Entre los cientos de libros -no exagero- que voy leyendo a salto de mata, hay uno que me echa para atrás porque abarca cerca de mil páginas y mi impulso primario es acabar los que rondan las doscientas (páginas) para así poder decir que he leído muchos libros. Las estadísticas son el signo de los tiempos.
El libro al que me refiero tiene que ser buenísimo. Estoy seguro de que cuando lo termine de leer, aprenderé a conocerme y a entender las acciones y reacciones del género humano.
Lo que me hizo comprarlo fue una pregunta que aparece en la contracubierta:
“¿Qué sucedió en el cerebro de una persona un segundo antes de que se comportara así?”
No me importa cómo «se comportara», sino qué sucedió en el cerebrode esa persona. Soy un entusiasta de los cerebros.
Robert Sapolsky, un reputado neuroendocrinólogo -vaya oficios más asombrosos inventa el género humano- es el autor del libro que se titula en español “Compórtate. La biología que hay detrás de nuestros mejores y peores comportamientos”.
De la editorial Capitán Swing y traducido por Pedro Pacheco González, tiene en la cubierta una pegatina en la que se lee que según varios periódicos y revistas estadounidenses es “El mejor libro de ciencia de 2017”.
No tengo ni idea de qué hago intentando leer un libro de ciencias de hace siete años. Y menos contándolo.
Es escuchar o leer “ciencias”, “cerebro”, “estadísticas”, “neuroendocrinólogo” y me entran ganas de salir huyendo.
Es mucho más entretenido hablar de temas de actualidad dónde va a parar.
El libro empieza con una fantasía en la que el autor imagina que secuestra a Hitler y se lo queda. Enseguida se pregunta qué hacer con él. Dice que lo primero que haría, de forma impersonal y para distanciarse un poco, sería cortarle la espina dorsal a la altura del cuello para que Hitler quedase paralizado, pero que aún así, pudiera seguir sintiendo.
Luego le extraería los ojos con un instrumento romo y le perforaría los tímpanos y le arrancaría lo lengua y le inocularía un cáncer.
Y no sigo, esto va pareciendo una película gore -sangrienta a más no poder- de serie B. Y a saber dónde tenemos la espina dorsal.
Mejor no cuento las bestialidades que se le ocurren hacer a Hitler. El autor del libro dice que son fantasías que tenía desde pequeño. Que él, Sapolsky, sería un malvado con el alma del malvado Hitler, pero, añade, él no cree ni en el mal ni en el alma. Y aunque siente que algunas personas se merecen la pena de muerte, él está en contra de la pena de muerte. Y que aunque de pequeño jugó con pistolas laser, ahora, a sus cincuenta y tantos años (los que tenía cuando escribió el libro) está a favor de un estricto control de las armas.
Sapolsky, remata la jugada diciendo que tiene “una confusa variedad de sentimientos y pensamientos sobre la violencia, la agresión y la competencia, como le pasa a la mayoría de las personas”.
Esto lo encuentro en un par de páginas de las del inicio de las casi mil del libro de Capitán Swing.
Es normal y entendible que pueda entusiasmarme con un libro como este a pesar de que deje de leerlo o lo lea a dentelladas o a salto de mata, para enseguida aparcarlo. Me pasa a menudo con lo que me emociona tanto, que lo aparco. Cosas de mi comportamiento.
En la contracubierta leo que el libro responde a preguntas sobre xenofobia, moral, competencia, libre albedrío, guerra y paz, química, componentes genéticos del género humano.
Cuando lo termine -para contar que he leído un libro más, es lo que tiene mezclar el ego con estadísticas-, me preguntáis de los asuntos nombrados. me comportaré como vuestro cuñado de cabecera.
Fin.












