Basándome en los datos estadísticos (tengo cerca de 5.000 “amigos” y los días que más likes recibo, la cifra no supera los 30…), es decir, aprovechando que esto que escribo a diario en Facebook no lo lee mucha gente, voy a poner de lo primero que se me ocurra. Como siempre.
Y en vez de escribir de mis actuales lecturas sobre textos de Gonzalo Puente Ojea (su explicación sobre la diferencia entre cristianismo y catolicismo es “deslumbrantemente molesta…”), Alfredo Grimaldos (quizás el que mejor escribe de los tres y el más duro con la Conferencia Episcopal…) o Juan Antonio Aguilera Mochón (escribió que si no “procedemos” de Adán y Eva es por poco ya que nuestros “padres” son el ADN y Evos, siendo evos “la duración de tiempo sin término o eternidad”), eminentes y divertidos ateos y estudiosos del origen de la vida y de la religión o religiones, lo voy a hacer sobre una definición que acabo de encontrar en internet y que todos padecemos sin tener ni idea de que lo sabemos. Como con tanto.
Lo de hoy va de pensar (o al menos a mí me hace pensar…). Me refiero a la «disonancia cognitiva de Festinger», palabras que relaciono hoy con votar. O no.
Según Wikipedia (no esperéis mucho más de mí), en psicología la disonancia cognitiva es «la tensión o desarmonía interna del sistema de ideas, creencias y emociones -cogniciones- que percibe una persona que tiene al mismo tiempo dos pensamientos que están en conflicto, o por un comportamiento que entra en conflicto con sus creencias. Es decir, el término se refiere a la percepción de incompatibilidad de dos cogniciones simultáneas, todo lo cual puede impactar sobre sus actitudes.”
El tal Festinger debía ser un tipo divertido por los experimentos que se le ocurrieron (en internet se cuentan un buen puñado de ellos).
La disonancia cognitiva la mente humana la soluciona asumiendo una mentira como si fuera verdad. Es decir, la persona acaba autoengañándose, creyéndose su propia mentira para mitigar el malestar emocional que provoca la disonancia. La política (y sus consecuencias) tiene mucho de ello.
Ya está. Ya puedo seguir leyendo a Grimaldos, a Puente Ojea a Aguilera Mochón (¿la religión es una disonancia cognitiva? ¿lo que cuentan estos tres y otros, también?) y luego ir a votar. O no.
Posdata: escribiendo estas cosas lo normal es que no pase de cuatro o cinco likes (a los que por cierto -autores/as- doy un gran valor emocional) (gracias).
Fin.












