Eve Curie, la hija pequeña de Pierre y Marie Curie, cuando su madre le contó que su padre acababa de fallecer, tenía solo dos años.
En principio no entendió qué le decía su madre y siguió jugando. Más tarde, al ver a toda su familia de luto, vestida de negro, se asustó y lloró.
Marie Curie escribe en su Diario que Eve pronto olvidaría a su padre, que no podía ni imaginar siquiera lo importante que había sido. Ya digo, Eve tenía solo dos años de vida.
Mientras leía la historia de los Curie, me ha sorprendido y extrañado que me saltara de pronto en el ordenador una noticia de febrero de 2020, de hace cuatro años. Dice así literalmente. No invento nada:
«La ministra de Igualdad promociona un libro que enseña a niñas de dos años cómo ser madres solteras».
Entiendo que la noticia está mal redactada. No imagino a nadie, ya no ministra, sino absolutamente a nadie, enseñándole a niñas de dos años cómo ser madres solteras.
Si deconstruimos la frase por un lado sale:
«Enseñar a niñas de dos años a ser madres.»
Por otro:
«Niñas de dos años solteras.»
Absurdo como el que de pronto esa noticia sea de actualidad, al menos en las redes sociales que visito.
Con dos años, Eve Curie ni siquiera llegó a entender la muerte de su padre. Comprendo que tenga que haber de todo en este mundo, pero me cuesta llegar a comprender que una niña de dos años aprenda a ser madre soltera.
Sé que son mis muchas limitaciones las que me hacen prestarle atención a tal noticia, por muy kafkiano -este año se cumplen cien años del fallecimiento de Kafka- que sea o esté siendo 2024. Como todos.
Esto me lleva a una última lectura. En Tintalibre he leído una interesante entrevista que le hacen al alimón a Carmen Calvo (del PSOE) y a Cayetana Álvarez de Toledo (PP).
En un momento dado, Cayetana Álvarez de Toledo narra una frase que le decía su madre cuando ella, Cayetana, era adolescente:
«Las formas perfeccionan la verdad».
Qué gran verdad. A veces las maneras de decir o hacer las cosas quitan algo de fuerza a lo que cuentas.
Lo primero que se me ocurrió escribir después de leer esta frase es que mi madre no me dijo nunca nada de eso, era analfabeta. Aprendió a leer y a escribir y «las cuentas» (sumar y restar) cuando ya tenía unos cuántos hijos y porque mi padre le enseñó lo que pudo y supo.
De todas formas, ni siquiera mi madre, dedicada toda la vida a la casa, a su marido y a sus hijos, se hubiera creído que alguien pretendiera enseñar a niñas de dos años a ser madres. No le hubiera prestado atención a semejante noticia. No como yo, torpe de mí.
Noticia que en las redes sociales generó en su momento -hace cuatro años- un montón de insultos hacia la ministra de Igualdad que promocionó ese libro.
Eve Curie vivió ciento dos años, fue escritora y falleció relativamente hace no mucho tiempo, en octubre de 2007.
No se sabe mucho de ella aunque recibió un premio Nobel de la Paz. Esto también forma parte de mi ignorancia. A veces parece que tengo dos años.
Aun así, con dos años, no creería que haya libros que enseñen a niñas de dos años -serían de mi quinta- cómo ser madres solteras.
Fin.












