Hace justo un año que María Guardiola fue proclamada en el XIII Congreso Extraordinario del Partido Popular de Extremadura presidenta de esta formación política, la segunda en importancia de la región. Antes de ese día, la presidenta había congregado a sus partidarios en la Real Puebla de Guadalupe, en cuya Hospedería presentó su carrera hacia la búsqueda de los avales necesarios `para concursar en la elección, trámite innecesario pues no había otro candidato a suceder a José Antonio Monago Terraza una vez Fernando Pizarro, alcalde de Plasencia, se quedaba por el camino tras ser llamado a Madrid y obligado a retirar su candidatura. Aún así, María Guardiola obtuvo más de 3.000 avales y con esa fuerza salió presidenta; con ésa y con la del Congreso que la elegía por aclamación.
Desde entonces, María Guardiola Martín, natural de Cáceres, 44 años, casada, madre de dos hijos, licenciada en Administración de Empresas, exsecretaria general de Hacienda del Gobierno de Extremadura (2011-2015), exconcejala del Ayuntamiento de Cáceres, ha desarrollado con ahínco el trabajo de presidenta del Partido Popular, tutelada, eso sí, por José Antonio Monago, quien a pesar de tener sus cargos institucionales y orgánicos en Madrid, ejerce de procer en Extremadura, papel con el que Guardiola parece no estar muy adisgusto.
Y 366 días después de que comenzará la aventura real, al cargo de presidenta del PP va a añadir mañana lunes 17 de julio de 2023 el de presidenta de la Junta de Extremadura, una vez tome posesión de su cargo en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida a partir de las 19.30 horas, ante los cargos instirucionales, orgánicos y la sociedad en general, un acto que se repite en el Museo ya que Monago hizo lo propio hace ocho años.
Hemos pasado, por tanto, de «María de Guadalupe» a «María de Extremadura» y como las cosas comienzan por el principio, nos gustaría que la flamante presidenta de la Junta de Extremadura solucione de una vez el conflicto que tiene la Provincia Eclesiástica Mérida-Badajoz con la de Toledo, ante la negativa de la Primatura de España de hacer que Guadalupe, patrona de Extremadura y municipio cacereño y extremeño, pertenezca a Mérida-Badajoz o, en cualquier caso, que dependa directamente del Vaticano, como ha propuesto el arzobispo monseñor Celso Morga. No es entendible, ni de recibo, que la Patrona de Extremadura siga bajo el manto de Toledo siendo un municipio de Extremadura. Y si hay que redibujar los mapas eclesiásticos, que se haga, pero Guadalupe ha de pertenecer a la Diócesis de Plasencia por lógica y por justicia.
Hecho este apunte, necesario por otra parte, sólo pretendíamos con este editorial dar la enhorabuena a María Guardiola Martín y desearle que su etapa como «María de Extremadura» sea fructífera pues sus éxitos serán celebrados por todos los extremeños. A la vuelta de vacaciones habrá tiempo de ir detallando el programa electoral del Partido Popular, hoja de ruta de su acción de gobierno, y de las 60 medidas firmadas con Vox y que han hecho posible que ella sea la cuarta presidenta de Extremadura, primera mujer y primera cacereña.
Al frente del partido deja a Abel Bautista, como secretario general autonómico y portavoz del Grupo Parlamentario Popular en la Asamblea de Extremadura, quien dio la talla por descontado en el debate de investidura y siempre una sorpresa para todos. Hay que reconocer que las dos sesiones del debate de investidura de María Guardiola fueron bien interesantes y apuntaron las pinceladas de por dónde van a ir las cosas a partir de ahora. Sí es verdad que pensamos que la presidenta va a tener que hacer ejercicios de contención en más de una ocasión y no con la bancada de la oposición precisamente.
De «María de Guadalupe» a «María de Extremadura», apelativos no buscados pero que definen a una mujer que ha demostrado que logra lo que persigue…, otra cosa serán los resultados finales, hasta ahora positivos.












