Resulta muy difícil el escribir sobre la historia de los gitanos, porque durante siglos han estado viviendo a nuestro lado y sin embargo, no conocemos nada o casi nada sobre ellos. Si se repasa un libro de historia de España, aparecen los nombres de diversos pueblos que han accedido a la península, pero es imposible encontrar la más mínima referencia de la llegada de los gitanos. ¿No hay datos, nadie ha tenido interés en saber algo sobre ellos, o han desistido en publicarlos porque la mayoría de los que se pueden sacar de los archivos son negativos, normalmente referentes al orden público, y no siempre justos?
No de mejor manera les ha tratado la literatura. (Véase la «Gitanilla» de Miguel de Cervantes). El resto, lo conocido popularmente sobre ellos, pertenece más al folclore y al mito, que a la propia historia ( Se cree que un importante grupo salió de la India, originarios del Rajastán, aproximadamente en el año 1000. Y se dirigieron hacia Europa.

Algunos, a raíz de ciertos relatos, como el de Santa Atanasia de Egina ( una isla griega), que en el S. IX, ante la hambruna que sufre la región, reparte comida a unos extranjeros llamados «Atsigani», y que algunos identifican como Romaníes, hacen adelantar la salida unos siglos antes. Aún así, rastreando diversos documentos aquí y allá, se ha podido conjeturar una trayectoria, que hasta hace pocos años era desconocida.

Como decía el profesor Luzón, en las «III Jornadas de Historia» celebradas en Mérida los días 8 y 9 de octubre (2010), «la historia no es una ciencia exacta, las matemáticas sí, dos y dos en todas partes son cuatro, pero a la hora de enjuiciar los datos históricos, la interpretación depende del lugar desde donde se enjuicien, las circunstancias y la sensibilidad social del momento, lo que podríamos decir actualmente, lo «políticamente correcto».
Así, mientras la persecución y expulsión de los diversos colectivos, como: judíos, o moriscos que constituyeron grupos étnicos, dentro de la sociedad española, tienen un lugar en los libros de Historia, la de los gitanos es totalmente desconocida, si bien se tiene todavía en la memoria de aquellos que vivieron en la época franquista, la presión ejercida por la guardia civil, sobre ellos en esa época.
Cierto es, que un gran contingente de judíos y moriscos sobre los que cayó la orden de expulsión, en diversos períodos de tiempo, se marcharon exiliados, y que el resto de los que se quedaron se integraron en la sociedad mayoritaria. Pero, los gitanos al ser grupos con un marcado nomadismo, pese a las persecuciones y expulsiones, han permanecido, durante mucho tiempo, como un colectivo diferenciado.
En un archivo de un pueblo de Cuenca, encontré, como se pueden encontrar posiblemente en otros, una «Vereda», que es una orden remitida a través de un «veredero», que no era sino el encargado de llevar tales órdenes a través de las veredas ( caminos), a los diversos pueblos. En ella ya se preludia el ambiente que llevaría finalmente a la «Gran Redada», y se tomaban medidas contra los gitanos que acudían a las poblaciones para hacer tratos con las caballerías. El «31 de octubre (de 1722) llego a este lugar una Bereda del señor corregidor de la Jurisdiccion de Cuenca en la que declara aver Rez(ibi)do, una orden de Su Mag(estad)».

Entre otras cosas, en la vereda se ordenaba que: » No se consientan Gitanos en algun modo sin ser que trageren Testimonio de ser casttellanos Viejos y en los Lugares que estubieran avezin(dado)s siendo assi que ttengan dicho testimonio no se les consienta que hagan ventas y trueques con cav(allerias) y Asimismo en los Lugares que se Viniese aplicados a la Lavor no se les consienta tener mas que cav( alleria) menor ( la Caballería: Llámase mayor si es mula o caballo, y menor si es borrico- Diccionario de la R A E) ni que traigan armas de fuego cortas ni largas… (ni) se les consienta que ablen con Jerigonza.»
Varias cosas pueden deducirse de esto, la situación marginal de ciertos colectivos gitanos, a los que se prohíbe la compraventa y trueque de las caballerías, si no están «avencidados» en algún lugar, (en el 1717 se les había obligado a las familias gitanas, la residencia , en las ciudades que se les había indicado previamente). Y se les prohíbe igualmente montar sobre caballo o mula, ya que estos animales eran símbolo de una posición social, que a juicio del legislador ellos no debían merecer.
Estas veredas y órdenes que llegaban a los pueblos previniendo sobre los gitanos, no eran sino el preludio de la más importante de ellas la» Prisión general de gitanos», llamada habitualmente la «Gran redada», que no fue sino una persecución, organizada en secreto, por el Marqués de la Ensenada, que tuvo su comienzo el 30 de julio de 1749, y sincronizada en todo el territorio español, con la intención de extinguir a todos los gitanos del reino.

Lejos quedaban las palabras de Alfonso el Magnánimo, en 1425, por las que concede una carta de paso a un jefe gitano con su gente, ordenando que sea bien tratado: «…Como nuestro amado y devoto don Juan de Egipto Menor… entiende que debe pasar por algunas partes de nuestros reinos y tierras, y queremos que sea bien tratado y acogido… bajo pena de nuestra ira e indignación… el mencionado don Juan de Egipto y los que con él irán y lo acompañarán, con todas sus cabalgaduras, ropas, bienes, oro, plata, alforjas y cualesquiera otras cosas que lleven consigo, sea dejado ir, estar y pasar por cualquier ciudad, villa, lugar y otras partes de nuestro señorío a salvo y con seguridad… y dando a aquellos pasaje seguro y siendo conducidos cuando el mencionado don Juan lo requiera a través del presente salvoconducto nuestro… Entregada en Zaragoza con nuestro sello el día doce de enero del año del nacimiento de nuestro Señor 1425. Rey Alfonso.»
Obsérvese, cómo es llamado don Juan de Egipto Menor, ya que hasta fechas recientes en España se pensó que ese era su origen inicial. En Jaén, en 1462, son recibidos y agasajados, por el conde Miguel Lucas de Iranzo, Tomás y Martín «condes de Egipto Menor», que así se hacían llamar, y ocho años mas tarde, recibiría en su residencia de Andújar al «Conde Jacobo de Egipto Menor y a su esposa Loysa, que venían acompañados con un número de entre unas 50 a 200 personas.

Y este puede ser el origen de la denominación de «gitano, la corrupción lingüística de «egipciano», que daría finalmente origen a la de «gitano», con la que se identificarían hasta la actualidad. Pero si consideramos la existencia del primer documento que muestra la presencia gitana en España, este es un salvoconducto de este mismo rey, Alfonso V de Aragón, dio en Perpignan en 1415 (Perteneció a España hasta 1659) a Tomás Sabba, peregrino a Santiago de Compostela. ¿lo era en realidad, o era el argumento del peregrinaje, la escusa utilizada por diversos grupos que entraron en la Península, para ser bien acogidos? Las crónicas reflejan la llegada de gitanos a Barcelona, procedentes de Francia, en 1447. La llegada y el asentamiento, en Andalucía, en esas fechas, parece ser debido a las guerras que debido a la frontera con el reino de Granada y las luchas entre los señores feudales, hacían muy necesario la utilización de caballerías, negocio en el que según parece desde tiempos inmemoriales, hasta hace poco, ha sido una de sus actividades principales, lo que originó una gran riqueza en estas comunidades, y el asentamiento y la actividad generalizada, a juzgar por los censos, de gitanos herreros.
La pacificación de España, tras el final de la Reconquista, originó a su vez la persecución, como sucedería con otros grupos no integrados en la sociedad del momento, como los judíos y moriscos. Algunos se acogieron al amparo de algunos nobles, que veían, en el oficio de herrero, un elemento muy importante en la explotación de sus tierras. La buena acogida inicial, realizada por reyes y nobles, podría deberse a las historias que contaban sobre su persecución por los musulmanes, y que fueron obligados a abjurar de su fe por lo que como penitencia, tenían que vagar como peregrinos durante siete años (el número siete simbólicamente significa «muchos»), y que el Papa les había dado credenciales para que fueran bien recibidos en todo el mundo cristiano.

Esta situación, cambiaria con el transcurso del tiempo, ya que los Reyes Católicos emiten en Medina del Campo en 1499, una Pragmática exigiendo la sedentarizacion: «Mandamos a los egipcianos que andan vagando por nuestros reynos y señoríos con sus mugeres e hijos, que del día que esta ley fuere notificada y pregonada de esta nuestra corte, y en las villas, lugares y ciudades que son cabeza de partidos fasta setenta días siguientes, cada uno dellos vivan por oficio conoscidos que mejor supieren aprovecharse.»
Es evidente, que la historia continúa, así es que ya seguiré con su continuación, en próximas entregas.












