La Comisión del Estatuto del Diputado del Congreso acordó este martes, por unanimidad, dar trámite al suplicatorio solicitado por el Tribunal Supremo en la persona del diputado cacereño Alberto Casero Ávila. El magistrado del Supremo Andrés Palomo ha reclamado a la Sala de lo Penal que se dirija al Congreso de los Diputados para «pedir el suplicatorio para proceder penalmente contra el diputado del PP Alberto Casero Ávila, al apreciar contra él indicios racionales de presuntos delitos de prevaricación y malversación, por determinados acuerdos y contratos de servicios que realizó cuando era alcalde de Trujillo, en 2017 y 2018».
Es más que probable que este asunto se trate en el pleno del Congreso del 6 de octubre y tras lo cual Casero dejará de ser aforado y tendrá que enfrentarse a la acción de la Justicia. El monto que Alberto Casero habría despistado no es muy elevado, pero cuando se habla de lo público ni mucho ni poco: en concreto serían alrededor de 123.000 euros, que nadie dice que se haya llevado para su casa pero que sí gastó sin las facturas y contratos pertinentes.
Hace unos días, el periódico El Español decía que Casero estaba en Trujillo «hundido y leyendo a Lenin». Lo que no especifica es si está hundido por leer a Lenin, él que es de ideología democristiana, o por la que se le avecina.
Se van cumpliendo etapas y María Guardiola quema cartuchos contra el presidente de la Junta de Extremadura, que no tiene ni un borrón en su expediente, y sigue sin pedir la dimisión del cacereño, pero es que, quizás, no puede porque ha sido su valedor en Génova desde que se decidiese que la Guardiola iba a ser la lideresa del Partido Popular de Extremadura. Fue Casero, junto a Lau León y Manuel Naharro los que decidieron cargarse la candidatura de Fernando Pizarro y colocar a esta mujer que lo único que está haciendo bien es que se la conoce con su «Habla Extremadura». Incluso, ha contratado una fotógrafa profesional (exreportera de El Periódico) que la sigue a todas partes; en cuanto a periodistas, la cosa anda mucho más floja.
Pero, a lo que vamos. Casero va a perder la condición de aforado el día 6 de octubre y hay dos opciones: o apoyarle ante el juez del Supremo o decirle que contrate a un abogado y se defienda de las acusaciones; quede claro que este periódico cree en la presunción de inocencia, pero ya que no valen medias tintas: o se está a muerte con Alberto Casero Ávila o se le deja ante los leones y que se las apañe él solito.
María Guardiola tiene ahora que decidirse y pronunciarse y no continuar con el soniquete de que Vara lo hace todo mal. Pues no. Hay cosas que hace bien o otras no tan bien pero, en general, es un buen presidente de la Junta de Extremadura. Aparte de que se le cae la baba con sus dos nietas que son las que muestra a María Guardiola en el teléfono móvil en el encuentro de cortesía que mantuvieron en julio, y la razón de ser de que haya decidido presentarse a las elecciones de mayo de 2023.
Aquí, señora lideresa, no vale esconder la cabeza en la arena como hacen los avestruces. Aquí y ahora la Guardiola tiene que demostrar, a pecho batiente, que es la lideresa del Partido Popular extremeño y que en su partido no hay corruptos. Perder esta oportunidad será condenar al partido al ostracismo más absoluto, en el supuesto, claro, que haya conseguido superar ya la etapa agónica de José Antonio Monago.
Señora Guardiola, dejemos que los tribunales de justicia hagan su trabajo de manera libre e independiente, como no puede ser de otra forma, y usted, como representante de un partido pida las responsabilidades políticas que tenga que pedir. De lo contrario, usted será una pobre niña bien que está jugando con las muñecas de segunda mano que le envían desde Madrid. ¡Ya lo veremos!












