Estamos en Semana Santa, y entre todos los personajes que aparecen en el relato bíblico de la Pasión, hay uno curioso y olvidado, y que acompañó a Cristo en la Crucifixión: ese es Dimas el «buen ladrón».
La verdad es que este apelativo de «buen ladrón», con el que se ha denominado a uno de los ajusticiados junto a Cristo, como que me suena mal. ¿Hay algún ladrón bueno? Porque metidos en esta confusión política en la que nos encontramos, con la controversia diaria sobre personajes actuales, que se han aprovechado de los dineros públicos, el llegar a pensar que puede haber un ladrón bueno, todavía es más difícil de asimilar. Ni tan siquiera lo era, el famoso Luis Candelas, del que se decía que robaba a los ricos, para repartir a los pobres, pero que como era de esperar, también era una leyenda.
Y hasta buscando símiles, algunos podrían pensar, en la semejanza entre la amnistía, que se promete en la actualidad a ciertos políticos, con las palabras de Cristo, en la Cruz, tras perdonar a Dimas, sus maldades, y prometerle el Paraíso. Pero la diferencia es evidente, Dimas se arrepintió y me da que los posibles amnistiados, repitiendo continuamente, eso de; «ho tornarem a fer,» (lo volveremos a hacer) me parece que no. Pero mejor nos olvidamos de la política, y nos centramos en este curioso personaje.
Los Evangelios nos relatan así la pasión de Cristo y su relación con los dos ladrones. S. Mateo, ( 27-38) nos cuenta: «Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda. Los que pasaban lo injuriaban y decían, meneando la cabeza: -«Tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la cruz.» Los sumos sacerdotes con los escribas y los ancianos se burlaban también, diciendo: -«A otros ha salvado, y él no se puede salvar. ¿No es el rey de Israel? Que baje ahora de la cruz, y le creeremos. ¿No ha confiado en Dios? Si tanto lo quiere Dios, que lo libre ahora. ¿No decía que era Hijo de Dios?»
Y concluye con una frase que llama la atención:
«Hasta los bandidos que estaban crucificados con él lo insultaban.»
San Marcos ( 15,32) también hace mención de esta actitud de los dos ladrones:“También los que estaban crucificados con él le injuriaban”.

Es San Lucas (23, 43) el que nos narra, el cambio de actitud, de uno de ellos:
«Uno de los malhechores colgados lo insultaba: ¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti y a nosotros. El otro le reprendía: Y tú, que sufres la misma pena, ¿no respetas a Dios? Lo nuestro es justo, pues recibimos la paga de nuestros delitos; éste en cambio no ha cometido ningún crimen. Y añadió: Jesús, cuando llegues a tu reino acuérdate de mí. Jesús le contestó: Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso.»
No citan el nombre de ninguno de los dos. Entonces, ¿de donde salen los de Dimas, «el buen ladrón» y el Gestas?
Los romanos eran muy dados a colocar motes a los personajes. Al soldado romano que viendo que Cristo había muerto en la cruz, le atravesó el costado con la lanza, le llamaron Longinos, posiblemente por el arma, cuyo aspecto era «largo» (longae hastae (lanzas largas)).
Y ¿qué significado puede tener Dimas? Hay algunos, que lo hacen provenir de Di (raíz que provendría del genitivo de Zeus (dios) que sería di-ós, –cuyo significado sería– «de Dios» , y «más», que provendría de «Master» (buscador). Aunque a mí, me parece que «mas», provendría del verbo griego «manteuo» (adivinar). Por lo que el significado de Dimas, vendría a ser algo así como: «El Adivino/descubridor de Dios». que se ajustaría más a lo que insinúa el evangelista a través de sus palabras.
«¿No respetas a Dios? Lo nuestro es justo, pues recibimos la paga de nuestros delitos; éste en cambio no ha cometido ningún crimen. Y añadió: Jesús, cuando llegues a tu reino acuérdate de mí».
Y ¿Gestas? Lo primero que viene a la mente es que pueda provenir de verbo latino, “gero”, llevar, tener “…odium”= “odiar”, cuyo participio “gestum”, ha dado origen a la palabra castellana,“gesto”, que habitualmente suele tener connotaciones negativas, por lo que definiríamos a Gestas, como el que tiene un “mal gesto”, “una mala actitud”.
Un día, cuando vivía en Valencia, visitando la capilla del santo Cáliz, el que se cree que fue la copa que usaron Cristo y los Apóstoles el día de la Santa Cena, vi uno de los cuadros que hay en la Capilla del Cristo de la Buena Muerte, y que me había impresionado en su día, era de un gran pintor, aunque poco conocido, Miguel Esteve, (S.XVI), y representa la muerte de S. Dimas.

San Lucas, nos relata los últimos momentos de Cristo en la cruz. La tradición dice que su Evangelio recoge la narración de los hechos, surgida de labios de la misma Virgen, y en esta, describe el diálogo que Jesús mantuvo, con los dos delincuentes que fueron condenados juntamente con él: (Lucas 23, 32-46) “Con Él llevaban dos malhechores para ser ejecutados. Cuando llegaron al lugar llamado Calvario, le crucificaron allí, y a los dos malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda… Uno de los malhechores crucificados le insultaba, diciendo: ¿No eres tú el Mesías? Sálvate, pues, a ti mismo y a nosotros. Pero el otro, tomando la palabra, le reprendía diciendo; Ni tú que estás sufriendo el mismo suplicio temes a Dios? En nosotros se cumple la justicia, pues recibimos el digno castigo de nuestras obras; pero éste nada malo ha hecho».

¿Y donde aparecen los nombres? Uno de los libros, que constituyen una fuente inapreciable, de donde ha bebido toda la tradición cristiana, son los Evangelios Apócrifos, allí nos dan una descripción más amplia y ponen nombres a ambos delincuentes, que aparecen innominados en los Evangelios canónicos.
La Pasión apócrifa, nos dice (Actas de Pilatos): “Y Dimas y Gestas, ambos malhechores, serán crucificados juntamente contigo”. Y estos nombres se repiten varias veces en distintos pasajes, aunque en el “Evangelio de la Infancia”, se les llama Tito y Dúmaco, sin que tales nombres hicieran fortuna, quizás porque carecían de ese doble sentido, al que me he referido y que sin duda buscaron los anónimos escritores, para ambos ladrones.
Y hasta cuentan algo de su vida; “El primero, llamado Gestas, solía dar muerte de espada a algunos viandantes, mientras que a otros les dejaba desnudos y colgaba a las mujeres de los tobillos boca abajo para cortarles después los pechos; tenía predilección por beber la sangre de los miembros infantiles; nunca conoció a Dios; no obedecía a las leyes y venía ejecutando tales acciones, violento como era, desde el principio de su vida. El segundo por su parte, estaba encartado de la siguiente forma. Se llamaba Dimas, era de origen Galileo y poseía una posada. Atracaba a los ricos, pero a los pobres les favorecía. Aún siendo ladrón se parecía a Tobías, pues solía dar sepultura a los muertos. Se dedicaba a saquear a la turba de los judíos; robó los libros de la ley en Jerusalén, dejó desnuda a la hija de Caifás, que era a la sazón la sacerdotisa del santuario, y substrajo incluso el depósito secreto colocado por Salomón. Tales eran sus fechorías.”

Llama la atención la dicotomía entre ambos relatos, por una parte, la maldad y perversión de Gestas y por otra, aquellas cosas tan queridas para el pueblo; el robar a los ricos para darlo a los pobres, marcándole el camino al futuro Robin Hood; el relato antijudío, posiblemente un añadido, seguramente muy del gusto de la época en la que se hizo, ya que remarca que el buen ladrón que era Galileo, robaba a los judíos, tenía una posada, lo que le dignifica, ya que uno de los deberes bíblicos más sagrados era la hospitalidad, y además, el escritor todavía ensalza aún más su figura, porque ha humillado a los judíos en lo más querido de su honor; los libros de la ley, y con la desnudez de la hija de Caifás, aporta ese dato de humillación del soberbio, tan del gusto siempre de la plebe, aunque nunca existiera tal cargo de sacerdotisa que le adjudica, aunque tal como nos cuenta Lucas, (Luc.2, 36) sí podía haber alguna mujer que se dedicase al cuidado del Templo, por devoción; “Había una profetisa Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, muy avanzada en años… No se apartaba del Templo, sirviendo con ayunos y oraciones noche y día”, y, finalmente, el legado de Salomón, lo más sagrado para los judíos.

Pero volvamos al cuadro, cargado de significados y leyendas. No es habitual, y que yo conozca es el único, de una representación de S. Dimas solo él, ya que habitualmente se le suele representar en el Calvario, juntamente con Cristo, y con Gestas, muy identificables ambos, ya que a Mal Ladrón se le coloca a la izquierda de Jesús y con la cabeza vuelta, y al Buen Ladrón a la derecha mirándole a la cara. Habitualmente no tienen los brazos extendidos, como Cristo, símbolo de rectitud de las obras, mientras que ellos los tienen flexionados, y muestran expresiones exageradas del dolor y el sufrimiento que padecen, en contraste con Jesucristo que no manifiesta signos de dolor alguno. No son extrañas las representaciones, junto a ellos, de dos figuras, el ángel que cuida o que lleva en sus brazos el alma del ladrón arrepentido, y el demonio agarrado al cuerpo del ladrón malvado, para que al morir pueda llevarse al infierno su alma condenada.
Muchas más cosas podrían apuntarse, pero Dimas, no significa, que diga más, pero aunque lo significara, en cualquier caso, lo dejaré para otra ocasión.












