En 2009 una amiga creó un blog para mí, lo llamó “Palabras que no se lleva el viento”. Ahí es donde “oficialmente” empecé a escribir lo primero que se me ocurría, desde poemas a mi hija que tenía cuatro años, cuentos raros y poco técnicos, hasta loas y alabanzas a la Moñoña (persona y personaje de Mérida), pasando por textos sin ningún sentido, pero cuyas palabras todas (por ejemplo), empezaban por la misma letra.
En este caso, recupero el de la D (170 palabras), como un ejercicio literario (o no) absurdo, pero que también uno puede imaginar como una historia de amor y sexo. Esto es:
DICHO DICTADO DISIMULADAMENTE (DESEO DESHECHO, DESEO DOMADO)
-¿Duele? demandó Dolores Domínguez Diéguez.
-Dolerá, dijo Diego Daoiz Díaz, diácono desahuciado doblemente dotado.
Don Diego Daoiz, dildo desmesurado, dobló, decapitando dudas, disparatando deseos, dilapidando decenas de dólares, de doblones, dédalos, duelos, democracias, demagogias, diamantes, demiurgos, docenas de diosas, deseos. Días después, dolorido, descansó de Dolores Domínguez.
Dónde dolió duramente, despiadadamente, durante decenas de días.
-Dios del dolor, dame desconocida dicha, dijo Dolores después de desfogarse dichosa.
Dimes, diretes, diatribas, dejaron dicho diez docenas de diablas.
-Despotricó Dolores: Diego Daoiz Díaz, ¿Dónde dejas después dichos deseos?
-Dentro de dios dijo despacio Don Diego Daoiz.
-Diácono domado, dame detrás, demandó Dolores desnuda dolorida, dañada Dolores.
Dinamita destructora, demoledora, destructiva descarga dio Diego Daoiz, deseado domador de damas, de distinguidas dueñas, de dotadas doncellas, de deformes damiselas. Destruida Dolores, desnuda, dorada, desabrida, descalza, desprotegida, desvestida de duelos, de diezmos, de dulzura, dotó del destino depositado, donado dulcemente detrás, delante, debajo, dorsalmente, dentro de Diego Daoiz Díaz, depravado deportista desvirgante de dulces damas desnutridas, desfallecidas, debilitadas dolosamente.












