Todavía estábamos en junio, cuando los medios de comunicación se hacían eco de un hecho terrible que estaba ocurriendo en España, y todavía faltaban un par de meses dramáticos, en los que nuestros montes seguirían ardiendo.
«España se quema en 2022: récords dramáticos de hectáreas calcinadas con 247.667 en 51 incendios».
Y en cierta manera se percibían sospechas de que la causa profunda de que esto estuviera sucediendo, podrían tenerlas ciertas decisiones que han dado la espalda a los legítimos dueños de estos montes, la ciudadanía y los ayuntamientos que forman parte de su término municipal. La Administración, posiblemente por hacer caso a intenciones buenistas, globalistas de defensa de la Tierra, y cosas semejantes, de los «pseudoecologistas» cuya inmensa mayoría quiere desde su vida en las ciudades organizar la vida de los pueblos, a los que da la espalda y les quita el poder usar y disfrutar como habían hecho siempre de los recursos de su entorno.
A veces me recuerdan los habitantes de estos pueblos, a los indígenas de países como Brasil, con los que tanto se les llena la boca a todos estos buenistas y posiblemente tengan razón porque, según parece, les están quitando los terrenos de la selva amazónica, cortando árboles para venderlos y convertir los terrenos en cultivos, impidiéndoles todo derecho a decisión y desalojándolos de la Amazonia, porque el mismo efecto, pero por lo contrario, al negarles todo derecho sobre lo que siempre había sido suyo, está ocurriendo en nuestros pueblos del interior, en uno de los cuales he pasado este verano, y en los que sus montes ya no son algo querido y riqueza para ellos, sino temido y un cúmulo de problemas y vetos, no sólo, por el peligro de los incendios sino como constatan los que han ido a hacer senderismo, hay un abandono total, porque ya que no pueden, como habían hecho siempre, disponer de ellos y rentabilizar sus recursos, porque se los ha apropiado la Administración.

Entre ellos el recoger piñas y ramas secas, para en los fríos inviernos, utilizarlos. Pero es que la proliferación de animales como jabalíes o cérvidos, se han convertido en un problema añadido para sus cosechas (los girasoles y cereales están comidos) y huertos, a los que se ven obligados a vallar, cosa que no habían hecho nunca. Aún así, sirve para poco, porque ante el festín que se ofrece a su vista de judías, espinacas, patatas, pepinos, zanahorias…, hacen brechas en los cercados y acaban en unos minutos con el trabajo y la ilusión de los que esperaban poder comérselas, sin necesidad de comprarlas en el tendero ambulante, o en el supermercado cuando bajan a la ciudad.
En el 2006, ante la creación, sí o sí, de un Parque Natural, en ese pueblo, de unos 100 habitantes censados, del que proviene mi familia y en la que conservo la casa de mis abuelos, la gente recurrió a mí para que les echara una mano, ante los perjuicios en los que sin ser estar muy informados veían venir. Ante su insistencia y desamparo, pedí a un par mas de mis primos, abogados y con raíces en el pueblo, estudiar el tema. Nuestras visitas a las diversas sedes de los partidos, en la capital de la provincia, fueron desoladoras.
Pero nuestras actuaciones, algunos artículos que escribí y las apariciones en la televisión regional tuvieron más eco de lo esperado, en los medios y varios pueblos nos pidieron ayuda. Ante ello los responsables políticos, como el delegado de Medio Ambiente, nos recibió. En su despacho, tras exponernos las bondades de sus actuaciones saqué el informe que habían hecho, del «PLAN DE ORDENACIÓN DE LOS RECURSOS NATURALES» que pretendían aplicar.
Y le leí algunos apartados.

-«Dado el carácter marginal de la agricultura en esta zona, se plantea el apoyo mediante ayudas agroambientales a la conversión de terrenos agrícolas en pastizales extensivos para la ganadería y la caza mayor…la conversión de las actuales zonas de cultivo en pastizales naturales extensivos para aprovechamiento a diente qyue favorezcan a la fauna silvestre» ¿Y de qué esperan que vivan los del pueblo? Cuando otro de los párrafos dice: » Igualmente se adoptarán, mediante los instrumentos de planificación del Parque Natural, o mediante resoluciones específicas las medidas para EVITAR LOS EFECTOS NEGATIVOS QUE PUEDE PROVOCAR EL PASTOREO SOBRE SUELOS CON GRAVE RIESGO EROSIVO, TRAMOS DE REGENERACIÓN DE BOSQUE …Se mantendrá un sistema de los efectos del pastoreo y del herbivorismo silvestre sobre las diversas comunidades vegetales» (O sea, se acabó como se había hecho siempre el meter el ganado en el bosque)
Lo que implicaba que los bosques se llenarían de yerbas secas. Y no sólo eso. Ya no se cortan los árboles, y se acumulan los secos, porque no se puede recoger madera, pero es que además, en caso de que se corten «la saca de madera (se hará) mediante mulos y bueyes , especialmente adecuada en pendientes fuertes»
¿De dónde esperan sacar, a estas alturas, mulos o bueyes ? Porque ante esta actuación me imagino la protesta de los animalistas, por las condiciones de trabajo de estos animales y tampoco les quito mucho la razón. Pero es que además, si se produjera una corta, se tendría que hacer lo siguiente.
«Cuando los restos de las cortas no sean extraídos para su utilización , se tratarán por fragmentación con motosierra o desbrozadora y se depositarán de forma dispersa sobre el suelo lo mas pegados posible al mismo, para favorecer su mas rápida descomposición»

Tras leer estas cosas, le mostré un folleto con los «10 PUNTOS A RECORDAR PARA PREVENIR LOS INCENDIOS»
Y le comenté.
-Creo que falta uno. El más importante por el que se producen los fuegos.
.¿ Cuál?
Me preguntó.
-Ustedes, que legislan todas estas cosas que le he leído.
Y…, se levantó, con la cara desencajada y nos de echó de malas maneras del despacho.

Pero mi infancia, y en cierta manera mi vida está unida a los pinos y a la «fábrica» de madera, como le llaman en mi ciudad de origen, a los aserraderos, de mi padre. Hacía cortas en los pueblos, con lo que estos conseguían unos ingresos, con los que pagaban hasta las fiestas de los patronos. El serrín, los trozos de madera resultante de la corta de los tablones, eran la «energía» que se utilizaba en aquellas estufas o fogones, o el picón y carbón de los braseros y esta «energía» era auténticamente energía renovable y económica sin manipulación de impuestos y recortes del Estado o las grandes compañías eléctricas o de gas.
Pero…, dirían los «pseudoecologistas», ahora ya no se cortan árboles que limpian la atmósfera. Pero no se dan cuentan que estas cortas estaban reguladas, eran una fuente de ingresos para estos pueblos que ahora se están despoblando y conseguían que el monte estuviera cuidado y no se echaban a perder, con los incendios miles de hectáreas de esos árboles, que la Administración y estos «pseudoecologistas» tanto quieren proteger, porque reconozcámoslo, a veces, (no pocas) «hay amores que matan».












