Ayer detuvimos el cronómetro según llegamos a nuestro lujoso alojamiento. Aunque tan sólo fuera por ser el establecimiento encargado del albergar a los nominados para los premios Nobel ya sería razón más que suficiente. Fama merecida que antecede a la visita y expectativas ampliamente cubiertas desde el primer instante.
Sin duda los demás hoteles tendrán su encanto, pero yo cuando vuelva a esta preciosa ciudad volveré a hospedarme en el Grand Hôtel. Y cual si del general de cinco estrellas Douglas MacArthur se tratase les aseguro que volveré.
En este momento me siento obligado a agradecer a nuestros anfitriones la gentileza e invitación.
Protagonizamos esta aventura por cuenta de la Compañía de Seguros “Plus Ultra”, que haciendo honor a su marca y lema nos ha traído hasta estos lares. Más allá, siempre más allá, en este sector financiero y económico en constante proceso evolutivo.
El regreso nos aproxima a una nueva e ilusionante fusión de empresas: “Occident”, que arriesga con este audaz proceso, aunando en esta nueva marca a uno de los mayores grupos aseguradores de España. Su historia les avala, con esta y similares iniciativas pretenden dar a conocer el nuevo proyecto empresarial.

Volvemos al hotel, frente por frente al Palacio Real y al Parlamento sueco. Maravilloso triángulo el que ahora se cierra, gracias a nuestra presencia. En un vértice: la Regia institución con cinco siglos de raigambre, conjunto de antecedentes, intereses y hábitos que dan estabilidad y seguridad al pueblo escandinavo.
En el segundo: la “Sveriges riksdag”, asamblea legislativa, unicameral, del Reino de Suecia y en el tercero: el Grand Hôtel Stockholm, donde nuestro conjunto de españolitos, de todas las regiones, acaban de alborotar e inundar de risas y guasas los serios salones.
Es guion que se repite en cualquier viaje, siempre hay una española que da alegría a la expedición, que más que un grupo de profesionales del sector asegurador pareciéramos un grupo de flechas en un campamento, tal y como cantábamos hace ahora medio siglo.
Lauri, que así se llama la punta de lanza de éste selecto compendio de agentes y corredores, mediadores de seguros todos. Lauri, repito, cántabra, alegre y pizpireta que igual te pregunta que te responde, sin solución de continuidad. Abre la expedición y los altos, delgados, guapos y rubios que no salen de su asombro.

Alguien de la organización debería haberles advertido: “son españoles y de vacaciones”. ¡Pues eso! Que igual nos escandalizábamos hace diez lustros cuando sus parientas nos mostraban lo prohibido en las playas españolas que ahora les devolvemos la moneda escandalizando a los serios y educados holmienses.
Y al llegar a las habitaciones, sorprende la buena calidad de las puertas, se nota en éste y otros detalles la tradición maderera y carpintera de los nórdicos. Si alguien tiene duda que se lo pregunten a los millones de clientes de “Ikea”. Empresa que como seguro sabrán tiene aquí su sede social.
Madera que además utilizan como turístico reclamo al tallar sus famosos caballitos, Dalahäst o caballo de Dalecarlia, estatuilla de madera tradicional procedente de la provincia sueca del mismo nombre.
Y llegados a este momento, ya son las once y casi anochece, vamos a la cama que hay que descansar, dentro de cuatro horas empieza el amanecer báltico. Efectivamente, poco después de las tres de la mañana se hace de día, pero esa será una de las muchas curiosidades de éste maravilloso viaje que les seguiremos narrando mañana.













