Tras la muerte de Isabel II de Inglaterra se publicaron muchos artículos sobre su persona.
En uno de ellos se hacía referencia a la visita de la reina inglesa, un 17 de octubre de 1988, a España, entre otras cosas para dar respaldo a la monarquía española, representada en esos momentos por sus primos Juan Carlos I y Sofía. Isabel II tenía en esa fecha 62 años y estaba en su apogeo como personificación de una institución prestigiosa, como era la realeza. Visitó, Madrid, Barcelona y Sevilla y debió de gustarle, porque tras el viaje protocolario, estuvo descansando en Mallorca, casi de incógnito, unos días más.
Pero lo que me gustó de esta visita no fue el que merendara en panaderías locales o que fuera a ver tablaos flamencos con Juan Carlos I y Sofía, sino el discurso en el Congreso de los Diputados, reconociendo la Grandeza del Imperio español. «España y el Reino Unido se asientan sobre sólidas culturas, ambas ligadas egregiamente al árbol frondoso de la cultura europea. Shakespeare y Cervantes, Milton y Quevedo, Locke y Luis Vives […] se entremezclan en un proceso de desarrollo intelectual y estético del que son partes inseparables»… «España, al igual que Gran Bretaña, es uno de los pilares sobre los que descansa la civilización occidental. Desde los tiempos de Séneca, Marcial y Quintiliano, España ha estado a la vanguardia de los logros europeos»… «España fue el hogar de los descubridores del Nuevo Mundo».
Y siguió su discurso, con el enfrentamiento durante seis siglos, entre España e Inglaterra, admitiendo que: «España ha sido un adversario formidable y un aliado fiel y valiente. ¡Mi país conoce muy bien ambas facetas!».

Pero no citó, las decenas de batallas en las que la ‘Royal Navy’ fue barrida por la Armada española como en La Rochelle en 1372; el desastre de la Contraarmada en 1589; en la que el famoso pirata Francis Drake, no pudo contra una mujer, María Pita que muerto su marido, capitaneó una defensa con mujeres y una escasa guarnición en la Coruña, contra la que no pudo, o la ridiculización de los corsarios británicos en las Islas Azores allá por 1591; la defensa de Cartagena de Indias por Blas de Lezo y el virrey Eslava en 1738; la contienda en Pensacola durante 1781; la derrota de Nelson en Santa Cruz de Tenerife en 1797… Y muchas más. Pero los españoles, parece que sólo nos acordamos de la Batalla de Trafalgar, en la que un 21 de octubre de 1805, por la ineptitud del francés Villeneuve, los barcos españoles fueron derrotados por los ingleses al mando del almirante Nelson.
Porque una de las cosas que no hacemos y los ingleses sí, es como decía la reina Isabel en su discurso » recordar su historia con orgullo». Para ella, británicos y españoles estaban a la par. «Construimos los dos imperios más grandes que el mundo jamás haya conocido y les legamos nuestras jurisprudencias, nuestras creencias y nuestros idiomas»,
Pero la civilización británica, no tuvo nada que ver con la española. Es curioso que los mejores hispanistas, sean británicos y Stanley G. Payne en 2017, en un artículo, establecía diferencias entre el modo de construir este Imperio: «Los ingleses atacaron las aldeas para reducir a los nativos, en lugar de combatir contra ellos en el campo de batalla. Eso fue peor que lo que hicieron los españoles».
Y efectivamente, los ingleses fueron arrasando, a veces con engaños, no pactando o luchando frente a frente, y en sus conquistas, no repartían a partes iguales, sin privilegios, entre unos y otros, como hizo por ejemplo el emeritense Juan Rodríguez Suárez, aunque luego, al volver a ver el poblado fundado con unos y otros, se llevara una sorpresa, los indígenas habían matado a todos los españoles y se habían quedado con todo.

Sin embargo, en la mentalidad inglesa ellos eran superiores y podían permitirse los más rastreros trucos para vencer cualquier oposición. Como hizo Sir Jeffrey Amherst, comandante en jefe de las fuerzas británicas en América del Norte durante el siglo XVIII, que quiso mostrar a los indios que ellos iban amistosamente, y para mostrarlo, les regaló en 1764, mantas, pero estaban a propósito infestadas con el virus de la viruela, de esa manera, morirían sin luchar, como ocurrió. Y no era sólo una idea propia, se guarda un documento en el que se le dice «harías bien en intentar infectar a los indios con mantas, o por algún otro método» para «extirpar a esta raza execrable».

Sin embargo el espíritu de los españoles, siempre ha sido otro, no nos hemos vanagloriado de los éxitos, mas bien lo contrario, parece que sólo recordamos los fracasos.
Quizás podría valernos de ejemplo, uno de los grandes descubridores de América, el conquense Alonso de Ojeda. Proveniente de una familia humilde, debió su ascenso social al obispo de Badajoz, Juan Rodríguez de Fonseca, que con los años sería el obispo de Burgos y una figura fundamental para entender la historia de España. Reconoció en él, a una persona culta, inteligente, valiente y experto en armas.
Pero hay varios aspectos, que nos muestran algo que nos identifica. Sus grandes hazañas, como cuando en la Batalla de La Vega Real venció a diez mil indígenas con cuatrocientos hombres, no las valoró, pero sí sus fracasos, tan es así, que al morir, pidió ser enterrado el Monasterio de San Francisco, no junto al altar mayo, sin bajo la puerta mayor de entrada al Monasterio, para que todo el mundo lo pisara, con lo que de esa manera, castigarían sus errores. Se había casado con una princesa indígena, con la que tuvo tres hijos que al bautizarse tomó el nombre de Isabel. Pero fue tal su pena al morir su marido que murió a los cuatro días, y fue hallada sobre la sepultura de su marido.
Pues, seguimos igual, olvidamos nuestras las grandezas históricas y sin embargo, nos regodeamos en los fracasos y nos creemos las críticas ajenas.
En el discurso, la Reina Isabel II, seguía recordando un aspecto muy importante:
«Podemos contemplar con satisfacción la multitud de naciones independientes que hablan nuestros dos idiomas, que comparten nuestros valores y que, ahora, por sí mismas, contribuyen de manera destacada a la cultura mundial y a las relaciones internacionales».
Pero los españoles, no sabemos valorar ni vender adecuadamente, ninguna de las cosas que hemos heredado. Estamos orgullosos de las herencias romanas, y nuestras calles se llenan de estatuas de Augusto, Loba, o de Agripa, lo cual me parece muy oportuno, pero está guardada en el Ayuntamiento de Mérida, el busto del emeritense Juan Rodríguez Suárez, cuya estatua fue retirada de su pedestal en Caracas, ciudad que algunos creen fue fundada por él.

También el narrador colombiano nos dice que el caudillo Juan Rodríguez Suárez «pobló una villa, que intituló de San Francisco (manteniendo el nombre de su mismo valle) en el propio lugar que había estado el mal llamado «hato de ganado» (que es donde ahora está fundada la ciudad de Santiago), y repartida la tierra en los vecinos, nombrados alcaldes y regidores, trató con más empeño de sujetar con las armas los Caciques alterados del contorno.» Esta fue la versión dada por Pimentel referida a que el gobernador Collado envió al capitán Rodríguez Suárez, hombre antiguo en Las Indias y de experiencia en pacificaciones y poblaciones, quien recorrió parte de los términos de la ciudad de Santiago de León y, entrando en este valle en donde está poblada, la llamó el Valle de San Francisco y, en este asiento, fundó un pueblo que llamó la ciudad de San Francisco.»
Pero también fue retirado su busto de Mérida, y llevado a un almacén municipal.
Sin embargo, nos encontramos todos los días noticias que muestran dentro de España el desprecio de los propios españoles por nuestra lengua común. El 3 de octubre de 2022 se publicaba en un blog catalán la siguiente noticia» La Generalitad ha enviado una carta a las familias de Sant Joan de Vilatorrada, anunciándoles que «este curso el Departamento de Educación ofrece la posibilidad de que vuestro hijo/a asista a clases de lengua árabe como actividad escolar. El profesor es Mohamed Farouk Hilali, es profesor licenciado de lengua árabe en Marruecos. Actualmente también da clases de árabe en algunas escuelas e institutos de Manresa e Igualada, y también para profesorado. Las clases son gratuitas y se harán los martes de 16:45 a 18:15, a partir del 11 de octubre, en las instalaciones del ESC Ametllers»
El problema no es que se enseñe árabe, pagado con los impuestos de todos los catalanes, es que se impide en las escuelas la enseñanza del ESPAÑOL, y ni tan siquiera quieren dar el 25% prescriptivo.
Pero no hay que ir muy lejos, para apreciar el abandono y el desprecio de nuestra lengua. Ir por la calle, nos muestra, la cantidad de anuncios y frases en inglés que nos encontramos en todas partes. Basta ver una fotografía que hice en un supermercado, a una estantería de camisetas. ¿Ven alguna con una inscripción en ESPAÑOL? No.
Pues, contra los hechos, sobran argumentos.

Y ¿qué pasó el 12 de octubre de 1492? Un pequeño grito que cambiaría el mundo. Desde la Pinta, uno de los barcos que habían salido desde Palos en Huelva, Rodrigo de Triana gritó, dos horas después de la medianoche del día 11. ¡Tierra a la vista! Los barcos españoles, que habían salido del puerto de Palos eran la Pinta, la Niña y la Santamaría, y el largo viaje había provocado varios intentos de amotinamientos por la desesperación de los marineros cansados de no ver el fin de la travesía. Que fueron controlados por los hermanos Pinzones.
El diario de Colón, lo contó así: «El Jueves 11 de octubre: A las dos horas después de media noche pareció la tierra de la cual estarían dos leguas amainaron todas las velas, y quedaron con el treo, que es la vela grande sin bonetas, y pusiéronse a la corda, temporizando hasta el día viernes, que llegaron a una islita de los Lucayos, que se llamaba en lengua de indios Guanahaní. Luego vinieron gente desnuda, y el Almirante salió a tierra en la barca armada, y Martín Alonso Pinzón y Vicente Yáñez, su hermano, que era capitán de la Niña. Sacó el Almirante la bandera real y los capitanes con dos banderas de la Cruz Verde, que llevaba el Almirante en todos los navíos por seña, con una F y una Y: encima de cada letra su corona, una de un cabo de la cruz y otra de otro. Puestos en tierra vieron árboles muy verdes y aguas muchas y frutas de diversas maneras.
El Almirante llamó a los dos capitanes y a los demás que saltaron en tierra, y a Rodrigo de Escobedo, escribano de toda la Armada, y a Rodrigo Sánchez de Segovia, y dijo que le diesen por fe y testimonio cómo él por ante todos tomaba, como de hecho tomó, posesión de la dicha isla por el Rey y por la Reina sus señores, haciendo las protestaciones que se requerían, como más largo se contiene en los testimonios que allí se hicieron por escrito. Luego se adjuntó allí mucha gente de la isla.»
Y así comenzó, una época en la que los españoles mostraron su valor, su amor a la tierra que habían encontrado, y dieron unas leyes que igualaban en derechos y obligaciones a los llegados y los que se encontraban en esos lugares.
Y esto lo captaron los indígenas, que sabían que tras la independencia de las naciones de España, saldrían perdiendo y se unieron a los ejércitos españoles para luchar por la unión. Y efectivamente tenían razón, fueron relegados, y despreciados, por los nuevos gobernantes. Pero luego todas estas tropelías que realizaron contra ellos, nos las han querido colar a los españoles. Lo peor es que muchos, no sólo de estas naciones hispanas, sino españoles de nacimiento, se lo han creído.













