y narcisista Polo de naranja, que se pone en sus escritos personales y los subvencionados corean. La Comedia sigue y como ya no tiene más futuro politico que el mantenerse para lo poco que protesta para conseguir servicios y futuro económico para el desarrollo de la ciudad, su partido lo ha dejado ahí aparcado hasta la jubilación si hace falta. Así Plasencia no se desarrolla, seguirá perdiendo habitantes, se seguirán reduciendo los servicios, etc. Por eso, su artido contento, no molesta y dejarles con sus mendacidades, besos y abrazos, azulejería en marcha y a pasar años cobrando la mamandurria.
Entiendo tu visión. Es la degradación de la política. Resistir debemos. Salud
Resistir y despertar a los dormidos que no ven como su ciudad poco a mucho camina hacia su ruina.
Me resisto a creer que estos, nuestros gobernantes, sean lo que merecemos. Así nos va, mi opinión sigue siendo que seguimos gobernados por personas sin capacidades para el buen gobierno. Desde luego el futuro para Plasencia es muy poco alentador, con nulas posibilidades de mejora. ¡Sálvese quien pueda¡ ¡Abandonen el barco! No veo a ninguno de ellos trazando o dialogando una estrategia social o de economía para Plasencia. Pocas ideas sensatas pueden salir de esas cabezas.
Efectivamente. Despertar del sueño cansino a esta ciudad. Gracias