Parece que fue ayer cuando la aún candidata y hoy presidenta se subía al entarimado de la muy extremeña plaza emeritense de Luis Chamizo y celebraba con militantes, simpatizantes y votantes del Partido Popular y de Vox la derrota en las urnas frente al Partido Socialista Obrero Español.
Cien días, cien, desde que se constituyera legalmente la Junta de Extremadura, tras que asombrados asistiéramos a la ceremonia de la confusión donde María de Extremadura tuvo que desdecirse para redefinirse como María del PP.
Hoy, nos atiende lozana y sonriente, tal cual es y nos enumera sin rubor las bondades de este recién comenzado curso político, tras las más que generosas vacaciones que sin duda sirvieron para retomar con mayores energías los compromisos e ilusiones que atesora.
Una vez enmendado el tremendo error de nombrar a una persona un tanto fantasiosa como consejera de Gestión Forestal y Mundo Rural, parece que por fin se centra en las labores propias de su responsabilidad como presidenta de nuestra Comunidad Autónoma.
Soraya Vega, portavoz del Grupo Parlamentario Socialista, tiene donde entretenerse y al igual que le recomendamos paciencia y sosiego en un inicio, ahora la animamos a que nos deleite con su verbo fluido y ejerza la democrática labor de oposición tal cual es su vocación y empeño.
Quizá lo primero sea que además de dedicarse al autobombo y elogio de su persona, (yo, me, mi, conmigo) la consejera de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Sostenible, termine de completar el cuadro directivo o ejecutivo de su equipo, siempre y cuando tenga tiempo entre programa y programa radiofónico, subvencionados para mayor gloria de la lideresa.
Más nos valdría que escuchara un poquito, en vez de tanto hablar, y atendiera a los avisos que desde estos editoriales le obsequiamos, a ver si se entera que los poco más de ciento treinta millones que, tan penosa y deficientemente ha gestionado, es apenas una nimiedad comparado con lo que debería haber adelantado al campo extremeño si estuviera centrada en su obligación y no dependiera de cuestiones de amistad en lugar de criterios profesionales.
Para finalizar nos permitimos afear una conducta que, por demagógica y partidista, comienza a ser de mal gusto, basta de comenzar cualquier comparecencia acusando de malos gestores a los anteriores, a todo hay quien gane y si no… al tiempo.












