Día Internacional o Día Mundial es el nombre que se da a la celebración, conmemoración o fiesta de una causa promovida por alguna organización para su observancia internacional. Todos los días del año, gracias a la ONU y otras organizaciones internacionales es el día mundial de algo. Unas veces con mayor acierto que otras, que ya hay que ser graciosos para festejar o poner de relieve el día mundial del inodoro, el yoga o la leche escolar (que espero no sean las que nos dieron los despiadados maestros en el colegio), entre otros.
Este lunes día 10 de octubre de 2022 se conmemora el Día Mundial de la Salud Mental. ¡Ay! Este sí que es un tema digno de ser destacado. Los que hemos disfrutado de la Parca, de al menos una o dos de las tres deidades romanas (Cloto, Láquesis y saludado incluso a Átropos) y aun habiendo escapado a tiempo de los encantos de esta última, seguro que así lo entendemos. Es más, me atrevo a titularlo como el tema principal de nuestra sufrida existencia, nuestro leitmotiv; y ello porque esta palabra, expresión, metáfora o idea se repite a intervalos a lo largo de la obra que es la vida, generalmente con distinta forma. Tal y como ocurre con la melodía o idea fundamental de una composición musical que se va repitiendo y desarrollando de distintas maneras a lo largo de toda ella.
Recuerdo de memoria una definición de salud como completo bienestar físico, psíquico y social. La estudié hace cuarenta años y por suerte o desgracia según las ocasiones he debido recordarla a lo largo de mi vida. En la mayoría de las veces por los pacientes y en alguna otra por mí mismo.

Y es que a nadie se nos escapa qué es la enfermedad desde el punto de vista físico. Evidente hasta para los más zoquetes de la clase, incluso para los que gozan, ya de serie, del menor coeficiente intelectual. Pero cuando de las otras dos acepciones hablamos es cuando estimo comienzan las dudas. ¿Qué es una enfermedad mental? ¿Y una enfermedad social?
Como del día diez de octubre me atrevo hoy a dar mi opinión, me ceñiré únicamente a responder a la primera de las preguntas. Sólo desde mi punto de vista y según mi experiencia, que no soy quien para dar consejos ni clases magistrales.
Los que en algún momento de nuestra existencia hemos tenido la fortuna de enfrentarnos cara a cara con la enfermedad mental somos igualmente humanos, sentimos y amamos como todos los demás, es más me atrevería a proclamar que en algún caso más, y excepto en algunas patologías irrecuperables la mayoría no somos psicópatas.
Digo lo anterior por la total soledad que sentimos en esos momentos, cuando no el rechazo, la mentira y hasta la traición por los más allegados. Por aquellos que clamaban a los cuatro vientos que nos apreciaban y que en cuanto se dieron cuenta que algo fallaba en el mecanismo del juguete se dieron a la fuga. Todos los autodenominados amigos y compañeros que a la primera de cambio hicieron mutis por el foro, desparecieron ipso facto o como se dice ahora hicieron bombitas de humo.
Uno de estos traidores me repitió hasta la saciedad que: “los amigos y los cojones son para las ocasiones”, este fenómeno primero intentó valerse de mi debilidad mental, económicamente hablando y cuando no lo consiguió simplemente desapareció.

No fue el peor, otras simplemente me pidieron que no les volviera a molestar. Las mismas a las que semanas antes invitaba o me invitaban a sus casas. Los más aguardaron estupefactos e instintivamente me daban de lado cual si de un apestado se tratase. La familia, pilar básico de nuestra civilización y algún amigo, (en mi caso Alberto) los que tenemos la suerte de tenerlo, es la balsa de salvamento en nuestro naufragio.
Los que no sólo hemos estado al pie del abismo, sino que nos hemos lanzado y sido conscientes de nuestra caída al fondo del séptimo y último círculo concéntrico del cono invertido somos los verdaderos supervivientes de lo peor que puede ocurrirle a un ser humano. Muchos otros quedan anclados para siempre en este tránsito entre la cordura y la depresión, ansiedad, trastorno bipolar, anorexia, bulimia, esquizofrenia, trastornos neurodegenerativos…
Es el día en que los que hemos pasado por ese calvario hemos de proclamarlo. Tenemos que lograr que todos nos perciban, hemos de afrontarlo y verbalizarlo, llamando a las enfermedades por su nombre. Creo que el problema así no es del que habla si no del que no escucha. Ha de dejar de ser un tabú o estigma social, tenemos que ser valientes, remontar desde el umbral o nivel de sufrimiento individual alcanzado.
Es una enfermedad o grupo de enfermedades que exceden lo personal e individual y que en todos los casos pasa a ser familiar y social. Por ello solicito empatía por parte del resto de la población. Lo más terrible es el rechazo, la soledad que te coarta a la hora de pedir ayuda de los buenos profesionales, que de todo hay, para no ser zombis excesivamente medicados ni muertos en vida.
Finalmente recordar que hoy además es el Día Mundial Contra La Pena de Muerte y en esta coincidencia me apoyo para despedir este artículo ya que de pena y de muerte trata. De pena, sufrimiento vital y por ende de muerte en vida.













