Mi amiga de entonces y de siempre, Encarna Chacón, me envía una carta que me publicó un periódico, hace veinte años, sobre la celebración del 25 aniversario de nuestra promoción de magisterio 1975-1978, en Cáceres.
En ella, hablaba de un reencuentro de compañeros y compañeras en el ecuador de nuestras vidas profesionales.
Al leerla, me han asaltado nombres, espacios, olores y la nostalgia de un tiempo que sé que no volverá pero que permanece casi inalterable en la memoria. Ella es el cemento que nos sigue, a muchos, uniendo en aquellas grandes utopías que hoy están en riesgo por la invasión de unos bárbaros y la conjura de los necios Ahora, los resistentes de entonces, organizan un nuevo encuentro y yo no podré estar. Quedo comprometido para la siguiente.
He leido “Bajo las ruedas” y ”Summerhill”; son las pulsiones que me llevan a estudiar magisterio, sintiendo una sensación euforizante al pensar que la escuela será una herramienta de transformación social. Cuarenta y cinco años depués me invaden cientos de preguntas sobre aquella ilusión desordenada que atrapó nuestras cabezas.
Visualizo aquellos primeros días de septiembre de 1975 cuando llegué a Cáceres. Era la segunda vez que pisaba sus calles. En la entrada capitalina, el autobús me deja en la estación que hay frente a la gasolinera. Cerca de allí, al lado del cine Astorias, localizo el piso que hemos alquilado entre varios colegas. Es un tercero, con una terraza prometedora para las tardes y las noches de primavera. Espacios desaparecidos pero parte de mi atlas afectivo.
Al día siguiente comenzaron a llegar vuestros rostros, vuestros inolvidables nombres. Voces que se fueron incrustando en el computador del alma y desde entonces, siempre me conmovieron.
Bajo a la plaza a otear el ambiente. Me siento en las escaleras que hay debajo del Arco de la Estrella, a la sombra de la torre Bujaco, y mientras como pipas, veo el paso de la gente. La plaza se presenta como una foto en sepia de lo que fenece y una refrescante postal de lo que viene. Una hilera de estudiantes hace cola en el locutorio de telefónica, al lado del ayuntamiento. Se nota el paseo relajado de funcionarios con bigote, acompañados de sus parejas, sin abandonar la corbata, el traje y los zapatos castellanos. Algún cura con sotana y sombrero, como el de un picador, atraviesa la plaza con paso decidido, llevando en su mano un misal; posiblemente para ofrecer sus servicios en alguna extremaunción o rezar el rosario en alguna casa señorial.
Pero lo que se hacen notar son las minifaldas ajustadas a la cintura, los pantalones acampanados, cabellos de largas enredaderas y bandoleras anchas al hombro fáciles para desenfundar, blusas estampadas de flores y colores gritando una palabra que da mucho miedo: ¡libertad! Jóvenes con pronunciadas barbas, con vaqueros o pantalones de pana, que huelen su final de carrera y pollinos despistados, como yo, viendo pasar el tiempo plaza arriba, plaza abajo. Hace algunos meses, el célebre Cabo Píriz ha hecho retirar del escaparate de la librería Figueroa una lámina de la Maja desnuda de Goya. Espero que no vuelvan aquellas oscuras golondrinas.
En una de las columnas de los soportales observo un dibujo del “Generalísimo”, con pintura negra, impreso sobre el granito; con la leyenda: “Franco Vive”. ¡Cómo si no supiéramos, que sigue vivo y coleando! Absorto en el graffiti, imagino el futuro tras su muerte. Y ahora, fugazmente ese futuro ya ha pasado, aunque permanezcan sombras de aquel tiempo que no terminamos de superar.
Pero me siguen asaltando vuestros nombres inolvidables; nombres a los que amé sin que vosotras lo supierais, nombres que me dejaron con la boca abierta de par en par, nombres de profesores y profesoras que luego imité para abrir las ventanas oxidadas de mi escuela. Y fu feliz, a pesar de que la revolución soñada nunca llegó; pero creí, soñé, transformé y a veces hasta me rendí para acumular más fuerzas.
Y sigo siendo feliz, con sobriedad, como cualquier persona que vivió aquel tiempo de pétalos en los fusiles, de bufandas rojas y negras, de bailes en Ars, en Faunos, de besos únicos encontrados en la noche de San Juan, de nombres inolvidables a los que siempre vuelvo a ver en una asamblea de estudiantes, en la primera huelga que hicimos, en una clase de historia o en una pintada callejera. Nombres que identifico, bañándonos tímidamente desnudos en las playas de “Ses Salines” de Ibiza, bailando en torno a una hoguera en “Ses Estaques”, en la “nit del foc”, o en Cabo Fomentor, en Mallorca. Y llevados de nuestra energía, al llegar a Cáceres y bajar del autobús en Paseo de Cánovas, ya en la despedida final, gritando en la oficina de viajes: “A las barricadas, a las barricadas, por el triunfo del turismo popular…” ¡Cómo poder olvidaros! ¡Amigos de entonces! ¡Pensamientos míos, voy a buscaros!. Un beso fuerte y el recuerdo eterno.













Miguel Coque
Muchas gracias por esas palabras que tanto recogen de lo que sentí en esos tiempos y siento ahora.
Lástima que no puedas asistir, yo asistiré, vivo fuera y no estoy muy conectada, pero la memoria está ahí, como tú bien describes.
Hasta la próxima
Asunción Briones
Hola Asun: te agradezco tus palabras. Seguro que el reencuentro será muy provechoso. Hay que seguir manteniendo lazos con los que un día formamos tiempos de utopías.
El próximo encuentro, no me lo pierdo.
Abrazo fuerte, compa.
Gracias, Coque! Creo que tu carta recoge perfectamente el sentir de todos los que comenzamos aquella andadura ilusionante hace ya cuarenta y cinco años.
Nos veremos el sábado y nos miraremos con los ojos de la añorada, pero no perdida, juventud.
Un abrazo, compañero.
Hola María Jesús: cómo te recuerdo. Siento no poder estar el sábado. Estoy en Barcelona. A la próxima, sin falta. Un abrazo fuerte.