La madrugada del 29 de mayo no fue la mejor para Guillermo Fernández Vara. La historia le devolvía a 2011, cuando José Antonio Monago Terraza le desbancaba de la Presidencia de la Junta de Extremadura. Ahora era María Guardiola Martín quien se hacía con las riendas del Ejecutivo regional merced a un acuerdo con Vox.
Después de una noche de vigilia, el entonces presidente en funciones se desayunó informando a los medios de comunicación que había solicitado el reingreso en el Instituto de Medicina Legal como forense. Nadie sabe qué se le pasó por la cabeza o con quién habló durante tres horas, pero pasado este tiempo matizó que la petición de reingreso no era inmediata y que continuaría como diputado regional. La verdad, que a veces es cabezona, deparó en el nombramiento de Guillermo Fernández Vara como senador autonómico. Hoy, jueves 17 de agosto de 2023, ha sido elegido vicepresidente segundo del Senado, en una Cámara en la que tiene mayoría absoluta el Partido Popular y en la que su trabajo será, seguramente, arduo por lo que representa. Que nadie crea que ser vicepresidente segundo es un cargo menor aun cuando los populares tengan el control de la Cámara.
En tres meses, Guillermo Fernández Vara ha pasado de no ser, injustamente, presidente pese a ganar las elecciones del 28M a ser vicepresidente segundo del Senado, con el consabido arrebato de pedir su reingreso como forense. Es decir, que sigue con su pasión por la política «para servir a España y a Extremadura desde los puestos que me han tocado», ha asegurado en algún momento de estos noventa días.
No es un demérito para María Guardiola que se diga que Fernández Vara no es presidente injustamente, más bien un mérito porque ha conseguido articular una mayoría absoluta, pero su gestión al frente de la Junta de Extremadura en los doce años que ha ejercido como presidente ha sido excelente y limpia. Prueba de ello es la ingente cantidad de dinero que ha dejado en los presupuestos de la Junta para el Gobierno de María Guardiola. La presidenta popular podrá hacer cuanto su ideario político y su conciencia le permitan, teniendo en cuenta que no recorre sola el camino: necesita los votos de Vox para que toda su gestión sea aprobada por la Asamblea de Extremadura.
Pero Guillermo Fernández Vara, ahora en la Asamblea y en el Senado, habrá aprendido una lección de todo esto: la lealtad no se vende pero se paga, y el presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, le ha premiado por su lealtad, por ser un hombre que se viste por los pies, por ser un político y un gestor honrado y por amar a Extremadura por encima de todo. Guillermo tiene trabajo por delante, mucho, pero seguro que no es necesario que nadie le recuerde cuáles son sus obligaciones y que cumplirá como el primero.
Y sobre el arrebato del 29 de mayo corramos un tupido velo, porque Extremadura ha perdido a un buen presidente de la Junta de Extremadura pero ha ganado una voz autorizada en Madrid, más de lo que ya lo era, y seguro que no pierde el tiempo en pequeñeces sino en las muchas carencias, sobre todo en el apartado de infraestructuras que todavía tenemos. Vara, como le conocemos, trabajará en la capital de España por una región cohesionada y reivindicativa, que nadie lo ponga en duda, y no nos extrañemos si le vemos de vez en cuando con la presidenta María Guardiola porque, por encima de los partidos, él piensa que están las personas y los territorios. Que nadie lo ponga en duda.












