Bruno Bettlheim en su libro “Psicoanálisis de los cuentos de hadas” (libro de 1975) dice que el cuento de hadas “La bella durmiente” habla de la pasividad de la adolescencia como paso previo a la frenética actividad posterior a la pubertad. Los adolescentes, de pronto, intentan recuperar el tiempo perdido, poniendo a prueba su masculinidad o su feminidad “a través de peligrosas aventuras”, debiendo abandonar la seguridad de la niñez.
El mensaje es que no es mala la pasividad en la adolescencia con los bien diferenciados roles (que se imponían en aquellas sociedades…) en el que la mujer es pasiva -duerme todo el tiempo- y el hombre, que es el que la busca y encuentra y actúa (el que besa es el hombre, la mujer es besada). Esos estereotipos quedan así reforzados. Por suerte, los tiempos cambian, pero es bueno saber de dónde venimos, de dónde viene todo.
Caperucita roja. No hace falta contar la historia de la niña de la capa y la capucha roja que le llevaba comida en su cestita a la abuelita. El lobo feroz, haciéndose pasar por caperucita (pero qué ojos más grandes tienes, son para verte mejor, pero qué nariz más grande tienes, es para olerte mejor, etcétera), se comió (se la tragó de un solo bocado) primero a la abuela y después, a Caperucita. Luego un cazador las salvó sustituyéndolas en la barriga por piedras.
El cuento es más terrorífico de lo que parece. Y tenía la misión: el miedo. Nos lo contaban para que tuviéramos conciencia de que no había que juntarse con desconocidos y que había que hacer caso de lo que dijeran nuestras madres: Caperucita por desviarse del camino que le habían dicho que siguiera, se encontró con el lobo feroz que la engañó.
Charles Perrault al escribir el cuento lo suavizó porque lo que a él le llegó es que el lobo descuartizaba a la abuela y luego invitaba a Caperucita a que comiera la carne y bebiera la sangre de su abuela.
La moraleja ya está dicha: no te fíes de nadie y cuánta más labia y más amable sea la persona -si te persigue por la calle-, peor es.
Todos estos cuentos, en definitiva, desarrollaron nuestra personalidad, nuestro carácter y yo diría que nuestras ideas preconcebidas y prejuicios.
Y surgen las preguntas:
¿Qué culpa tienen los lobos? ¿Por qué nos gusta el color rojo? ¿Las abuelas son siempre buenas y necesitan ayuda? ¿Las nietas -que no nietos- llevan comida a las “indefensas” abuelitas? ¿Los cazadores son héroes? ¿Siempre que nos desviamos de lo que nos dicen que es lo correcto nos “comen”? ¿Es mejor el deber o el placer?)
En definitiva y para terminar, solo indicar que mucho de lo que conocemos de los cuentos de Perrault, “La bella durmiente”, “Caperucita roja”, “Cenicienta” (cuento cuyo título original en francés es: “Cendrillon ou la Petite Pantoufle de verre” y “cendrillon” significa “La que es responsable del doloroso trabajo de la casa, la criada, la pobre doncella, la humillada”) es gracias o por culpa de las películas de Disney, pero también es cierto que bastante distorsionado debido a la censura franquista.
Un par de ejemplos, la parte de la ogresa en “La bella durmiente” o cuando el lobo se come a la abuela en “Caperucita roja”, son suprimidas de los cuentos porque “son historias que resultan crueles para los niños”.
Existen expedientes de censura de la época franquista en donde se lee cómo obligaban a los traductores de los cuentos de Perrault (y otros) a cortar por donde el censor indicaba, pero esta es… otra historia.
Fin.












