Nacido en París en 1628, donde falleció el 16 de mayo de 1703, Charles Perrault fue un privilegiado toda su vida. En ese siglo XVII, el que él vivió y anterior a la Revolución francesa, aún subsistía (en Francia, en España) la sociedad ternaria medieval, es decir, aunque el pueblo llano representaba el noventa y tantos por ciento de la población total (en Francia, en España) los otros dos estamentos sociales, el clero y la nobleza, eran quienes tenían el poder y los privilegios.
El economista Thomas Piketty lo cuenta mejor que yo:
-“El clero era la clase religiosa e intelectual: se encargaba de la dirección espiritual de la comunidad, de sus valores y de su educación; daba sentido a su historia y su devenir y proporcionaba para ello las normas y referencias intelectuales y morales necesarias”.
-“La nobleza era la clase guerrera y militar: manejaba las armas y aportaba seguridad, protección y estabilidad al conjunto de la sociedad; evitaba así que la comunidad se hundiera en el caos permanente y en el bandolerismo generalizado”.
-“El tercer estado era la clase laboriosa y plebeya (sumida en la ignorancia, analfabeta); agrupaba al resto de la sociedad, comenzando por los campesinos, artesanos y comerciantes; por medio de su trabajo, permitía al conjunto de la comunidad alimentarse, vestirse y reproducirse”.
En definitiva: abajo de la escala social: siervos y los vasallos; arriba: nobles, militares y señores y el clero (que era parasitario porque no trabajaba ni tenía hijos que heredaran sus privilegios).
El padre de Charles Perrault era abogado en el Parlamento, lo que hizo posible que el futuro escritor tuviera una buena infancia y asistiera a las mejores escuelas de la época. Mientras casi nadie sabía leer ni escribir, él dedicó toda su vida al estudio (ni que decir tiene que hace trescientos veinte años las desigualdades sociales eran mucho más acentuadas que hoy en día).
Académico, canciller, secretario, académico y escritor, se dice que la mayoría de las obras (46) de Perrault, fueron loas al rey de Francia. Tenía cerca de setenta años cuando le publicaron la obra por la que es conocido. Libro que se tradujo en España como “Cuentos de hadas”, “Cuentos de antaño”, “Cuentos de viejas” o “Cuentos de Mamá Ganso”.
Ese libro lo conformaron ocho cuentos tradicionales (orales), que él no inventó sino que los escribió y les puso una moraleja. Dese aquellos años existe cierta polémica: los cuentos los publicó a nombre de su hijo y se dice que eran demasiado primitivos e inmorales para ser de Perrault, por lo que realmente no se sabe quién fue realmente el transcriptor (más que el creador).
Estos son los ocho cuentos de Perrault (a cual de ellos más conocido, excepto el de Riquete):
La Bella durmiente
Caperucita Roja
Barba azul
El Gato con Botas
Las hadas
Cenicienta
Riquete el del copete
Pulgarcito
Estos cuentos llegaron al siglo XX muy traducidos y por tanto, manipulados, por lo que no tienen casi nada que ver lo que nos contaron en la realidad. Es un tema bastante tan interesante que hasta ha generado tesis doctorales.
Perrault sigue siendo (en el siglo XXI) el sexto autor francés más traducido de todos los tiempos después de Jules Verne, Alexandre Dumas, Georges Simenon, René Goscinny (el autor de Asterix, Iznogoud, El pequeño Nicolás y Lucky Luke) y Honoré de Balzac.
Me resulta tan interesante le evolución o involución que sufrieron los tan conocidos ocho cuentos “de Perrault” (autor del que hoy, 16 de mayo de 2023, se cumplen 320 años de su fallecimiento) que tantas veces nos contaron de pequeño, que no puedo dejar de reseñarlo, pero ahora solo puedo decir que esta historia (continuará…).












