Ay, pero qué agarrado era aquel Scrooge! ¡Viejo pecador avariento que extorsionaba, tergiversaba, usurpaba, rebanaba, apresaba! Duro y agudo como un pedernal al que ningún eslabón logró jamás sacar una chispa de generosidad; era secreto, reprimido y solitario como una ostra. La frialdad que tenía dentro había congelado sus viejas facciones y afilaba su nariz puntiaguda, acartonaba sus mejillas, daba rigidez a su porte; había enrojecido sus ojos, azulado sus finos labios; esa frialdad se percibía claramente en su voz raspante”.
Esto dice Charles Dickens del viejo Scrooge al principio de su “Cuento de Navidad” (de 1843)
-De Scrooge me he acordado al pensar en los Bancos, así en abstracto. Y luego del significado de la palabra usurero: 1. Persona que presta dinero con usura. 2. Persona que saca un beneficio o provecho muy alto en un asunto o negocio. La usura es el “Interés excesivo en un préstamo”.
-También de Shylock, el personaje de “El mercader de Venecia” de William Shakespeare, un despiadado prestamista y usurero judío.
-Me acuerdo de Scrooge y de Shylock pensando en el sistema financiero y bancario mundial (que no en los empleados de banca) en el cual estamos inmersos de toda la vida (que yo recuerde) “consentidamente”.
-Podría escribir sobre la AEB. La AEB es la Asociación Española de Banca. Si uno entra en su página de internet, lo primero que encuentra es un texto del pasado 5 de enero de la presidenta de dicha asociación que empieza así:
“En el año en el que Bizum ha superado los 21 millones de clientes en España…”. Argumento suficiente para entender lo contradictorio de nuestras quejas y reclamaciones verbales.
-También puedo contar lo que sé de la Banca Ética. O, en contraposición, que la liga de fútbol tiene nombre de Entidad Bancaria.
-O sobre que en España, en 1983 el conglomerado empresarial de Ruiz Mateo, Rumasa, fue expropiado alegando utilidad pública e interés social, apoyado sobre los artículos 33.3 y 128.2 de la Constitución, revisado todo por el Tribunal Constitucional. Lo que quiere decir que con estos antecedentes no debería ser dificultoso nacionalizar la banca vía expropiación. Uno de los requisitos necesarios sería que el partido político que lo hiciera no debería estar avalado o financiado por una entidad bancaria. Pero esto es hablar por hablar.
-Podría escribir sobre la Ley 38/2022, de 27 de diciembre, para el establecimiento de gravámenes temporales energético y de entidades de crédito y establecimientos financieros de crédito y por la que se crea el impuesto temporal de solidaridad de las grandes fortunas, y se modifican determinadas normas tributarias, que parece el pistoletazo de salida para el aumento de los tipos de interés. O no.
-O sobre lo que cuenta el economista Juan López Torres en su libro “Toma el dinero y corre. La globalización neoliberal del dinero y las finanzas”. Es de 2005, pero como si fuera de 2023.
-O que Carlos Taibo en su libro “Colapso. Capitalismo terminal”, habla de la crisis financiera y de la “dramática incapacidad de los sistemas monetario, bancario y de inversiones para adaptarse a la escasez de recursos y a los costos medioambientales”. Por ejemplo.
Pero no quiero. Nada de todo esto tiene que ver con el día a día, con la dura realidad. O sí. Lo único que se me ocurre es decir que si el único Dios que existe es el dinero, los bancos son su depositario.
Y si no, que se lo digan al Scrooge del principio del cuento o a Shylock.
Fin.












