Durante los últimos años, los economistas hemos vertido ríos de esfuerzos, análisis y tinta en esclarecer si las nuevas formas de intercambio que se realizan en las plataformas digitales de igual a igual, tienen naturaleza colaborativa o de plataforma, el resultado de estas investigaciones nos ayudaría a despuntar o desvanecer la economía colaborativa.
La economía colaborativa es un modelo en el que los servicios son considerados bienes de intercambio. Como su propio nombre indica, se trata de un modelo centrado en la colaboración y la ayuda muta. En la actualidad, casi todos los sectores de la economía ya cuentan con negocios colaborativos. y a pesar que su irrupción fue en el año 2010, aún es prematuro avanzar si este sistema tendrá un alcance global o sólo parcial.
La primera economía colaborativa, es la que conocemos a través de los libros de historia. Es la que nos lleva de las sociedades cazadoras y recolectoras de la prehistoria a la industria textil horizontal de la Inglaterra anterior a la Revolución Industrial; pasando por las cooperativas de trabajadores ideadas por Robert Owen; hasta llegar a los actuales bancos del tiempo y de recursos.
Esta nueva economía colaborativa, empezó siendo una forma de pago para que los consumidores compartieran o accedieran de forma temporal a productos y servicios en lugar de comprarlos o poseerlos. Son muy diversas las ventajas que nos ofrece el modelo de economía colaborativa, algunas de las más destacadas son:
El ahorro. La mayoría de productos o servicios que se ofrecen a través de este sistema tiene precios módicos o, incluso, simbólicos. Desarrollo sostenible. La economía colaborativa estimula el segundo uso de los productos. Lo que alguien ya no necesita, puede tener un nuevo destinatario en alguna red de contactos. Se aboga por un consumo moderado. Gestión de recursos. Otro principio de la economía colaborativa es que, si a alguien sirve una cosa, lo más probable es que a otra persona también. ¿Por qué no compartirlo? El mejor ejemplo son los coches de carretera, que pueden servir para llevar a varios pasajeros con destinos próximos. Mayor oferta. Los productos con un segundo uso y los servicios compartidos amplían la oferta de los mercados tradicionales. Sin la economía colaborativa, es posible que éstos nunca vieran la luz. Beneficio medioambiental. La reutilización y los servicios compartidos son una buena manera de contribuir al cuidado y la sostenibilidad de los entornos.
Sin embargo, la falta de regulación legislativa y la competencia desleal, es uno de los principales inconvenientes de la economía colaborativa, ya que nos encontramos ante un sector sin regulación que da lugar a quejas y desaprobaciones de los sectores afectados, ya que consideran que se puede incurrir en competencia desleal porque no se pueden ofrecer los servicios en las mismas condiciones. Un segundo inconveniente es la desprotección del consumidor ya que este no cuenta con garantías de la calidad del producto, o de que las personas con las que se está compartiendo sean de confianza y no generen problemas. Son riesgos que se corren a cambio de un precio más bajo.
Las implicaciones de la economía compartida han sido objeto de acalorados debates en los medios de comunicación y el mundo de la investigación. Un área central de esas controversias, se refiere a si la economía colaborativa brinda más oportunidades de ganar salarios a más personas, o si su efecto neto es el desplazamiento de empleos tradicionalmente seguros y la creación de una política generalizada de trabajo a tiempo parcial y mal remunerado.
Si bien las conclusiones sobre los efectos generales de este sector son todo menos claras, incluso a medida que conocemos más datos, merece la pena profundizar en la literatura disponible y conocer las vías abiertas a nuevos modelos de negocio que nos ofrece la economía colaborativa., aunque no cabe duda de que estas nuevas tecnologías de actividad económica son herramientas potencialmente poderosas para construir un movimiento social centrado en prácticas genuinas de intercambio y cooperación en la producción y consumo de bienes y servicios. Pero alcanzar ese potencial requerirá democratizar la propiedad y la gobernanza de las plataformas de economía compartida.












