Cuando llegaba Diciembre, Cabezuela parecía cambiar, la luz se veía de otra manera, se parecía más al blanco y negro, solamente los ocres de las ladera con los cerezos empezando a perder las hojas, el agua del Jerte suena como una tromba debajo del puente, ir a ver cómo está la piedra mosa, todo es humedad, tras las lluvias el musgo va creciendo por todas partes y se va ve desde los callejones un auténtico pueblo de nacimiento.
El Nacimiento custodiado todo el año en un gran cajón de madera en el portal de la casa del cura, figuras grandes y muy realistas se ponía a primeros de mes en la iglesia y se colocaban los corchos y el musgo traído de exprofeso para que estuviera fresco, con la llegada del Belén a la Iglesia el niño se empezaba a venerar en todos los actos de la iglesia.
En casa de Ezequiel, en el Tarrero y la Chupa, se veían turrones, mazapanes, polvorones y culebras dulces, que era mi delicia.

Los chicos y chicas contando los días y también las horas para que en las Escuelas se dieran las vacaciones, el sonido en las radios del soniquete de la lotería, con los niños de San Ildefonso dando premios a troche y moche y tate, un año cayó, al final del Hondon en la fábrica un tercer premio, toda la alegría infinita recorrió el pueblo, fueron bastantes los agraciados. Repartido el dinero se fueron viendo los resultados de la lluvia de millones, coches nuevos comenzaron a circular, obras de remodelación en muchas casas y caras alegres por doquier.
Pero la vida de la Villa continuaba a pesar de todo, las caballerías recorren el pueblo haciendo sonar sus herraduras sobre el empedrado, ir y venir a la fuente de los caños a por el agua fresca para el uso diario en la casa, en la carnicería de los Chatines colgaban los cabritos, el pregonero lanzaba los anuncios por todas partes y en las casas comenzaba el ajetreo de ir preparando las viandas para las fiesta, se habían hecho el arrope y el dulce de membrillo las rosetas y los huesillos.

Pero lo bueno era cuando llegaba la noche de Nochebuena, al anochecer, las Rondas inundaban las calles, el tío Benito cantaba villancicos y aires de la zona, paraban en determinados lugares y en ese alto los canticos se personalizaban y la botella de anís y coñac, pasaba de mano en mano. Más tarde la cena, el cabrito, el pollo, hasta ensaladilla, dulces muchos dulces y luego el nacimiento viviente, el tío Bienve, haciendo de pastor, la tia Lorenza de lavandera y ya imparables hasta las tantas de la madrugada todo ya era un devenir de canciones navideñas todavía me resuena el de la Virgen va paragito.
Los días hasta finales del año, a disfrutar cada día, patatas con arroz y bacalao, migas, patatas revolcas y morcilla gorda, y asi esperar con el sonido del reloj del Ayuntamiento, las campanas de la iglesia avisando a misa y el esquilón llamando a los últimos rezagados para la misa de Don Floro.













Buenos recuerdos de nuestro pueblo
Yo soy nieto del tío bienve y de la tía lorenza .
Que tiempos aquellos , de pandereta y botella de anís cantando villancicos de casa en casa .