En el libro “Con la clara y con la yema” de Chumy Chúmez, de 1973, aparece el chiste de la imagen que dice: “Yo ya no creo ni en lo que NO dicen los periódicos”. Es decir, hace cincuenta años ya se desconfiaba de lo que ponían los medios de (in)comunicación (¿todos?) de la época.
Una viñeta parecida la sacó “El Roto” muchos años después, en abril de 2020. En ella, un hombre ve que un periódico de papel (¿Quién leía en 2020 periódicos en papel?) dice: “No sé si leer las noticias falsas o las mentiras oficiales”.
La diferencia entre una y otra es que con la de “El Roto”, al aparecer en redes sociales, la gente puede opinar. Y opina sin tener ni idea de lo que significa la palabra agnotología.
Yo tampoco conocía qué es la agnotología, es más, he encontrado de casualidad su significado leyendo un artículo del diario digital El Salto.
El Salto es un periódico de izquierdas del que en Wikipedia dicen que es “democrático, de propiedad colectiva, descentralizado y financiado por la gente, no por grandes corporaciones”. A saber a qué se refieren con eso. Lo mismo tiene relación con la confianza y la desconfianza.
Sobre agnotología hay personas que saben mucho (pongo de ejemplo a Agustín Galán Machío que ha escrito un buen puñado de libros analizando tal palabreja), por lo que a veces, al escribir estas cosas, se me pone cara de “impostor”. Lo bueno de esto es que mientras escribo, voy aprendiendo. De eso se trata. Y más con la palabra agnotología que no es otra cosa que el estudio de la ignorancia.
Mejor que yo lo dice Celso Vargas en El Salto: “La agnotología ayuda a entender los tipos, los mecanismos, las expresiones, las funciones sociales e individuales de la ignorancia, así como las formas de manipulación de la información y de los resultados de la investigación científica y social”.

Me interesa el asunto por egoísmo puro y duro: quiero saber por qué soy tan ignorante y qué consecuencias tiene el que me manipulen los medios de información. Si es queme manipulan, claro.
Insisto en la viñeta de Chumy Chúmez. No hay nada inventado. Hace cincuenta años era así. Es más, en algún lado leí (aunque haciendo uso de mi derecho a la agnotología, tendré que profundizar en el asunto) que Hitler, ganó unas elecciones democráticas gracias a que Goebbels, el que fue ministro para la Ilustración Pública y Propaganda del Tercer Reich, se aprovechó de la ignorancia de las gentes del lugar.
Cuando después de ver la viñeta de El Roto, esa que dice “No sé si leer las noticias falsas o las mentiras oficiales” algunas personas dicen que eso es cosa de comunistas y de etarras, a lo mejor es que estoy poniendo el foco en lo que me interesa en este momento, sabiendo que no hay que dar plena importancia a todo lo que vemos, oímos o nos dicen (teniendo especial cuidado en “lo que nos insisten”, es decir, cuánto más nos repiten algo, hay que dudar o sospechar de ese “algo”, es lo que me dicta la experiencia)
En definitiva, la agnotología no es solo “ausencia de conocimientos” que se podrían paliar con una ley de Educación coherente, sana y equilibrada. Es mucho más.
Hay algunos que dicen que a veces es hasta mejor que nos mantengan (¿Quién o quiénes?) en la ignorancia, no sea que lo que nos cuenten tengan consecuencias negativas.
Hace años yo intentaba paliar esa ignorancia leyendo periódicos de todo pelaje y condición hasta que me cansé. Era demasiada información (la mayoría de las veces sesgada -torcida, esquinada, orientada…-) llegando a la conclusión que con tantas noticias falsas o no (medias verdades o lo que se llama posverdad) y desinformación que encontraba en los medios de (in)comunicación, mi vida se hacía peor, por lo que, como Chumy Chúmez hace cincuenta años, dejé de creerme incluso hasta lo que No decían los periódicos.
Fin.












