Salva Robles
Talentura Editorial
Primera edición: noviembre de 2023
324 páginas
Una de las citas que da inicio a la novela es de Alejandra Pizarnik, la poeta y ensayista argentina de origen ruso que vivió una existencia durísima que la llevó a suicidarse con 36 años. Dice así:
“Mi desorden es atroz”.
Se complementa con la otra, de J.M. Coetzee:
“Porque no existe esa vida mejor. Esta es la única vida posible”.
Podría decirse, acertadamente, que en ellas está la novela toda, pero el libro es mucho más.
Iba a comenzar la reseña diciendo que por un lado me da un poco de rabia leer del tirón, como en este caso, novelas que los autores han tardado varios años en escribir, por otro, esa ligereza lectora solo significa que lo léido es de esas historias que enganchan y no puedes dejar de soltar, poco más se puede añadir.
Mientras me impregnaba de los personajes, se me ocurrió pensar en cuál de ellos -masculino, femenino, adolescente- se vería reflejado el autor del libro mientras lo escribía: la vitalista Gema, su marido Samuel que a veces parece un mueble, Luismi, que es el mejor amigo de Samuel, pero también de Gema, Pedro, que emociona y pudiera ser el personaje principal o Marta, la psicóloga que sabe que ésta -la suya, la de todos- es la única vida posible, aunque se menosprecie intentando ligar por Meetic y otras aplicaciones de internet, buscando a saber qué.
Y es que en el fondo, la novela es una búsqueda perpetua, un vagabundeo sin rumbo ni orden como se puede leer en la contracubierta del libro.
Escribo la palabra “personajes”, pero lo que encuentro entre las páginas de la novela -de capítulos cortos y diálogos que desarrollan con habilidad cada una de las escenas- no son personajes, son personas con sus desórdenes, sus heridas, sus disimulos, sus contradicciones entrecruzadas y su maestría escondiéndose hasta de sí mismos.
En definitiva, un mundo en construcción -y también en “destrucción”- en sí mismo en el que uno entra y del que resulta difícil no impregnarse o no salir trastocado o pleno de ansias de vida a pesar de los pesares.
Fin.












