Ya tenemos a otro inculto que ha dado el salto desde su supina ignorancia hasta la vasta tontería. Y es que según se ve, una vez terminado el periodo de reflexión presidencial, lo que toca es hacer ruido y distraer a la ciudadanía con cualquier pretexto. ¡Da igual!
¿Qué necesidad tiene este necio de hablar de lo que desconoce? La única justificación que parece razonable es la de rendir el tributo al líder en forma de nebulosa interesada y olvidadiza de males mayores.
Ahora resulta que la tauromaquia no es cultura. Porque así lo cree don Ernest Urtasun y su cuadrilla de asesores, de tan escasa formación cultural como excesiva remuneración económica. Es lo que tiene ser militante, simpatizante o simplemente familiar de algún dirigente del partido del Gobierno. (Y si alguien tiene alguna duda que se lo pregunte al “catedrático” Koldo).
Hay que ser bruto para negar las profundas raíces culturales de la Fiesta Nacional. La noticia es que el señor Urtasun, ni corto ni perezoso, elimina el Premio Nacional de Tauromaquia. No satisfecho con su hazaña argumenta que: “Los españoles no entienden que se premie la tortura animal con dinero público”.
Evidentemente, nadie que ame a los animales está a favor de la tortura. ¡Faltaría más! Nada tiene que ver con la tauromaquia. Más le valdría informarse antes de adoptar ningún tipo de decisión. De ignorante a tonto hay tan sólo un escalón y es el desconocimiento de su propia ignorancia.
De manera que el Ministerio de Cultura inicia los trámites para no considerar el premio que se creó en 2011 y que se sumaba a los que se daban a las Bellas Artes, Teatro, Música u otras disciplinas artísticas. Estando dotado con 30.000 euros, ha quedado fuera del catálogo de este año. En la pasada edición, muy acertadamente, se le concedió al torero de época Julián López “El Juli”.
Al tiempo, como si de un resorte se tratase, el presidente Castellano Manchego García Page se erige en defensor a ultranza, a codazos con la madrileña Díaz Ayuso y otros tantos que intentan adelantarse, apareciendo como defensores a ultranza de la tortura nacional.
Para colmo de bobadas, tal y como se considera preceptivo, el próximo viernes se lanzará una consulta pública, primer paso para la eliminación definitiva del Premio Nacional de Tauromaquia, antes de la emisión de una Orden Ministerial que comunique el cambio.
Innecesaria, cuando menos, ya que “a priori”, sabedores del resultado, cuál si del catedrático en Sociología Tezanos se tratase, nos comunican que: “Las tradiciones evolucionan y ahora hay una mayoría social en contra del maltrato animal, así que hemos decidido no premiarlo”.
Paradójica y falaz patraña, al intentar establecer una relación directa entre la tauromaquia y el maltrato animal. Falso y trolero se nos descubre el ministro. Más le valdría hablar con su correligionario y socio de avatares, el presidente José Luis Rodríguez Zapatero, que fue quien creó el que ahora se manifiesta como ensalzamiento del maltrato animal.
Tan sólo una reflexión: ¿Dónde están los “maltratados” asnos y mulos de nuestra infancia? Pues es evidente que, terminada la función para la que se domesticaron, se ven abocados a la extinción. Bien pensado, el ministro podría llevarse alguno a su casa, seguro que lo sacaría tres veces a que orinara en los alcorques de las aceras o en el parque más cercano.












