Comenzó como un leve chispeo, apenas unas débiles gotitas, calabobos o sirimiri (poco a poco, pero continuamente) calando y arreciando ahora a tormenta o lluvia torrencial. Son numerosas las solicitudes de baja en el Partido Socialista Obrero Español tras el compendio de barbaridades que su secretario general, Pedro Sánchez Pérez-Castejón, está llevando a cabo desde las últimas elecciones generales.
Parafraseando al otrora dirigente y número dos del partido, Alfonso Guerra González, a este PSOE sí que: “no lo conoce ni la madre que lo parió”, mejor dicho, ni el ferrolano Pablo Iglesias Posse (político de ideología marxista, fundador del partido de clase y del sindicato Unión General de Trabajadores).
A punto de cumplirse el siglo de la muerte de su fundador, no merece su memoria ni la historia de este partido el cúmulo de fechorías que el presidente del Gobierno de España está perpetrando, desoyendo a propios y extraños, con el único interés de seguir en el confortable Palacio de la Moncloa.
En nuestra Comunidad Autónoma, el reflejo de lo que acontece a nivel nacional es la tristeza de una militancia que apenas entiende y, sin duda, no comparte buena parte de las decisiones de Ferraz.
Difícil tránsito para aquél o aquéllos que sean los encargados de tomar el relevo del forense emigrante enfermo y tener que definir las líneas políticas de un partido descafeinado tras el periplo de quien hasta ahora ostentaba esa responsabilidad.
Juan Carlos Rodríguez Ibarra padeció un infarto al corazón, llegando al límite, debido al estrés causado por los infatigables pedigüeños independentistas. En el caso de Guillermo Fernández Vara entendemos que algo habrá influido en su patología el haberse visto obligado a tragar y soportar similares circunstancias o reivindicaciones.
Bajas en el PSOE y PSOE a la baja, por unos dirigentes nacionales que han abandonado sus orígenes humildes y que, cegados por la adoración al ídolo, cual contemporáneo becerro de oro, no dudan en pactar con el diablo con tal de mantener su estatus de nuevos ricos, sacrificando en el empeño los ideales del partido español más longevo.













De ilusión también se vive! Os queda una larga travesía del desierto! Ajo y agua