Uno de los misterios insondables de la vida, uno de los grandes secretos sin respuestas, uno de los arcanos de la humanidad, uno de los enigmas incognoscibles del universo mundo y yo diría más, lo único que quita el sueño a los guionistas del programa de Iker Jiménez es saber por qué en tercero, cuarto y quinto de EGB cada vez que salíamos al campo de excursión con el colegio en el autobús, cantábamos a voz en grito las mismas canciones. Estas.
¿Nadie se ha planteado nunca por qué había una vez un barquito chiquitito, había una vez un barquito chiquitito, que no podía, que no podía, que no podía navegar y que pasaron un dos tres, cuatro cinco seis semanas?
Y no hablemos del patio de mi casa que es particular, cuando llueve se moja como los demás, agáchate y vuélvete a agachar que los agachaditos no saben cantar. Tengo yo las rodillas como para contraer y doblar mucho el cuerpo en dirección al suelo.
El corro de la patata comeremos ensalada lo que comen los señores naranjitas y limones, atupé, atupé, sentadito me quedé. Ser un señor para comer naranjitas y limones. Lo del atupé o tupé es otro nivel. Y lo de sentadito me quedé fue la segunda vez que intenté agacharme, las rodillas sonaron “crujientes” y como el barquito chiquitito, no pude, no pude, no pude, navegar.
Un elefante se balanceaba en la tela de una araña, como veía que no se caía, llamó a otro elefante, dos elefantes se balanceaban en la tela de una araña, como veían que no se caían llamaron a otro elefante. Así hasta diez elefantes. ¿Nadie le contó nunca al autor de la canción que diez elefantes haciendo sus necesidades juntos pueden hacer un agujero en la capa de ozono. Tiene tela el asunto. De araña. De las resistentes.
Al pasar la barca me dijo el barquero, la chicas bonitas no pagan dinero. Racismo, machismo. Y luego, si van a la discoteca, el barquero paga siete euros para entrar y las chicas bonitas, a saber.
Ahora que vamos despacio vamos a contar mentiras tralará, vamos a contar mentiras tralará, por el mar corren las liebres, por el monte las sardinas. Tralará. ¿Despacio en estos tiempos que corren que todo va tan acelerado que no da tiempo ni de ver corriendo liebres por el mar? Luego, lo otro sí, cuando el entierro de la sardina, alguna he visto yo por el monte.
Tengo una vaca lechera, no es una vaca cualquiera, me da leche merengada, ¡ay!, que vaca tan salada tolón tolón. ¿Merengada? ¿Eso no se le dice a la afición del Madrid atolón, atolón?
Debajo un botón ton ton, que encontró Martín había un ratón ton tón, hay que chiquitín. Tin Tin. El botón seguro que es de un traje de payaso.
Si quieres ser conductor de primera acelera, acelera, si quieres ser conductor de segunda ponte funda. ¿Funda? ¿Qué funda? ¿de fundar? ¿de fundir? Que nadie te confunda. O sin funda.
Donde están las llaves matarile rile rile, en el fondo del mar matarile rile ron chimpón. Quién irá a buscarlas matarile rile rile, quién irá a buscarlas matarile rile ron chimpón.
Al fondo del mar van los buzos. Y los batiscafos. Pero yo mejor cambiaba la cerradura de casa y compraba otras llaves. Con esta melodía le doy matarile a mi escrito.
Chimpón.












